¿Es suficiente eliminar la corrupción para hablar de una transformación?

María Ruiz / Pie de página

Desde su origen como movimiento, el obradorismo ha sostenido que los grandes problemas nacionales radican, en esencia, en la corrupción. Este planteamiento ha sido punto base de su programa político, como movimiento, y ahora como gobierno, para impulsar lo que llaman la Cuarta Transformación de México.

¿Es la corrupción un fenómeno aislado de las formas en las que el capitalismo moldea las relaciones sociales de producción? ¿Es inherente a éstas? ¿Bastaría su eliminación para proclamar una Cuarta Transformación? 

Para dar respuesta a estas interrogantes, académicos y funcionarios del gobierno federal dialogaron al respecto durante los trabajos de la Conferencia del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) 2022, la cual se celebra en la Universidad Nacional Autónoma de México.

En el panel, el subsecretario de salud, Hugo López Gatell, y la titular de la Tesorería de la Federación, Elvira Concheiro, intercambiaron puntos de vista con uno de los precursores de la filosofía de la liberación, Enrique Dussel, y con la filósofa de origen argentino Silvana Rabinovich.

 La 4T: combate a la corrupción y ampliación de lo público, alternativas en busca del bienestar fue el título de la mesa; donde, a la luz de las contradicciones del gobierno federal (y de la izquierda en su totalidad), se profundizó en los alcances que ha tenido la política obradorista desde su arribo al aparato estatal en 2018.

“En México aprendí la potencia de confiar”, afirmó Rabinovich al abrir el panel.

Más allá de los alcances de su sexenio, a poco más de tres años del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, ¿bastará solo con confiar para transformar al país? 

El subsecretario de salud, Hugo López Gatell, la titular de la Tesorería de la Federación, Elvira Concheiro, y la filósofa Silvana Rabinovich. Crédito: María Ruiz

Paciencia, confianza y trabajo: antídotos a la crítica narcisista

Desde sus orígenes, el obradorismo se ha posicionado como una fuerza política que representa a un sector de la izquierda. Su campo de batalla han sido las urnas; su objetivo: la disputa del aparato estatal. No sorprende que otros grupos han marcado su distancia ideológica con el proyecto encabezado por López Obrador, pues en el crisol de la izquierda mexicana hay tradiciones políticas que, en esencia, parecen irreconciliables.

Lo cierto es que el obradorismo ha movilizado masas. La construcción de su partido, como instrumento en el que se agota el protagonismo popular, deviene de ello. El obradorismo, como fuerza política expresada en los movimientos que lo han acompañado, vino a romper el establishment político del aparato, pues, a diferencia de sus opositores, en su programa retoma una reivindicación que invierte la inercia de la política mexicana: primero los pobres

Esta consigna encierra, en sí misma, la esencia del programa y sujeto político del obradorismo: las grandes mayorías nacionales. Es decir, idealmente, su proyecto tiene como prioritarios los intereses de más del 50 por ciento de la población en el país que vive en condiciones de pobreza, o pobreza extrema. No los intereses empresariales u oligarcas, los cuales, de acuerdo a su visión, estaban representados por los partidos que le antecedieron. La corrupción, desde su lectura, era el medio por el que éstos se enriquecían a costa de la población. 

Silvana Raninovich conoce este contexto, y no repara en afirmar que, tras la victoria de López Obrador en 2018, “en México ganó la política y perdió la mercadotecnia. Ganó una política que se sabe heredera de lo social, y por lo tanto, de la ética”.

La labor que ahora le toca asumir al obradorismo no es sencilla. Pues como resalta la doctora en filosofía, en 2018 se tomó posesión de un aparato “corroído por décadas de una empresa neoliberal”; por lo que “no alcanza con la imagen de barrer las escaleras, sino que en muchos lugares requiere de deshacer la estructura”.

 Pese a esto, y felicitando los logros gubernamentales bajo estas condiciones, Rabinovich reconoce que, una transformación de ese calado conlleva tiempo; y por ende, exige paciencia.

 ¿Pero paciencia de quién?

