La deuda del “empresario más austero y más institucional de México”

Crédito: Gobierno de México

Opinión por Guadalupe Correa-Cabrera

Al adquirir Teléfonos de México (Telmex), Carlos Slim Helú se convirtió en el hombre más rico de México—y durante algún tiempo, en el hombre más rico del mundo. Es de reconocerse su capacidad para aprovechar al máximo las oportunidades de negocios en el seno de la política neoliberal. Slim es un empresario visionario, pero es a la vez un mercader oportunista que se va adaptando a las necesidades del mercado de las telecomunicaciones, tanto en México como a nivel mundial. Slim desarrolla su empresa y extiende sus negocios de forma espectacular, involucrando a miembros claves de su familia, quienes van tomando las riendas de áreas estratégicas de lo que hoy es América Móvil, una empresa multinacional de telecomunicaciones con sede en nuestro país.

Carlos Slim y su familia se pueden considerar empresarios exitosos y afortunados, que gozan siempre de buenas relaciones con los gobiernos en turno, incluyendo con el actual gobierno mexicano de la Cuarta Transformación. El presidente Andrés Manuel López Obrador incluso se ha referido “con orgullo” al Sr. Slim como “el empresario más austero y más institucional de México”. No obstante una mayor competencia en el área de las telecomunicaciones y mayor regulación a estructuras oligopólicas en el país, Slim Helú sigue siendo apreciado por la élite política mexicana, y las empresas administradas por su familia continúan desarrollándose y expandiéndose exponencialmente y alrededor del mundo.

Cómo olvidar, por ejemplo, la conferencia de prensa en el espléndido Museo Soumaya a principios del presente año, en la cual directivos de América Móvil—como el Sr. Carlos Slim Domit, presidente de su Consejo de Administración e hijo de Slim Domit—hacen la petición para que la principal empresa de telecomunicaciones de América Latina ingrese a la televisión de paga a través de una concesión a Claro TV. La concesión no ha sido otorgada, pero la petición habla de la posibilidad de América Móvil de continuar su grandísima expansión en los mercados de telecomunicaciones de nuestro país y la región latinoamericana, para empezar. En aquella ocasión no se mencionó el caso de la problemática de Telmex y sus trabajadores, pero sí se evidenció la solidez financiera de América Móvil—ambas empresas propiedad de la familia Slim.

Asimismo, Slim con su Fundación Telmex-Telcel se ostenta como filántropo y benefactor de las mejores causas en beneficio de la sociedad mexicana. No obstante lo anterior, en lo que se refiere a los trabajadores de su empresa más importante, Teléfonos de México, Slim y su familia no parecen haber sido tan justos ni tan benevolentes. Después de meses de tensas relaciones entre la empresa de Slim y sus trabajadores sindicalizados, el pasado jueves 21 de julio estalló la huelga en Telmex, que gracias a la mediación de la Secretaria del Trabajo, Luisa María Alcalde, se levantó rápidamente, comenzando así una nueva ronda de negociaciones entre la empresa y el Sindicato de Telefonistas de la República Mexicana (STRM).

La problemática de la empresa con sus trabajadores tiene que ver—según lo establecen declaraciones de sus miembros y documentos a los que tuve acceso—con violaciones flagrantes de la empresa al contrato colectivo de trabajo. Más específicamente, tiene que ver con la negativa de la empresa a liberar mil 942 vacantes que ya estaban prometidas en revisiones recientes al contrato colectivo de trabajo, además de la no contratación de 100 aspirantes a puestos de trabajo en Telmex que ya aprobaron sus exámenes de ingreso a la compañía. La empresa, por su parte, alega la falta de viabilidad económica para cubrir estas poco más de dos mil plazas o contrataciones que los trabajadores requieren para poder brindar sus servicios de forma adecuada.

