Alianza sin futuro

Catalejos

Opinión por Miguel Domínguez Flores

A la alianza “Va por Tamaulipas” ya se le puede dar por muerta. La coyuntura nacional hace casi imposible que se vuelva a ensayar una coalición electoral entre el PAN y el PRI para la elección extraordinaria del 2023, y aún más para la super elección que se realizará en el 2024.

La visita de Adán Augusto López al Congreso evidenció lo que de hecho ya ha confirmado el dirigente estatal del PRI, Edgar Melhem: en este momento no hay relación alguna entre los dos partidos.

Tras el mensaje del secretario de Gobernación en la Tribuna, el diputado priísta defendió con pasión la reforma constitucional que extiende la presencia de las fuerzas armadas en las calles y que fue, de hecho, la manzana de la discordia entre ambas fuerzas políticas.

Ese y otros temas, terminará por alejar a las dos bancadas que en el pasado se unieron para asuntos fundamentales como arrebatarle la Junta de Coordinación Política a Morena.
Pero hay otro factor que hace inviable la alianza para la elección del 2023. Quienes conocen las entrañas del PAN advierten que en este momento el plan A es hacer candidato al Senado a Francisco García Cabeza de Vaca.

Ni César “Truco” Verástegui, ni Jesús Nader tienen interés en embarcarse en esa arriesgada aventura electoral. Ambos saben que la inercia política aún favorece a Morena.

El exgobernador en cambio, ya movilizó a todo su equipo de colaboradores para conseguir la candidatura y armar un plan para llegar a la Cámara Alta. En caso de confirmarse esta ruta, el PRI ni siquiera se sentaría a negociar una posible coalición.

El mismo Melhem ha puesto las cartas sobre la mesa: de ninguna manera irían a una campaña con Cabeza de Vaca como candidato.
El contexto nacional tampoco ayuda a que se materialice la segunda edición de Va por Tamaulipas.

Ayer el PRI confirmó a Alejandra del Moral como su candidata para pelear la gubernatura del Estado de México. Para que ahí se firme una alianza con el PAN, que ya ungió a Enrique Vargas del Villar, alguno de los dos partidos tendría que ceder, lo que seguramente no va a ocurrir, y que a su vez, también complicaría una candidatura común en Coahuila.

Desde la otra esquina del cuadrilátero, Morena -inmerso en su propio caos- observa cómo se resquebrajan las posibilidades de la oposición de presentar un candidato único, y con ello se evapora su única forma de competir en las urnas.

Castro Ormaechea en la mira

La decisión del gobernador Américo Villarreal Anaya de no ratificar a Horacio Ortiz Renán para que cumpliera otro periodo como magistrado del Supremo Tribunal de Justicia, fue un evidente mensaje: el Poder Judicial de Tamaulipas ya no debe operar como si fuera una ínsula en la que todo se vale, incluido el uso político de la justicia.

Acaso el ejemplo más claro de esta forma ominosa de impartición sea el polémico magistrado Javier Castro Ormaechea, designado en septiembre luego de renunciar a la Fiscalía Anticorrupción, donde dejó más penas que glorias.

En ese fortalecido apéndice de la Fiscalía General de Justicia, echó a andar una maquinaria para perseguir opositores políticos con carpetas de investigación que no se sostenían por ningún lado. (Su legado, por cierto, fue bien asimilado por el actual Fiscal Raúl Ramírez Castañeda).

Las mismas prácticas las llevó a su labor como magistrado, donde es señalado como uno de los principales operadores para torcer la ley y acosar a quienes considera adversarios del anterior régimen.

Desde su posición, además, se ha esforzado por intentar un control absoluto de sus compañeros, en un intento por hacerle sombra al Presidente del Supremo Tribunal, David Cerda.

Si como dicen va en serio la revisión de la actuación de todos los integrantes del Poder Judicial de Tamaulipas -aunque complejos, hay mecanismos en la ley para evaluarlos, calificarlos y en su caso removerlos- Castro Ormaechea está primero en la fila.

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A pesar de la presión política y judicial que trae encima, Carlos Peña se ve tranquilo. Tal vez esto se debe a que ya está curtido al intenso golpeteo al que ha estado sometido desde que decidió jugársela con la bandera del Movimiento de Regeneración Nacional y de la Cuarta Transformación.

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