Ravinobich responde: de quienes depositaron su voto para este gobierno; de las víctimas, de quienes “fueron sistemáticamente ignorados por gobiernos anteriores; y en este, aunque vean voluntad de esclarecer la verdad y restituir la justicia con dignidad, que son imprescindibles para hablar de bienestar, ven una capa burocrática intermedia que sigue a veces llegando a algunas de las más altas esferas; profundamente corrupta, que impide que el deseo de justicia permee tanto de arriba hacia abajo, como de abajo hacia arriba”.

Ante ello, y reconociendo que aun con los progresos que el gobierno federal ha tenido en la ampliación de derechos sociales y la apertura del aparato estatal hacia las grandes mayorías, falta mucho para la construcción de un nuevo país.

El gobierno mexicano, de acuerdo con Rabinovich, pasó de lo privado a lo público; por ende, la vida democrática en México se ha ampliado, y con ella la crítica y la discusión política. 

No obstante, sostiene la filósofa, hoy en día asistimos a una crítica fundamentada la mayoría de las veces en el odio por sobre la construcción de un nuevo proyecto de país. 

“El ejercicio responsable de la crítica no puede confundirse con la queja del cliente insatisfecho”, puntualiza. 

 Para ella, la crítica enarbolada desde algunos sectores de la izquierda que “se quedaron cruzados de brazos esperando a que nada cambiaría” no aporta nada hacia la construcción de un nuevo horizonte de emancipación.

 Y añade que “otra crítica es necesaria: la que exige deponer el narcisismo del futuro anterior, el de apostarle a haber tenido razón. También la de la pequeña diferencia, que es el de revisar con lupa para descalificar todo por cada error o torpeza”.

“En el cuadro de semejante transformación, no se puede tapar el sol de la lucidez con el dedo del pesimismo, pues tal vez hoy confiar sea lo más arriesgado, y aunque cueste creerlo, revolucionario”. 

Silvana Rabinovich

Para la filósofa, la confianza, y no el conformismo, es el antídoto a la crítica narcisista; es decir, salir de la posición autocomplaciente y afrontar, sin justificar, los retos que implica construir una alternativa real bajo las condiciones en las que estamos. 

Pero ¿cuáles son estas condiciones?, ¿cuál es esa alternativa que se está construyendo?, ¿qué está en juego? 

Para responder, el filósofo Enrique Dussel sienta las bases de lo que él llama la segunda emancipación, la cual, afirma, está aconteciendo en América Latina y el Caribe. 

Emancipación de EEUU, el fin de una era

Dussel lo dice claro, el momento que actualmente vive la región es parte de un segundo proceso de emancipación. La primera, dice el filósofo, ocurre a finales del siglo XVIII, con las guerras anticolonialistas que se desataron, inicialmente, en el incario por Tupac Amaru.

Este proceso, sumado a la gesta de San Martín, en los Andes, y la independencia de México, cuestionarían el dominio español y europeo en el continente, proponiendo la autonomía e identidad de las naciones de América. 

Para el filósofo, este proceso abrió el campo para que la hegemonía estadounidense se consolidara, primero en América, y después globalmente, con la doctrina Monroe y el neocolonialismo.

“La segunda emancipación es una emancipación de Estados Unidos”, precisa Enrique Dussel; puntualizando que este proceso ha iniciado a raíz del auge de los progresismos latinoamericanos y su nueva ola. 

Para Dussel un factor que habla de esto es la negativa del presidente Andrés Manuel López Obrador en asistir a la Cumbre de las Américas si no se invitaba a los países de Cuba, Venezuela y Nicaragua. 

“El gesto de que el presidente de México no asista a la cumbre de California es un paso muy importante en el camino de la segunda emancipación, del fin de la OEA”.

Enrique Dussel.
Enrique Dussel. Crédito: María Ruiz

Para el filósofo, estos momentos históricos cuestionan las narrativas coloniales que, arropadas con el eurocentrismo y el dominio occidental, han impuesto en la región sus instituciones y normativas contradictorias que, en esencia, se construyeron a partir de la exclusión de otros países o grupos. 

