Se juega más que la gubernatura

El gobernador veracruzano y la jefa de gobierno de la Ciudad de México, 2 figuras incondicionales del presidente López Obrador. Crédito: Cortesía

Catalejos

Opinión por Miguel Domínguez Flores

En el plano nacional Morena enfrenta un momento decisivo. Las diferentes corrientes políticas que dieron pie a la fundación del Movimiento de Regeneración Nacional y luego a su constitución como partido político, se enfrentan en una lucha encarnizada porque saben que está muy cerca la elección presidencial.

Y aunque será López Obrador y nadie más quien elegirá al que buscará sucederlo, está en disputa la supremacía política al interior del partido. El rasgo más claro de esta lucha intestina se puede detectar en la rebelión que encabeza Ricardo Monreal, quien por más que lo niegue, tiene un pie fuera de Morena, tanto que la oposición ya empieza a verlo como una posibilidad de cara al 2024.

La ruptura total no ha llegado porque en los cálculos del presidente todavía no es el momento adecuado -la elección está a la vuelta de la esquina en seis estados- y supone, de algo puede servirle el zacatecano.

Un efecto colateral de esta paciencia presidencial es que tengamos que soportar en Tamaulipas a Alejandro Rojas Díaz Durán, quien ya anunció una gira por el territorio estatal, al que hasta hace poco no venía porque según él había una cacería judicial en su contra.

Sólo el senador suplente sabe si las condiciones habrán cambiado, pero se ve que ya perdió el miedo.
Quien sí ha sido muy claro con sus preferencias es el presidente. Sin rodeos, ha mostrado su respaldo a Cuitláhuac García en su pleito con el Presidente de la Junta de Coordinación Política del Senado.

Ni duda cabe que el cuestionadísimo y muy limitado gobernador de Veracruz goza de todo el apoyo de Palacio Nacional.

Y detrás de él, toda el ala dura del morenismo, la misma que quiere ver fuera a Monreal y apuntala sin pudor las aspiraciones presidenciales de Claudia Sheinbaum.

No es sencillo el paso que deben dar. López Obrador no va a ser presidente por siempre, y Morena de partido tiene muy poco; con la misma velocidad con la que creció en las preferencias populares y se afianzó en el espectro político nacional, puede iniciar su declive.

Acaso su principal ventaja sea la confusión en la que viven sumergidos los demás partidos, que a estas alturas todavía no entienden del todo las causas de su derrota.

La intención del PAN, PRI y PRD de acudir a la elección del 2024 en alianza supone un grave problema: no tienen un sólo presidenciable que concite los intereses de los tres partidos o peor aún, que pueda ganarse la simpatía de las masas.

De Movimiento Ciudadano que aspira a ser la tercera vía electoral, puede decirse poco. Tienen perfiles interesantes como el de Luis Donaldo Colosio, pero luego desbarrancan con las ocurrencias de Samuel García o rayan en el ridículo con la postulación de personajes como Roberto Palazuelos.

Un preámbulo de esa guerra por el poder es el que se vivirá dentro de cinco meses, con la competencia que librarán Américo Villarreal y César Verástegui. Queda claro que no es solo la gubernatura de Tamaulipas lo que está en juego.

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