“Para llegar a la paz, se necesita la verdad”

Crédito: Daniela Pastrana / Pie de Página

Daniela Pastrana / Pie de Página

Ciudad de México.- La guerra no es un polvo que se pueda esconder debajo de la alfombra. La reconstrucción del tejido social tiene que pasar por el tamiz de la verdad, pero una verdad que no sólo cuente lo que pasó, sino que explique por qué pasó. Y que permita garantizar que no se repita.

Ese parece ser el primer mensaje de la primera reunión formal entre las comisiones de la Verdad de Colombia y México, realizada este martes, con el fin de intercambiar aprendizajes sobre las posibles rutas para la reconstrucción.

El psicólogo español Carlos Beristáin conoce bien los dos procesos. Es uno de los comisionados del informe de la Comisión de la Verdad en Colombia, que se presentó el pasado 28 de julio, y en México formó parte del Grupo Interdisciplinario de Expertos Internacionales (GIEI) en el caso de Ayotzinapa. Ahora, en el Museo de Antropología, donde se lleva el encuentro de comisiones, habla de una expresión que comúnmente escuchan quienes han acompañado a los familiares de víctimas de los dos países: en México dicen que el país se está colombianizando y en Colombia que se mexicanizando.

En ambos casos, “son adjetivos negativos de la dinámica de la violencia”, dice Beristáin. 

Luego asegura:

Hoy esta posibilidad de diálogo es para que México se colombianice y que Colombia se mexicanice en otro sentido. No en el de la violencia y el terror sino en un sentido de la dignidad y de la búsqueda de las herramientas de reconstrucción que los dos países necesitan”.

En Colombia, 85 por ciento de las víctimas mortales son población civil. Son 10 millones de personas que suponen más del 20 por ciento de la población colombiana.

“En los números no entra todo, pero nos da una imagen de la herida, de la profundidad del impacto del tejido social, y también es una convocatoria a la reconstrucción de ese tejido”, dice. 

El encuentro entre las dos comisiones y sobrevivientes de la guerra en los dos países busca ser un intercambio de aprendizajes para la construcción de paz.

“Esperamos que el informe (de la Comisión colombiana) también le sirva para para los desafíos que tiene México en enfrentar en el contexto de guerra presente y también de esas heridas del pasado nunca abordadas”, dice el psicólogo.

La agenda de la reconstrucción

Una comisión de la verdad, dice Beristáin, “es un gran proceso para la escucha a las víctimas”, y también a los responsables “que han querido hablar voluntariamente”.

No se trata solo de hacer un informe. Desde su perspectiva, la comisión misma es “un proceso para abrir un espacio de diálogo”, necesario para la reconstrucción del tejido social que la guerra ha desgarrado. Y para hablar “de las cosas de las que nunca hubo tiempo de hablar” o de las que no se habló porque era algo peligroso o duele demasiado doloroso. 

Porque no es fácil hablar de lo que sucedió, de las heridas. La comisión debe entenderse “como una forma de reconstrucción, no para quedarnos ahí, sino para transformar el presente”.

El informe que presentan reunió más de 14 mil testimonios individuales, y más de 2 mil de ellos, de personas en el exilio, de 24 países. También recopiló muchos casos colectivos. En total fueron más de 30 mil personas entrevistadas “como una forma de abrir una gran conversación nacional sobre lo que nunca debe volver a suceder y sobre los pasos que hay que dar para consolidar y extender el proceso de paz”.

Eso implica, insiste Beristáin, un profundo ejercicio de escucha, que permita entender la dinámica del conflicto, pero “también el profundo impacto social y humano que ha dejado”, porque eso es parte de la agenda de la reconstrucción.

“Mucha gente nos dijo: ‘queremos una comisión que explique por qué. Por qué la paz nunca ha sido un proyecto de nación. Por qué los procesos de paz no se han completado. La comisión ha trabajado sobre las cosas que siguen sucediendo, como una apuesta para la consolidación de la paz”.