El problema central de las nuevas contrataciones aparentemente tiene que ver con el esquema actual de jubilaciones. La empresa, en conversaciones posteriores, acepta realizar las contrataciones ya pactadas, pero decide terminar con el actual esquema de jubilación contractual. Es decir, decide aplicar un esquema llamado de “complementariedad”, que no es otra cosa que desaparecer la pensión pactada en el contrato colectivo de trabajo además de la Afore o el IMSS (pensión ya estipulada por la ley). En otras palabras, para sus nuevos trabajadores, Telmex decide cambiar la cláusula del contrato colectivo de trabajo y establecer un esquema de jubilación distinto—y mucho menos favorable a los nuevos trabajadores dada la incertidumbre que enfrentarían bajo el esquema de las Afores. Entiendo que bajo este nuevo esquema, la empresa de Slim aportaría menos recursos (pues argumentan que no pueden con el pago) y el gobierno se haría cargo de la diferencia.

En otras palabras, los contribuyentes harían las aportaciones faltantes en un esquema de mucha mayor incertidumbre para el trabajador por las cuestiones macro (incluyendo la inflación), mientras que las empresas de Slim se siguen expandiendo dentro del país y hacia otras regiones del mundo. Todo esto equivaldría a modificar el contrato colectivo de trabajo, contrato que se legitimó en diciembre pasado. Política y financieramente es un tema bastante complejo. En resumen, los temas centrales de los emplazamientos a huelga y las tensiones entre Telmex y sus trabajadores sindicalizados son los cambios propuestos por la empresa en lo que se refiere al fondo de pensiones para los nuevos trabajadores y el pasivo laboral, que es una cuestión administrativa clave.

Según lo reporta el diario El País (en una nota del 21 de julio firmada por Karina Suárez)—lo cual coincide con los testimonios de trabajadores sindicalizados—una de las principales quejas “es que desde hace años Telmex, a través de sus directivos y accionistas, diseñó una estrategia para desmantelar a la empresa y fortalecer al grupo América Móvil”. Los trabajadores “aseguran que por mucho tiempo no se han efectuado las inversiones para la modernización de la infraestructura, lo que ha generado una significativa pérdida en la participación de mercado”.

Otros aspecto bastante delicado que denuncian los trabajadores es “que existe subcontratación” en Telmex (esquema prohibido en México desde 2021). Asimismo, señalan que la plantilla de trabajadores sindicalizados activos se ha reducido en los últimos años, “lo que implica un gran deterioro en la calidad y prontitud para la atención de los servicios, así como pérdida de participación de mercado”. Denuncian también que “la administración ha preferido ejecutar actividades con personal de empresas filiales y terceras (principalmente del grupo Carso) ¨[bajo] el esquema de outsourcing, lo que precariza los resultados en la calidad del servicio y las condiciones laborales” (El País, 21 de julio).

En este sentido, la discusión se centra en el pasivo laboral, y el sindicato no le cree a la empresa pues acusa que “no está tomando decisiones saludables”. Sus miembros señalan que la “familia Slim va achicando las empresas que aportan producción y ha llevado sus ganancias hacia otras empresas que ha creado. Se identifican muchas filiales y se detecta un claro avance en materia de terciarización. La empresa se empieza a hacer más delgada y los gastos de operación empiezan a crecer” (testimonio de un miembro del sindicato de telefonistas).

Esta es una estrategia que beneficia a las empresas de la familia Slim y que claramente perjudica a los trabajadores de Telmex. En este contexto, “se viola flagrantemente el contrato colectivo de trabajo y no se da certeza al sindicato con respecto al pasivo laboral, al tiempo en que la empresa se expande y la familia Slim compra otras empresas en el exterior”. Parece ser entonces que la familia más rica de México se aprovecha fundamentalmente de una estrategia contable que afecta a los trabajadores de una de sus empresas.

Según me comentan algunos trabajadores sindicalizados, se realizó recientemente un estudio actuarial clave a través del cual se le demuestra a Telmex que las demandas de los trabajadores son justas. En este contexto, me reportan que el “impacto en el pasivo laboral de las nuevas contrataciones equivale a aproximadamente el 0.16 por ciento del total”. Este porcentaje parece a todas luces insignificante, mientras que la empresa argumenta imposibilidad para desembolsar los recursos correspondientes. Por este motivo, y atendiendo a los datos duros, el sindicato no le creyó a la empresa y decidieron estallar la huelga.

