Pablo, la bomba en Bogotá y el síndrome

Crédito: Especial

Punto Ciego

Opinión por Daniel Santos Flores

Pablo Escobar Gaviria es un personaje conocido, dedicarle espacio en esta columna para explicar quien es, sería -en mi opinión- ensalzarlo, y como no es mi intención, asumiré que todos saben de donde es y cuál fue su ocupación, sin embargo, tendré que narrar algunos hechos que servirán de preámbulo para el objetivo de este texto.

Corría el año de 1982 cuando este personaje decidió incursionar en la política. Y lo hizo desde el Congreso, al cual tuvo acceso al ser postulado suplente de congresista de un político de apellido Ortega, fue así como consiguió una curul en la Cámara de Representantes por el departamento de Antioquia.

Una vez ahí, soñó con ser presidente de su natal Colombia, como lo narra en sus memorias su viuda Victoria, “Cariño, prepárate para ser la primera dama (…) las puertas del palacio presidencial se nos abrirán”, esto lo dijo una vez nombrado reemplazo en el Congreso, ya que obviamente Ortega pidió licencia al cargo.

No pasó mucho tiempo para que Luis Carlos Galán expulsara del partido a Ortega y a Pablo, con eso se terminó el fugaz emprendimiento en la política de este oscuro personaje. El fin que tuvo Galán ya es de todos conocido.

Pablo quedó resentido con los que dinamitaron su camino, fueron muchos los crímenes que orquestó tras su paso por la política. A Pablo le gustaba enviar mensajes y hacer sentir miedo a sus enemigos, ya sea por medio de actos terroristas o por otras acciones que está de más nombrar.

Una de ellas, la que marcó un antes y un después en la historia de aquel país, es la que narra el periódico de Perú, El Comercio:

“El 6 de diciembre de 1989, la sede del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) en Bogotá, sería escenario de una verdadera carnicería. En noviembre, la organización criminal había robado un autobús de la empresa de Acueducto y Alcantarillado de la ciudad, el mismo que fue cargado con 500 kilos de dinamita.

Promediando las 7:30 de la mañana, el vehículo fue dirigido hacia el edificio de nueve plantas, en la que se ubicaba la oficina del director de Inteligencia Nacional, una suerte de búnker acorazado debido a su cargo. Minutos más tarde, la carga explosiva detonó. El edificio quedó destruido, cientos de locales ubicados en 10 manzanas a la redonda fueron arrasados y en el lugar quedó un cráter de 4 metros de profundidad.

El saldo de víctimas, además, fue altísimo: 63 en total, entre funcionarios y transeúntes. Eso sin contar a las decenas de heridos, quienes en su mayoría había sufrido mutilaciones.

Con este crimen, Pablo buscó enviar un mensaje al Gobierno para negociar y eliminar el decreto de extradición. Algo que finalmente sucedió en 1991 por decisión del Congreso…”

Ayer por la noche recostado en mi cama, hice lo que muchos hacemos cuando no se puede conciliar el sueño: ver videos en el teléfono. Dentro de las muchas publicaciones y videos que vi, hubo una que me llamó mucho la atención y que me recordó a lo actualmente pasa en Tamaulipas: “Los 5 trastornos mentales más raros que existen”, ahí conocí el Síndrome Amok. Resulta que este síndrome consiste en una súbita y espontánea explosión de rabia salvaje, que hace que la persona afectada ataque, hiera o mate indiscriminadamente a quien aparezcan en su paso.

Ahora bien, usted me preguntará ¿qué tiene que ver todo esto con Pablo, la bomba de Bogotá y Tamaulipas?, sencillo, permítame explicarlo:

Las recientes amenazas de bomba en contra de la sede del poder legislativo, de la secretaría de educación -si, la que tiene que ver con miles de niños y adolescentes-, y otras sedes más del gobierno estatal, han sido orquestadas desde la ciudad de Dallas Tx. por el ex gobernador de Tamaulipas, Francisco García Cabeza de Vaca, según dichos del alcalde de Reynosa, Carlos Peña Ortiz.

Pablo, soñó con ser presidente, y en una ocasión enfurecido puso una bomba en Bogotá. El exgobernador también soñó con ser presidente, y aún resentido por haber perdido la elección y molesto al ver que puede perder el control de la Jucopo en el Congreso, decidió enviar la misma advertencia al gobierno estatal y de paso al gobierno federal, fue un mensaje muy claro que decía: “métanse conmigo y les incendio el pueblo”. Sí, mandando mensajes intimidatorios, al igual que Pablo, o como si padeciera uno de los síntomas del síndrome Amok, que en un ataque de ira incontrolable ordenó desestabilizar a Tamaulipas. 

No es de risa, ni es poca cosa lo que está pasando, es una amenaza velada, y si no lo quiere ver así, allá usted. No se trata de sembrar miedo con este texto, se trata de que abra los ojos y deje de creer en el discurso de honestidad y bondad con el que se manejaran en la próxima elección a senador.

Hoy fueron llamadas de advertencia, mañana ya veremos si no son bombas reales, el mensaje de advertencia está enviado, igual como el que pablo le envió al gobierno de Colombia.

Reenviado

En diversas notas periodísticas nos dimos cuenta de un audio colgado en YouTube en el que se escucha al líder del PAN en Tamaulipas decirles muertas de hambre y amenazar a sus compañeras de bancada. ¿No hay caballeros que las defiendan? Porque al parecer en el ala morenista si hay hombres y mujeres dispuestas a defenderlas. A pesar de las bombas.

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