Dussel explica que, el argumento de no intervención presentado por López Obrador para cuestionar la exclusión de otros países en la Cumbre de las Américas, da cuenta que, hoy en día, es el gobierno mexicano el que “está liderando el proceso de la segunda emancipación”. 

Asimismo añade que, aunque el gesto del gobierno federal abona a este proceso emancipatorio, la tarea debe ser en todos los campos: epistemológicos, políticos, económicos y sociales. Por ende, asumiendo su rol académico, debe apostarse a una descolonización epistemológica. 

Para este proceso, concluye “tenemos que partir de nuestra historia”. 

Ante esto, la revisión de las acciones del gobierno federal deben leerse desde este proceso de emancipación. No obstante, al heredar un aparato de estado plegado a los intereses de los capitales nacionales e internacionales, su depuración parece ser un primer paso para la transformación. 

Es así, que el principio programático del obradorismo parece cobrar fuerza: combatir la corrupción. Sin embargo, para los funcionarios federales este es tan solo un primer paso en un amplio proceso de tansformación; el cual está plagado de contradicciones y obstáculos. 

Hugo López Gatell, subsecretario de salud federal, lo dice claro: 

“No se trata de combatir la corrupción, sino de eliminarla”. 

El reto, sin embargo, no es menor. 

Los duendes y fantasmas de la corrupción en México

Para López Gatell, “la corrupción es un proceso social que atenta contra la misión fundamental del Estado, que es promover, atender y defender el interés público”. Por ende, añade, su eliminación es fundamental para reforzar un proceso progresista en el país. 

Asimismo, agrega, al ser el obradorismo un proyecto que tiende a volver público lo privado, sería una contradicción no atacar la corrupción; la cual define como un proceso de “privatización de lo público” que emana, fundamentalmente, del sector privado. 

Es decir, para el subsecretario, la corrupción es un fenómeno inherente al sistema capitalista, que en su fase neoliberal es promovida por los capitales nacionales y globales que mantenían el control del aparato estatal. 

Para él, existen dos niveles en los que se efectúa la corrupción en el país: un nivel individual y un nivel grupal. En este último, precisa, es donde se ven involucradas las instituciones gubernamentales y que, por ende, afecta a todo un grupo social o aprato. 

“La compra pública ha sido amplia y deliberadamante sujeta de actos de corrupción; desde afuera, desde el sector privado, en complicidad con los de adentro del sector gubernamental”, explica. 

Asimismo, añade, en este nivel grupal se encuentran dos figuras a las que, a modo de explicación, llama duendes y fantasmas. Los fantasmas, relata, son los agentes externos, provenientes del sector privado, que operan ilegalmente los actos de corrupción. Los duendes, por su parte, son los agentes gubernamentales que, dentro de las instituciones, operan los intereses del sector privado. 

De igual forma, agrega, existen intermediarios entre estos “duendes y fantasmas”, a los que se les llama gestores. Estos agentes son, usualmente, grupos con intereses específicos en ámbitos estratégicos de la política pública. 

Otro nivel de la corrupción es el corporativo, el cual, explica López-Gatell, “no solamente está empeñada en una relación de proveedor – cliente con el Estado, en la que le interesa posicionarse; aquí lo que interesa es desmantelar la capacidad de regulación del estado, la capacidad del ejercicio del gobierno”.

Para el funcionario, este nivel opera a través de agentes como cabilderos en el poder legislativo, saboteadores de los actos del ejecutivo y manipuladores de procesos judiciales que regulan los intereses estratégicos de la nación como la salud, el medio ambiente, la fuerza laboral y la economía.  

Ante esto, ejemplifica el subsecretario, en el sector salud (a partir de la llegada del gobierno obradorista), se comenzaron a implementar una serie de acciones para erradicar estas prácticas. La primera, en febrero de 2019, fue promover ante la Suprema Corte que la salud es de interés colectivo para la nación, y no de forma individual. 

