8M y la heterosexualidad obligatoria

Crédito: Raúl Cervera / Resistencia Queer Cortesía

Punto G(ire)

Opinión por Camila Riva Palacio Rabadan / Gire*

Las luchas feministas se caracterizan por cuestionar la condición de desventaja en que históricamente se ha colocado a las mujeres y hacer evidentes sus experiencias de desigualdad, así como las limitaciones que les han sido impuestas por una sociedad patriarcal y por la subordinación en la que han vivido. Una de las tantas reivindicaciones del movimiento ha sido la libertad sexual de las mujeres y la denuncia en contra de aquello que pretenda restringirlas, negarlas y reprimirlas. Por ello, en el marco del 8M, es pertinente visibilizar la lucha de las mujeres contra la heterosexualidad obligatoria, ya que ha sido una forma de exigir su derecho a ejercer una sexualidad libre, sin represalias ni limitantes.

La heterosexualidad obligatoria es una institución política y socialmente privilegiada, pues se asume como la preferencia sexual de todos los individuos. Sin embargo, afecta principalmente a las mujeres al otorgarles el rol de sumisas por tener que estar al servicio sexual de los hombres. La heterosexualidad no parece necesitar justificación al ser acorde con la concepción patriarcal de la mujer y fomenta una relación coactiva, similar a la del amo y el esclavo, entre hombres y mujeres. En esta institución política, la manera en la que la mujer es capaz de existir es a través de su “complementariedad” con el hombre; mejor dicho, por su obediencia, sumisión y capacidad de darle placer. En otros términos: las mujeres existen sólo en relación con los hombres, no como seres independientes.

La heterosexualidad ha fungido como una de las instituciones que condiciona la sexualidad de las mujeres, al punto en que deja de ser una preferencia para convertirse en un mandato. Varios factores han contribuido a esta obligatoriedad. Por un lado, la razón biológica le ha asignado tanto a hombres como a mujeres ciertos papeles que corresponden a sus posibilidades de acuerdo con el sexo de sus cuerpos. Por otro lado, la socialización y la normalización de las relaciones binarias han determinado que todo lo que es propio para el hombre (inteligente, dominante, racional) no lo es para la mujer (emocional, débil, irracional). Este pensamiento ha conllevado a presiones que conducen a las mujeres al matrimonio heterosexual, no sólo por percibirlo como una forma de protección y de tener presencia en la esfera pública, sino también por miedo al rechazo, a la condena social o al castigo institucional que viene aparejado al desafío de ejercer otra sexualidad.

De acuerdo con la feminista y activista estadounidense Adrienne Rich, el origen de la heterosexualidad como institución va más allá de la desigualdad de género, ya que es un medio para que los hombres garanticen el acceso físico, económico y emocional de las mujeres. Por lo que, para ellas, el acto sexual se liga exclusivamente con la reproducción y el servilismo. Desde los feminismos ha habido diversas propuestas para debilitar y confrontar a esta institución; la corriente lesbofeminista, por ejemplo, ha puesto énfasis en el amor que las mujeres son capaces de sentir por otras, además de ser un símbolo de resistencia. Monique Wittig, feminista y filósofa francesa, fue de las primeras en recalcar que la heterosexualidad oprime a las mujeres debido a que les niega su capacidad de vivir, hablar y definirse más allá de sus términos, y no les permite identificarse con otras formas de sexualidad y mucho menos ejercerlas.

Según el lesbofeminismo, el reconocimiento de la existencia lesbiana permite que las mujeres sean capaces de combatir el dominio masculino sobre sus cuerpos. Esta corriente argumenta que la concepción de “mujer” creada socialmente ha permitido que se limite su sexualidad, se le humille en el acto sexual y esté al servicio de un supuesto derecho sexual masculino. Este constructo social va contra su propia naturaleza, debido a que está relacionado con la opresión y la destrucción de su individualidad. Por lo tanto, la supuesta necesidad de la supervivencia de la especie y la capacidad de reproducción de las mujeres hace que los hombres tengan que imponer la sexualidad masculina, y practicar actos sexuales denigrantes y agresivos que garanticen la sumisión y la lealtad de las mujeres. En consecuencia, ellas mujeres buscan liberarse de los patrones sociales que las han limitado y cuestionan la forma de vivir y practicar su sexualidad, de crear sus propias relaciones.

El feminismo queer también ha combatido la heterosexualidad obligatoria. La antropóloga estadounidense Gayle Rubin fue de las primeras en preocuparse por la importancia de la liberación sexual, desde una perspectiva que permita y legitime todas las formas de práctica sexual. Según Gayle, la sexualidad ha sido diseñada de forma punitivista, ya que considera al sexo como peligroso. La forma menos recriminable de ejercicio sexual es la que tiene fines reproductivos, es monógama y se practica dentro del matrimonio; de lo contrario, el acto sexual es planteado como atroz, prohibido e indeseable. Así, la heterosexualidad obligatoria ha implementado un sistema de valores sexuales que, además de invisibilizar la existencia de ciertas sexualidades, ha sido intolerante hacia otras prácticas. Consecuentemente, el miedo a la diversidad erótica proviene de instituciones intolerantes como la heterosexual que, además de jerarquizar, restringe la posibilidad de entender que lo que puede resultar repulsivo para alguien no lo será para otra persona; que la práctica sexual en la que una mujer encuentra asco, otra puede sentir placer.

Ambos feminismos coinciden en que la heterosexualidad es socialmente construida como institución y fuerza política, y actúa como una forma de poder que niega a las mujeres su capacidad de elección, su autonomía y la diversidad sexual, además de reforzar la concepción del cuerpo femenino como objeto. Por eso, es importante seguir creando espacios de sostén y refugio para todas las mujeres que exploran su sexualidad y la ejercen lejos de la heterosexualidad. En el marco del 8M, ¡continuemos en la lucha y celebremos la libertad sexual!

*Camila Riva Palacio Rabadan (@RivaPalacio98). Investigadora jurídica en @GIRE_mx.

Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE). Organización que promueve el debate informado sobre derechos reproductivos con la convicción de que existe una relación entre autonomía reproductiva, derechos humanos y democracia. La interrupción del embarazo, la mortalidad materna y la reproducción asistida y otros temas relacionados con la reproducción, ponen de manifiesto los estigmas y las creencias de la sociedad alrededor de la maternidad y del lugar de la mujer en la sociedad. La información científica, el ejercicio de los derechos y el debate sin tapujos, aseguran leyes y políticas públicas equitativas y garantes de los derechos. Esa es la labor de GIRE.

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