La marca de la posesión machista

Crédito: Estación Foto

En Boca de Todos

Opinión por Guadalupe Escobedo Conde

Hace dos años y diez meses, María Elena sufrió un ataque con ácido y denunció el intento de feminicidio en su contra, hasta ahora se han capturado algunos de los ejecutores de este delito, pero no así al autor que fraguo la agresión, ella, apenas logró ponerse en pie, luego de meses de cirugías, tratamiento hospitalario y atención psicológica y se ha vuelto una activista más en defensa de los derechos humanos. En el activismo feminista casi todas han sido víctimas o son familiares de una víctima.

Sobre este tipo de violencia machista en México, un reportaje de El País, de octubre del año pasado, documenta las agresiones de más de 30 mexicanas, registradas a partir del 2001, donde algunas sobrevivientes relatan su penar ante la indolente justicia, de 30 casos expuestos aquí, solo un agresor ha sido condenado.

Para la Conapred, estos ataques son con alta carga simbólica, porque el violentador lo que pretende es afectar de por vida a la mujer, desfigurarle el rostro y cuerpo, para dejarla marcada; es la estampa de su crimen que, según los estudios, suele ser por celos y odio. es “una huella imborrable y dramática”. Los ataques con ácido y otras sustancias abrasivas causan sufrimiento físico y emocional, incluso la muerte, como el caso reciente de Luz Raquel, feminicidio que revela odio y discriminación social.

“Es la marca de la posesión. Una firma ardiente que lastra la vida, o lo que queda de ella” señala en un reporte de noticias de género, donde se destaca que especialistas de Naciones Unidas trabajan documentado cerca de mil 500 agresiones de este tipo al año, las más en Asia y África, pero es un fenómeno creciente en América Latina.

En México este delito va en aumento, pero aún no se tipifica como intento de feminicidio; en febrero del año pasado, una performance digital estampo en palacio nacional, rostros y nombres de sobrevivientes con las exigencias de “verdad, justicia y reparación integral del daño” y “una mujer atacada con ácido, debería ser suficiente para movilizar a todo el estado”.

Carmen Sánchez, quien fundó una colectiva para atender a víctimas de este delito, dijo en esa protesta que estas agresiones se pueden prevenir, debe haber acción del estado para su prevención, que es urgente pasar de “la desatención y el olvido” a la justicia, “pero falta voluntad política”.

En otros países, como Colombia ya hay leyes más severas para castigar a los culpables, buscan detener estas agresiones, que casi siempre, o en el 90% de los casos, las comete los hombres, un cercano a la víctima.

Toda violencia de género es desgarradora, en cualquier nivel, desde agresiones verbales, empujones, golpes físicos o emocionales, pero en estos ataques se denota, además, la intención de dejar huella, el perpetrador busca desfigurar y castigar de forma indeleble a su víctima, que las secuelas físicas y psicológicas sean el recordatorio perenne de su odio.

Es una agresión perversa, que, si no alcanza la muerte física, si obliga a la víctima a sobrevivir marcada, le destruye la vida por completo, no se trata de arruinarles la imagen, sino de aniquilarlas socialmente.

María Elena es saxofonista, no nació quemada, fue brutalmente agredida a las puertas de su casa, ahora su vida es otra, ya regresó a los escenarios y gran parte de su tiempo, lo dedica a pedir justicia, pero sigue sin conseguirla, esta semana se presentó en el festival internacional de la Guelaguetza en su natal Oaxaca y cien policías la bajaron de las gradas. Ella solo quería nombrar a sus hermanas a las víctimas de feminicidio y sobrevivientes de violencia machista.

En un tuit dejo constancia de la agresión institucional y pública, “de qué les sirve el moño anaranjado si ayer me amedrentaron en la Guelaguetza” escribió.

Los crímenes de odio hacia las mujeres, avanzan ante la mirada de todos y la falta de políticas de prevención.

Guadalupe Escobedo Conde (@lupitaescobedoconde). Periodista feminista, locutora y analista de medios de comunicación, con enfoque de género. Integrante de la Red internacional de Periodistas con Visión de género, que promueve el ejercicio de un periodismo incluyente y no sexista. Integrante de la Red Estatal de Mujeres Periodistas de Tamaulipas. Maestra en Comunicación Académica.

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