La noche del ocho de enero de 2026 se realizó un operativo de cateo en el domicilio del padre de la menor. Sin embargo, ni Paulina, ni su padre, Édgar Llovera, fueron localizados. Hasta el momento, no se tiene información sobre el paradero de la menor.

Tampico, Tamaulipas.– Erika Edith Rodríguez Garza y Édgar Jesús Llovera Hernández se conocieron en 2019 en Tampico. Ese mismo año iniciaron una relación de noviazgo que, de acuerdo con el testimonio de Erika, estuvo marcada desde el inicio por la inestabilidad.

En ese momento, Erika tenía 30 años, era madre soltera, trabajaba en la industria de la belleza y vivía con su madre y su hijo de dos años. Por su parte, Édgar, de 44 años, se desempeñaba en el sector médico y es propietario de una clínica ubicada en la colonia Petrolera.

Poco tiempo después de iniciar la relación, decidieron vivir juntos. Fue entonces cuando comenzaron los primeros desacuerdos. Erika asegura que los siguientes seis años de su vida estuvieron marcados por episodios constantes de violencia.

“Fue un infierno”

En entrevista para Elefante Blanco, Erika relata haber sido víctima de violencia económica, física, verbal y psicológica, tanto antes, durante y después de su embarazo. Una relación que, afirma, la llevó a renunciar a su trabajo y perder su independencia económica.

Con voz entrecortada, recuerda el momento en que las agresiones se volvieron parte de la convivencia cotidiana. Tras cada episodio de violencia, asegura, venían periodos de aparente afecto, seguidos nuevamente del abandono.

“Yo regresaba y decía: esta vez va a ser la buena, sí me ama, sí me quiere. Porque es una lluvia de amor cuando te quieren recuperar y es una lluvia de infierno cuando te quieren perder”, relata.

Embarazo y ausencia paterna

Uno de los episodios que marcó su vida fue el embarazo de su segunda hija, Paulina. La noticia llegó en medio de la separación de la pareja. Según Erika, al enterarse, Édgar se mostró entusiasmado, lo que la llevó a pensar que podrían formar una familia.

No obstante, el embarazo transcurrió en soledad. Erika fue acompañada por su madre y sus hermanas durante el parto, mientras el padre de la menor se encontraba atendiendo otros asuntos.

“Como a los tres meses de que nace mi niña tuvimos una discusión muy fuerte. Hubo jaloneos y fue ahí cuando presenté la primera denuncia por violencia física, entre mayo y junio de 2023”, señala.

En ese periodo, Erika contaba con un empleo que le permitía cubrir los gastos médicos, educativos y de manutención de su hijo mayor, Gael, y de su hija Paulina. Sin embargo, posteriormente enfrentó episodios de violencia económica que, asegura, la orillaron a renunciar a su trabajo.

Violencia económica y control

La manipulación que vivió Erika la llevó a decidir entre su familia o su trabajo. Un año después del nacimiento de su hija Paulina, en marzo de 2024, recuerda el momento en el que, con miedo, firmó la carta de renuncia.

“Un día él me sienta y me dice: es tu trabajo o es tu familia, si te vas a esa convención de trabajo, detrás de ti voy yo con mi maleta. Decide, o es tu familia o es tu trabajo”, menciona.

Erika afirma que fue la primera vez que dejó de trabajar. Aceptó la renuncia con la esperanza de consolidar una familia.

“Es la primera vez que yo dejo de trabajar y lo hice por tener una familia integrada. Porque si tú me hablas de mantener una familia, yo puedo, porque ya lo hice y él lo sabía”. menciona.

Violencia vicaria y desaparición de la menor

Los episodios de violencia escalaron hasta que, de acuerdo con Erika, su expareja utilizó a su hija Paulina para ejercer violencia vicaria. Desde el 4 de enero de 2026, no se tiene información sobre el paradero de la menor, quien actualmente tiene dos años de edad.

Previo a la desaparición, ambas partes acordaron medidas de convivencia para que el padre pudiera ver a la menor en horarios establecidos. Erika asegura que el acuerdo no fue respetado, aunque afirma que nunca negó la convivencia entre padre e hija.

Dos días antes de perder contacto con su hija, el 2 de enero de 2026, Édgar intentó llevarse a la menor de manera violenta, situación a la que Erika se negó.

El 4 de enero de 2026, el padre acudió al domicilio de Erika para convivir con la niña y aseguró que lo haría “en paz”. Erika aceptó entregarle a su hija. Desde entonces, no ha vuelto a tener contacto con ella.

El 7 de enero de 2026, la jueza segunda de lo familiar, Lidia Patricia Gómez Mora, liberó una orden de cateo en el domicilio del padre de la menor, ubicado en Tampico. El operativo se realizó la noche del ocho de enero de 2026.

Hasta el cierre de esta redacción, la menor no ha sido localizada.

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