Pero esa paz, aclara, requiere como primer paso, conocer y entender lo que pasó.

La memoria es importante. Toda historia de la guerra no es un polvo que se pueda esconder debajo de la alfombra; (la verdad) tiene que ser parte del proceso de reconstrucción”.

Crédito: Daniela Pastrana / Pie de Página

El modelo fracasado

El comisionado Alejandro Valencia explica el contenido del informe presentado hace unas semanas en Colombia. Lo define como una “caja de herramientas” sobre la historia de la guerra colombiana, que incluye un sitio web transmedia y 10 libros:

Hallazgos y recomendaciones, que es un documento de síntesis de lo que encontraron; No mataras, que es una crónica histórico-política del conflicto armado; Colombia adentro, que disecciones el país en 11 monografías territoriales, además de una sobre el conflicto en las ciudades y otra sobre el campesinado; Hasta la guerra tiene sus límites, que explica las principales violaciones a derechos humanos y responsabilidades colectivas; Cuando los pájaros no cantaban, un gran compendio de voces testimoniales que buscan “que la gente se deje tocar a partir de la lectura en voz alta, que nos escuchemos como colombianos y colombianas para entender qué fue lo que nos pasó”. Sufrir la guerra y rehacer la vida, que explica los impactos y afrontamientos, así como las transformaciones positivas de los sobrevivientes; Mi cuerpo es la verdad, sobre las afectaciones a las mujeres y comunidad LGBTIQ+ así como sus resistencias; Resistir no es aguantar, dedicado a los pueblos indígenas y afrodescendientes, que son los más afectados por la guerra; No es un mal menor, dedicado a las infancias; y La Colombia fuera de Colombia, que trata sobre el exilio.

Alejandra Miller, por su parte, desglosa los principales hallazgos del informe, para tratar de explicar no sólo por qué se da el conflicto, sino por qué se repite. “¿Por qué, a pesar de las aperturas democráticas como la constitución del 91, a pesar de escenarios de construcción de paz, no hemos podido parar la guerra?”, pregunta.

Las primeras respuestas tienen que ver con la magnitud de la guerra. La comisionada lo pone en números: entre 1995 y 2018 hubo 450 mil personas asesinadas (80 por ciento civiles); 50 mil secuestradas; 16 mil niños y niñas reclutados (y se piensa que hay un subregistro); 121 mil personas desaparecidas; 8 millones de desplazadas; un millón de exiliadas y, al menos, 4 mil masacres. “Es una guerra que apuntó sus formas contra la gente”, concluye.

Otro hallazgo fue que se trata de una guerra que ha tenido como centro la lucha por el poder político y que detrás de los grupos armados hay entramados de intereses económicos que si no se enfrentan, harán insuficiente cualquier intento de desarme.

“Ha sido la paz y no la guerra lo que nos ha empujado a las aperturas democráticas, mientras que ha sido la guerra la que lo ha impedido”, dice Miller.

Además, Colombia ha tenido “un modelo que no ha estado sustentado en la protección de la vida humana, que ha protegido más la riqueza que la vida”, en el que el Estado no tiene el monopolio de las armas y ha delegado su poder a privados (paramilitares)

Es un modelo de seguridad que consideramos fracasado. ¿Dónde estaban las fuerzas armadas cuando se realizaron 4 mil masacres?”

Otro hallazgo de la comisión es que la “guerra contra las drogas” se imbricó en la lucha contrainsurgente y provocó una amplificación del conflicto armado interno.

El prohibicionismo, como factor de persistencia de la guerra; la reforma agraria, como tema central para la reconfiguración territorial de los territorios, la justicia cooptada y la necesidad de una estrategia integra que incluya la cultura son otros elementos del informe. Porque “la guerra no cae en una sociedad en el vacío, sino en una sociedad patriarcal, colonia, racista, clasista. La guerra exacerbó estas prácticas”.

