El legado de Calderón y García Luna

Catalejos

Opinión por Miguel Domínguez Flores

El veredicto contra Genaro García Luna es un golpe político seco contra la oposición, pero aún más importante: es el tiro de gracia para la falsa narrativa que describía al calderonato como el periodo en que se inició un “verdadero” combate a los carteles de la droga.

No es que hiciera falta que un jurado popular estadounidense lo confirmara, pero en la escala de credibilidad de los panistas la justicia norteamericana está en lo más alto, por lo que será difícil descalificar su determinación.

Al declarar culpable al super policía calderonista reiteraron que los 6 años en que el michoacano gobernó al país, se instauró un régimen de terror sostenido en partes iguales por autoridades y criminales.
Los cinco cargos por los que García Luna podría pasar el resto de su vida en una prisión de Estados Unidos se resumirían en que el brazo derecho del entonces presidente se alió con el grupo criminal más poderoso del país.

Esa decisión, de la que Calderón no pudo ser ajeno salvo que haya sido el presidente más obtuso de la historia, no sólo fortaleció al Cartel de Sinaloa -en todo caso ese pudiera considerarse el mal menor- sino que convirtió al país en un campo de batalla, y desató una guerra cruenta que aún hoy no se puede detener.
Los seis años que gobernó Calderón, se registraron 3,409 homicidios dolosos en Tamaulipas, casi el doble de los 1,722 que se reportaron durante el sexenio de Vicente Fox donde ya había empezado a despuntar la violencia.

Las estadísticas del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública no dejan lugar a dudas: durante el segundo mandato panista de la historia nacional, se dispararon todos los índices de violencia de país, y nuestra entidad fue protagonista de aquellos días aciagos.

Fue la época atroz de las masacres de San Fernando (72 migrantes asesinados en el Huizachal, y 193 cuerpos encontrados en las narcofosas). Un poco antes, ya había ocurrido el asesinato de Rodolfo Torre Cantú.

Ese mismo año ocurrieron otros homicidios de alto impacto, como el del candidato panista a la alcaldía de Valle Hermoso, Mario Guajardo Varela, o el del alcalde de Hidalgo, Marco Antonio Leal García.
El sexenio de Calderón también significó el inicio de otro infierno para Tamaulipas, que hoy está convertido en una crisis humanitaria.

Entre diciembre del 2006 y noviembre del 2012, en el estado se disparó el fenómeno de los desaparecidos.
Durante esos seis años se perdió el rastro de 3,791 personas en la entidad, cuando el sexenio anterior la cifra era de apenas 75 no localizados. Miles de familias aún hoy buscan a los suyos.

De esa época también provienen un porcentaje importante de los restos humanos sin identidad que todavía atiborran los Semefos y fosas comunes de la entidad.

El veredicto contra García Luna podría, debería ser, un nuevo llamado a la reflexión sobre el monstruoso legado de Calderón y García Luna.

Los tamaulipecos nos debemos un esfuerzo más grande por recuperar la memoria histórica.  Ya es tiempo.

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