Victoria, Tamaulipas.— Hoy, Américo Villarreal Anaya cumple cuatro años como gobernador de Tamaulipas. Por eso el médico entra al Centro Cultural Tamaulipas rodeado de su equipo de seguridad, con un micrófono puesto y en medio de ansiedades electorales.
El escenario es casi el mismo, el común en informes gubernamentales. Diputados gritando loas. Personas comunes pidiéndole fotografías a políticos. Periodistas correteando a políticos. Funcionarios, como el alcalde de Victoria, Eduardo Gattás, diciendo que respeta a Villarreal, a quien confrontó dos años seguidos. Políticos y políticas en su mundo de bienestar.
Las presencias y las ausencias destacan en la primera fila de butacas del teatro Amalia G. de Castillo Ledón. No está la senadora Maki Ortiz y tampoco ningún liderazgo nacional de Morena. Del lado izquierdo está un grupo de pobladores pobladores del Tamaulipas de a pie. En el centro derecha, están esparcidos el senador José Ramón Gómez Leal, la senadora Olga Sosa Ruiz, la magistrada presidenta del Poder Judicial, Tania Contreras; el diputado federal Carlos Canturosas Villarreal. Por protocolo, el diputado presidente del Congreso estatal, Humberto Prieto. Por sorpresa, la legisladora verde Casandra de los Santos.
Al lado del gobernador, su hijo Francisco Villarreal con su esposa junto con el inseparable jefe de Oficina del gobernador, Earl Tuexi Amaro. Pero el tiempo de Américo en la primera fila del teatro es de dos himnos y unos saludos cordiales.

La maestra de la ceremonia anuncia la entrada de las 6 secretarias y los 14 secretarios. Como en una puesta en escena, el gabinete entra al escenario. Las sillas se ocupan y lo que se supondría un monólogo parece no lo será.
Américo Villarreal le pide al secretario General de Gobierno, Héctor Villegas González, comenzar el informe. El funcionario presume logros en la búsqueda de personas desaparecidas, que suman casi 14 mil casos, y la atención a las víctimas del delito. Su discurso es trompicado.
El inicio muestra que cada una y uno expresará una narrativa planeada pero a su estilo. Así transcurre el paso del micrófono. Aplausos al secretario de Finanzas por bajar la deuda. Aplausos a Anticorrupción por mejorar las auditorías. Aplausos a Administración por contratar a proveedores estatales y asegurar las pensiones.

El secretario de Seguridad Publica, Arturo Pancardo, toma la voz para presumir que la confianza en la Guardia Estatal subió 5 por ciento. Aplausos. El gobernador enfatiza los avances en la paz, con el despliegue carretero. Luego se frena y le pide al presidente del Consejo de Instituciones Empresariales del Sur de Tamaulipas (CIEST), Marco Antonio Cortés Salazar, que ahonde en el mismo tema. El empresario reconoce y le pide más patrullas para el sur de Tamaulipas.
Pasan de las dos horas y media. El micrófono pasa de mano en mano con participaciones puntuales, otras que se extienden más allá de lo planeado y otras que son dignas de un comercial de bienes raíces. De la derecha pasa a la izquierda. La secretaria Ninfa Cantú y el secretario Gerardo Illoldi, aspirantes a alcaldes, intentan mostrarse seguros. El secretario de Turismo no duda en sacar el acordeón para evitar equivocarse en las cifras.

Como nunca antes, la secretaria de Bienestar se muestra confiada y natural en su discurso. Aplausos y aplausos. El secretario de Educación aprovecha su turno para derrochar simpatía con la dirigencia sindical y su jefe. Finaliza su discurso y arranca un bravo del gobernador.
El micrófono casi llega al final de su camino. Marcia Benavides, secretaria de las Mujeres, lanza una indirecta al área de Finanzas para obtener más presupuesto.
“La mayor deuda con las mujeres, lo tenemos bien claro, es el acceso a la justicia”, dice y mira a la magistrada presidenta Contreras. Empero, antes de concluir, justifica el nombre de la dependencia y asegura que también atienden a hombres.
El reloj marca tres horas y quince minuto de informe conversado. El micrófono llega con la directora general del DIF Tamaulipas, Patricia Lara. “Buenas tardes, muy tardes”, dice e inmediatamente lanza un reconocimiento a la doctora María Santiago, presidenta del DIF y esposa del gobernador. La funcionaria da su mensaje de logros. Aplausos y más aplausos.
Américo Villarreal toma la palabra para cerrar, ahora si. Nadie se puede tomar por sorpresa que el informe sea extenso hasta el límite; ha sido una distinción de su administración que comenzó el 1 de octubre de 2022.
“Reconozco que no todo está resuelto, pero hay claridad de rumbo, que vamos aún por mayores resultados. Los próximos años serán decisivos”, expresa caminando al centro del escenario.

El mandatario pasa a fijar una posición sobre la política electoral y el ejercicio del gobierno: “No creemos en el aislamiento en la confrontación estéril, ni en el uso partidista de las necesidades de la gente”.
No hay un solo gesto de despedida en Villarreal a pesar de que hoy inicia el último tercio del sexenio, que concluirá en 2028.
“No llegamos para impulsar cambios cosméticos, llegamos para recuperar las instituciones, para ordenar las finanzas, devolver dignidad al servicio público y demostrar que el poder puede y debe ejercerse con honestidad, conocimiento y humanismo”, afirma tajante y desata los aplausos.
Villarreal cierra su mensaje con un nuevo llamado a la unidad entorno a Tamaulipas. “Tenemos historia, tenemos identidad, tenemos una ubicación estratégica y recuperamos el rumbo. Sigamos unidos, sigamos trabajando, sigamos transformando a Tamaulipas”.
Más aplausos, los finales, por el cuarto año de gobierno y por el informe conversado. El telón invisible se cierra. Entre cuchicheos, la otra política, la electoral cruda y real sigue su camino hacia afuera del teatro, rumbo a los primeros domingos de junio de 2027 y 2028.
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