La derrota, el reparto de culpas

El candidato y el gobernador en una reunión con panistas. Crédito: @dect1608

El Kiosko

Opinión por Héctor Garcés

Aunque aparecen juntos y simulan llevarse tan bien como en el inicio del sexenio, la realidad es que la relación política entre el gobernador Francisco García Cabeza de Vaca y el excandidato de la alianza PAN, PRI y PRD a la gubernatura, César Verástegui Ostos, se encuentra bastante deteriorada, a punto de estallar.

Amigos desde mediados de la década de los noventas, cuando ambos comenzaron a incursionar en las filas de Acción Nacional y, en particular, en el grupo blanquiazul que lideró Gustavo Cárdenas Gutiérrez, hoy esa amistad registra grietas que se expandieron y se profundizaron con la derrota que los cabecistas sufrieron en las urnas el pasado 5 de junio en la contienda por la gubernatura del estado.

El distanciamiento entre el gobernador y el candidato inició justo a la mitad de la campaña: Cabeza de Vaca convocó a una reunión urgente a César Verástegui y a su equipo político más cercano. El regaño fue al más puro estilo impulsivo y colérico del todavía mandatario estatal: gritos aturdidores y manotazos sobre la mesa.  

La principal decisión ya la había tomado el gobernador: el slogan de campaña ‘Tamps. con madre’ ya no se utilizaría tras las duras críticas que recibió de los analistas y, sobre todo, el rechazo ciudadano que cosechó y que se reflejó en las encuestas internas.

Durante esa reunión, el ‘Truco’ trató de defender el slogan de campaña, sustentado en que, como hombre de campo, ese era su estilo de hablar, de interactuar con la gente.

La respuesta de quien es mercadólogo de profesión y que encabezó un exitoso proselitismo seis años antes fue fulminante: esa frase no la quería volver a ver en ningún anuncio espectacular o spot televisivo. No había nada qué discutir ni analizar.

Otra decisión ya estaba tomada desde antes por Cabeza de Vaca y para eso eran convocados: él sería el coordinador de la campaña. Él asumía el control de todo.

Era el virtual despido de los priistas Luis Enrique ‘El Pipo’ Rodríguez y Oscar Almaraz Smer (elogiados de manera desmesurada por cierto sector de la prensa victorense). Para marcar distancia de los hechos, ambos ‘operadores’ argumentaron problemas de salud a nivel personal o del círculo familiar.

El nuevo slogan de campaña carecía de impacto propagandístico pero, por lo menos, no generaba rechazo en los sectores conservadores tamaulipecos: ‘Defendamos Tamaulipas’.

Para darle sentido y contexto a la frase, se intensificó la narrativa de los males que arrastra Morena en los estados que gobierna. Dos entidades fueron puestas como ejemplo de los malos resultados morenistas: Michoacán y Veracruz. Sin embargo, esa campaña no fructificó. El tiempo ya estaba encima y la tendencia era irreversible.

Lo único que quedaba para el panismo era concentrarse en el ‘Día D’. Con la indicación desde el más alto mando y por debajo de la mesa, la Secretaría de Bienestar Social a cargo de la expriista Yahleel Abdala jugó un papel clave en las horas previas a la votación. Ahí, justo ahí, se operó el reparto de despensas y, en gran parte, la distribución de los recursos económicos a los líderes de colonos que trabajaban para la alianza PAN-PRI.

Todos conocemos el resultado final: la operación articulada al más viejo estilo del régimen político priista no fue suficiente para que el cabecismo ganara la elección.

Con la dolorosa derrota, llegó la repartición de culpas. Como suele suceder en los gobiernos autoritarios, todos son culpables menos el que manda.

Aunque nunca lo dirá públicamente, en privado, en reuniones en corto, el gobernador saliente culpa a prácticamente todos de la derrota, en particular, al candidato y a su equipo de campaña. Algo tiene de razón. Muchas cosas se hicieron mal durante la actividad proselitista, basta recordar el discurso de arranque de la campaña en Tampico. Fue pésimo, grosero y de mal gusto.

Pero… en el reparto de culpas el excandidato tiene su opinión. ‘El Truco’ se siente traicionado por personajes cercanos al gobernador que nunca pudieron aceptar su nominación. ¿A quién nos referimos? Al hermano del mandatario estatal saliente, el senador Ismael García Cabeza de Vaca.

Ismael soñó con ser el candidato del PAN a la gubernatura de Tamaulipas. El proyecto era evidente: él sería el sucesor. Todo iba conforme a lo planeado por su familia, pero… llegó el proceso de desafuero y la elección de 2021 y, en una espiral ascendente, Morena ganó seis de los principales municipios del estado y la mayoría del Congreso. El sueño cabecista se convirtió en pesadilla. El globo azul fue reventado de un pinchazo guinda.

Gerardo Peña Flores es otro personaje que es cuestionado por su inoperancia política durante los días que se libró en territorio la guerra por el poder en Tamaulipas. El secretario general de gobierno poco o nada hizo para que César Verástegui obtuviera la victoria.

Si bien su nombre siempre fue manejado como uno de los aspirantes a la candidatura panista a gobernador, la realidad es que desde tiempo atrás había quedado fuera de la carrera. En un capítulo poco conocido Gerardo Peña estuvo a punto de perder su lugar dentro del primer círculo cabecista después de un explosivo enojo del gobernador Cabeza de Vaca.

Fueron los hermanos del mandatario estatal quienes lo rescataron para evitar que el desencuentro se filtrara a la prensa y adquiriera un tinte de grave división en el cabecismo. Eso sucedió en 2017 cuando apenas se acomodaban las fichas azules rumbo a la elección del siguiente año. Ismael -y no Gerardo- sería en la contienda electoral de 2018 el candidato a senador.

Desde entonces, Peña Flores, oriundo de Nuevo León, sabía que no sería el sucesor de Francisco García Cabeza de Vaca. Desde entonces está dolido. Tal vez por eso, en distintos momentos del sexenio, se habló que sostuvo acercamientos con personajes del morenismo.

Esa información confidencial, como secretario general de gobierno que fue durante cinco años y tres meses, la debe tener César Verástegui.

Así es la política: en las victorias, todos se atribuyen el mérito; en las derrotas, nadie quiere aceptar la responsabilidad y, en un clima dominado por la frustración, se reparten las culpas por doquier.

En esas andanzas repletas de intrigas se encuentra el primer círculo cabecista, en el reparto de culpas tras la dolorosa derrota electoral del 5 de junio.

Y para cerrar

Con playera guinda, el gobernador electo de Tamaulipas, Américo Villarreal, mandó un mensaje anoche a través de sus redes sociales: ya está trabajando en los proyectos que se instrumentarán en su administración, la que iniciará el primero de octubre.

Cierto, su equipo jurídico atiende la impugnación interpuesta por el PAN en la elección, pero el mensaje es que esa batalla legal también la ganarán y, por tanto, la prioridad es la labor de planeación de lo que será el sexenio morenista.

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