Xantolo, día de muertos y la festividad de los sentidos

Texto, fotografías y cortometraje por Emmanuel Martínez Zamorano

Xantolo es la fiesta de la Huasteca dedicada a los muertos donde todo es sensorial y sensitivo. La vida y la muerte conviven entre colores, sonidos, sabores, memorias. Fiesta de la añoranza, tanto de los vivos como de los muertos. El vivo rememora con la esperanza de que los muertos vuelvan a sentir, de forma incorpórea o usando los cuerpos de los vivos, caminen por sus lugares, recorran lo que fue suyo y disfruten lo que en vida amaban.

Xantolo es una fiesta a los sentidos. Sentidos, de los cuales carecen los muertos. Porque los muertos no oyen, no ven, no sienten, ya no aman. Entonces es una fiesta de convenciones y convicciones entre los vivos, una fiesta donde la memoria baila y canta en el vivo cuerpo del que participa.

También llamada Fiesta de todos los santos. Es producto del sincretismo entre tradiciones hispánicas y los pueblos originarios de la región hidrográfica del río Moctezuma-Pánuco en México como los tének, nahuas, tepehuas y su relación a los ciclos agrícolas y del maíz. Una tradición mestiza tanto de interpretaciones, textos y conceptos como de sensaciones, sabores, olores y sonidos.

Cada micro-región de la Huasteca otorga una fiesta distinta cada año, entre el 28 de octubre al 3 de noviembre. Durante la celebración del Xantolo, los participantes reafirman su creencia sobre el regreso de las almas de los muertos, mostrando y recibiéndoles con el respeto que le merece el padre, la madre, el hijo o el ser querido.

La recepción transcorpórea de las almas se estructura a través de varios rituales festivos y ligados a los sentidos, no solo visuales y auditivos, sino a sabores, olores, sentidos táctiles y corpóreos como la danza y la gastronomía. Éstos festejos, que en algunos lugares de la geografía huasteca van mas allá de estos 7 días, implica grandes esfuerzos económicos y largos preparativos, como la realización de ofrendas de la gastronomía local, flores, fotografías, imágenes religiosas, productos alimenticios procesados como dulces, frituras, galletas o bebidas alcohólicas embotelladas. Ofrendas que gozarán los muertos través de los vivos o los vivos gracias a los muertos. Porque la fiesta fue por los muertos, pero finalmente, el vivo es el que la goza. Aquí el famoso refrán mexicano de “El muerto al pozo y el vivo al gozo” se trastoca, porque se admite que el muerto goza en el regocijo del vivo.

Durante la semana de celebración, la región huasteca huele a pólvora, pan, café, a tamales, atole, aguardiente y cerveza. La región es sacada de lo habitual con el estruendo de los cuetes y fuegos artificiales. Truenan los cuetes y las risas, suenan las oraciones y pocas veces los llantos. Tiembla la tarima con el constante zapateado.

Una de las particularidades a de este festejo son las danzas tradicionales, en algunas partes de la huasteca (potosina, veracruzana, hidalguense) son denominadas vinuetes, ejecutadas por tríos, comparsas o grupos de barrios de los pueblos; sones y piezas musicales tradicionalmente ejecutadas por jarana huasteca, violín y quinta huapanguera, música que se danza con disfraces y máscaras de calaveras, diablos, negros, demonios; hombres ( y ahora mujeres) trasvestidos para que en su andanza no los reconozca la muerte; jóvenes y viejos bailan vestidos de caricaturas de personajes de la vida política, social, o del consumo de los medios audiovisuales, bajo el ritmo de la música del son y del huapango. En algunas zonas de la huasteca, en sus mercados hay sonidos nuevos e impuros, sones de rito remasterizados por el beat o el ritmo según la moda de la música popular que sonó durante el año en los medios, como la radio o la televisión.
Todo es un choque y a la vez una violenta mezcla de conceptos que se resignifican en el Xantolo de las huastecas. Ante este momentum, aún hay lugares que resisten en sus tradiciones, otros más, se dejan llevar por este constante cambio.

Xantolo es un hermoso alegato de los pueblos huastecos de la vida ante la muerte.

Xantolo en la huasteca veracruzana. Un cortometraje documental etnográfico sensorial. Crédito: Emmanuel Martínez Zamorano

Cada pueblo huasteco interpreta, siente y transforma la fiesta de forma característica, aportando elementos singulares propios a su Xantolo. Desde el urbanizado Tampico, Tamaulipas, hasta las congregaciones circundantes a Chicontepec, Veracruz, la Fiesta del Día de Muertos, la celebración de Todos los Santos, del Mijkailjuitl, resiste, se siente, cimbra los sentidos de los que participan, remueve cortezas de lo vivido y rememora lo pasado y apunta al porvenir: al nuevo ciclo.

Al igual que otras fiestas indígenas dedicadas a los muertos en México incluidas en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, el Xantolo huasteco, es una tradición que va haciendo frente a sus días, años y ciclos, en este mundo que está en constante cambio. Un mundo duro que transforma a golpes de oferta y demanda.

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