Así, una empresa poderosísima no ha querido resolver el tema de las vacantes que le permitirían a los trabajadores dar un mejor servicio a los clientes. Además, desea terminar con las jubilaciones contractuales, violando el contrato colectivo de trabajo y quitando privilegios a sus nuevos trabajadores sindicalizados. Entiendo entonces que hábilmente la empresa desea obtener los mayores beneficios posibles en nuevas negociaciones y reducir los costos que les representaría contratar nuevos trabajadores. En este contexto, los miembros del STRM estallan la huelga “por la cerrazón de Telmex a cumplir con sus compromisos adquiridos y a reconocer lo que los trabajadores representan para producir valor en esa empresa” (testimonio de miembro del sindicato).

Preocupa la cercanía entre Carlos Slim y Andrés Manuel López Obrador, no sólo a los trabajadores sino a parte de la opinión pública. No obstante lo anterior, el sindicato de telefonistas decide levantar la huelga, reconociendo la mediación de la autoridad laboral—en este caso, la Secretaría del Trabajo—para poder, en una mesa técnica de análisis financiero y actuarial resolver cada uno de los problemas que tienen, incluyendo vacantes, pasivo laboral y viabilidad financiera de la empresa. Dicho proceso durará 20 días hábiles (cuatro semanas aproximadamente).

El viernes 22 se firmó este acuerdo y fue anunciado por la Secretaria del Trabajo, Luisa María Alcalde. En la mesa técnica que se contempla participarán el Director General de Telmex, Héctor Slim Seade, y dos especialistas de la empresa, quienes se van a sentar con el Secretario General del STRM y dos especialistas del sindicato. La mediación estará a cargo de la Secretaria del Trabajo más dos funcionarios públicos designados por ella misma. En dicha mesa tripartita se buscará una solución definitiva a las demandas que dieron origen a la huelga.

Los trabajadores de Telmex tienen la esperanza de alcanzar un acuerdo con la familia Slim. Además, tienen la certeza de que la huelga en Telmex, aunque muy breve, fue exitosa dado que confirmó el derecho de huelga de los trabajadores. Además, la huelga fue “ordenada, pacífica y mostró la cohesión de los compañeros y el liderazgo de Francisco Hernández Juárez”, según me comentan.

Yo no estoy segura de cuál será el resultado. Tengo ciertos resquemores dada la cercanía entre Carlos Slim Helú y el Presidente de México. Por otro lado, la familia Slim pareciera no reconocer la importancia de sus trabajadores y estar centrada fundamentalmente en la expansión de sus empresas y en la reducción de costos, sin reconocer que su éxito depende en mayor medida de sus trabajadores. La cobertura reciente del conflicto en Teléfonos de México por parte de algunos analistas y medios de comunicación (como el periódico La Jornada) me parece inadecuada pues no se reconoce la importancia de la lucha sindical en la empresa. En la cobertura de algunos diarios no se percibe equilibrio, ni se citan los textos o las opiniones de los miembros del sindicato.

Esta lucha del STRM me parece en lo personal que no es sólo la lucha de los telefonistas, sino de toda la clase trabajadora del país. Los resultados de este proceso serán, en mi opinión, fundamentales para el futuro del sindicalismo y de toda fuerza laboral en México. Al mismo tiempo, será una gran prueba de fuego para el gobierno de la Cuarta Transformación y para el liderazgo social de Andrés Manuel López Obrador. Conoceremos si para su administración están primero los pobres y los trabajadores, o si está primero la familia más rica y poderosa del país. Es decir, si apoya en primer lugar al sindicato de telefonistas (con peticiones ciertamente razonables) o a la familia del “empresario más austero y más institucional de México”, quienes tienen una deuda clara e incuestionable con sus trabajadores.

Guadalupe Correa-Cabrera. Profesora Asociada en la Universidad de George Mason (Virginia, EEUU) y se encuentra afiliada al Woodrow Wilson Center en Washington, DC y al Centro México del Baker Institute en la Universidad de Rice. Es autora del libro Los Zetas Inc. (Editorial Planeta, 2018).

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