Aquí puedes consultar el informe: https://www.comisiondelaverdad.co/hay-futuro-si-hay-verdad

El no lugar

Beristáin habla de tres condiciones necesarias en el proceso de reconciliación de Colombia: El objetivo es la paz sostenida, larga. Pero para que haya paz, se necesita la verdad. Y esa verdad tiene que incluir la verdad del exilio, de la que muy poco se habla.

“Casi todo el conflicto armado colombiano se puede ver dese el exilio, lo cual es muy revelador de la extensión de la guerra”, dice el psicólogo.

Luego define:

El exilio es un no lugar en el mundo. Sale de un país al que no puede volver y llega a un país del que nunca termina de ser y está siempre en esa situación de la incertidumbre”.

¿Cómo enfrentar la ruptura de los vínculos? Para el informe, se recopilaron 2 mil testimonios a colombianos forzados a vivir fuera de su país. “Una parte de esa historia de Colombia que está fuera de Colombia”.

Reconciliación con justicia

En primera fila escucha atento el subsecretario de Derechos Humanos de México, Alejandro Encinas Rodríguez, quien recibirá el informe a nombre de la Comisión de la Verdad mexicana.

En un mensaje breve, Encinas destaca el trabajo conjunto para fortalecer las acciones de las dos comisiones.

El evento ocurre en medio del debate sobre la incorporación de la Guardia Nacional a la Secretaría de la Defensa Nacional. Al término del evento, Encinas mantiene una conversación con periodistas en la que reitera su postura en favor de que la Guardia se mantenga en el plano civil.

Una de las recomendaciones del informe es sacar a la policía colombiana del Ejército, y aquí se está planteando lo contrario…

—En lo que compete a las investigaciones, particularmente a las actuaciones de las fuerzas armadas, es combatir la impunidad. Y es evidente que se ha acreditado en Guerra Sucia, y estamos acreditando las que se pudieran haberse dado en Ayotzinapa…

—Me refiero a que se está pasando la Guardia Nacional a la Secretaría de la Defensa…

– No se ha pasado, hay una discusión en este país (…) Yo creo que debemos mantener el mandato constitucional respecto a que la seguridad pública es un asunto de la autoridad civil, siempre lo he dicho…

—¿Qué tanto puede avanzar un proceso de reconciliación cuando no se ha avanzado en el proceso de justicia?

—El mayor obstáculo que tenemos para alcanzar la justicia en este país es la impunidad. Y lamentablemente el porcentaje de impunidad en la mayor parte de los delitos anda rondando en 98 por ciento, mientras no se resuelva en el poder judicial la impunidad, será en el principal obstáculo

— En el evento del Campo Militar daba la impresión que iba a ser una Comisión de la reconciliación y no de la verdad…

—Es una comisión para la verdad. De que va a haber debate, va a haber, aunque sea debate interno, y resultados…

— ¿Qué piensa de los homenajes a los militares (que planteó el secretario de la Defensa?

— No va a suceder eso. Nosotros tenemos que reconocer y reivindicar a las víctimas.

— ¿El presidente está de acuerdo?

— Sin lugar a dudas. Él es quien formó esta Comisión. Vamos a trabajar por la reivindicación de las víctimas

—¿Cómo se van a coordinar las fiscalías y el Centro Nacional de Identificación forense?

—Se requiere de coordinación institucional y donde no haya voluntad no vamos  a perder el tiempo…

—¿ Y en los estados donde no haya voluntad?

—Haremos lo que sea necesario desde la autoridad federal.

—¿Cuál es la principal reflexión que le deja el informe de Colombia?

—Que el conocimiento de la verdad obliga a que se haga justicia para garantizar la no repetición.

—¿Y qué vamos a hacer con una fiscalía como la que tenemos?

— Pues hay que fortalecer a las fiscalías; todavía deja mucho que desear la autonomía que se les otorgó porque lamentablemente no han habido los cambios que a estas alturas de la reforma se esperarían.

—¿Y el sistema judicial?

—Pues es el gran ausente en las reformas que ha habido en este país…

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