Américo y su brazo político

Catalejos

Opinión por Miguel Domínguez Flores

La crispación que envolvió al proceso de transición, y los embates jurídicos contra Américo Villarreal que no cesaron hasta un par de días antes de su toma de posesión, fueron factores para que el armado del equipo, el hilado fino de las estructuras de gobierno, se complicaran más de lo debido.

Ayer lo dijo el gobernador: ante la falta absoluta de cortesía política, a los responsables de las diferentes áreas no les quedó de otra más que esperar hasta este lunes 3 de octubre para conocer a fondo el lugar al que llegan, y desde luego, las necesidades que se imponen.
Pese a eso, en algunas Secretarías los equipos ya están prácticamente armados.

En la Secretaría General de Gobierno, por ejemplo, Héctor Villegas González ya tiene a sus dos principales operadores políticos: Tomás Gloria y Rómulo Pérez. Del primero, exalcalde de San Fernando, se puede decir que es un cuadro experimentado en la política real, fogueado sobre todo en su paso por el ayuntamiento del municipio más violento del estado, durante la época más caliente de la lucha contra el narcotráfico. El segundo, más joven, tendrá la tarea de procurar la relación con el Congreso de Tamaulipas, donde ya tiene campo recorrido con los diputados de Morena.

Ambos serán los principales subsecretarios del “Calabazo”, quien tiene en esta encomienda, el reto más complejo que haya enfrentado en su carrera profesional.

Ante lo que se anticipa como una relación fría entre el Ejecutivo y el fiscal Irving Barrios, el exalcalde de Río Bravo será -porque es su obligación- el primer pararrayos en el tema de la seguridad para librar al gobernador del desgaste que implica lidiar con las inevitables ráfagas de violencia que suelen azotar a Tamaulipas.

Por lo pronto, no puede quejarse, el gobierno federal ya demostró con hechos el apoyo que prometió al gobierno de Américo Villarreal. El envío de más de mil militares al estado, con especial énfasis en el centro y el sur, son un mensaje clarísimo: no van a permitir que el estado se “descomponga” como muchos han pronosticado.

El otro gran reto para el Secretario General de Gobierno está en el Palacio Legislativo. Algunas versiones apuntan a que además de las dos diputadas que volvieron al redil hace un par de semanas, hay otros dos legisladores panistas que están listos para votar con Morena cuando haga falta, lo que sumado a los dos diputados priístas, daría un total de 22 votos. Pero aún con esas sumas y restas, faltarían dos votos para la mayoría calificada, que a estas alturas puede considerarse la llave maestra para abrir paso a una reestructuración total de los organismos públicos del estado.

Con 24 votos en el Congreso, Morena podría remover al Auditor Superior del Estado (sobra material incriminatorio para poner sobre la mesa la necesidad de destituirlo y llevar al Pleno su remoción). La misma cifra mágica sería suficiente para quitar a Irving Barrios de la Fiscalía General de Justicia, si es que, como amenazó el sábado, planea aferrarse a su posición hasta el 2027.

No será fácil, pero el arranque del gobierno requiere resultados inmediatos. El capital político ahí está -un respaldo popular inédito traducido en una votación histórica-, el “Calabazo” y su equipo tendrán que hacerlo valer.

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