Este hecho ha significado un blindaje jurídico. Como ejemplo, resalta el subsecretario, están los embates que se recibieron ante el desabasto de medicamentos o la vacunación anticipada durante la pandemia de covid-19; así como ante el etiquetado de productos industriales para el consumo humano.  

Otro caso es la prohibición y regulación del uso de vapeadores y de consumo de tabaco en el país. Ante este hecho, expresó López Gatell, las corporaciones tabacaleras han implementado una serie de acciones jurídicas y mediáticas para atacar la iniciativa presidencial. 

Esto, añadió el subsecretario, es parte de una “guerra híbrida, donde se usan múltiples mecanismos, no solo de la guerra convencional, para socavar las autoridades de un estado soberano”. 

¿Cómo hacer frente a esta guerra híbrida que impide la realización de los primeros pasos para transitar hacia una transformación? 

Elvira Concheiro, socióloga y actual titular de la Tesorería de la Federación, responde que, un primer paso es a través de entablar diálogos entre academia y gobierno para posibilitar “ejercicios de análisis crítico, y analítico”. 

Eliminar la corrupción, un primer paso para transformar

Concheiro reflexiona que, lamentablemente, nuestro país ha estado marcado por la corrupción desde los orígenes del nuevo estado revolucionario de 1917. 

“No son en balde los asesinatos de Zapata y de Villa, de tantos otros revolucionarios, para que emergiera ese estado autoritario”, dice la académica y funcionaria pública. 

En este recuento histórico, Concheiro puntualiza que la corrupción fue un medio por el que el nuevo grupo que se apoderó del estado después de 1917 instauró su hegemonía y control autoritario en el país. 

La titular de la tesorería enfatiza en que los actos de corrupción no solo eran los “famosísimos sobornos” que daba el partido presidencial, el PRI, sino también los grandes fraudes que poco a poco se han ido descubriendo con el paso de los años. 

“No todo nació con el neoliberalismo. Tenemos esta otra historia con un Estado corrupto, de un Estado autoritario que se fundamenta en la corrupción para sobrevivir (…) es decir, fue una manera de gobernar”, dice. 

Para ella, el combate a la corrupción es parte de la construcción de un nuevo proyecto de país que propone el obradorismo donde también se ha dado pie, asegura, a nuevos referentes ideológicos, culturales y de praxis política. 

“El resultado de la corrupción en las décadas pasadas es justamente un empoderamiento (de la clase dominante) y una privatización del poder público”.

Elvira Concheiro.

Esto, explica, se manifiesta en la privatización de los bienes estratégicos de la nación como la educación, la salud. La corrupción, desde esta visión, sería el primer nudo en el que se atan las problemáticas sociales que actualmente vive el país.

“¿Qué tanto estamos tocando lo medular? ¿Qué tanto podrá avanzar o consolidarse lo que estamos haciendo?”, dice Concheiro, reflexionando sobre los cuestionamientos que diversos grupos han hecho a la actual administración federal. 

Y responde:

“Creo que lo que tenemos es, sobre todo, ver dónde están ciertos procesos, y ciertas acciones de este gobierno, que abren procesos”. 

Esto, agrega, no se agota en el día a día, sino en abrir posibilidades “mucho más allá del fenómeno de la corrupción”. 

Asimismo, agrega, uno de los aciertos de esta administración es el intento de separar el poder público y el poder privado. No obstante, aunque en su ideario el gobierno federal ha propuesto esto, el trabajo aún no está completado. 

“Hemos estado dominados por un interés privado que ha prolijado esa corrupción, porque desde hace más de tres décadas lo que tenemos es un predominio de un poder económico que promueve la corrupción”, dice. 

No obstante, para ella, al estar tan relacionadas la acumulación de la riqueza y la supervivencia del modo neoliberal con la corrupción, eliminarla sería, tal vez, el aviso del final de este modelo. 

“Es un fenómeno que abre puertas a la emancipación económica”, añade. 

Esto puede ser posible. Sin embargo, todavía falta un largo trecho por caminar; pues las certezas de que esta política continúe después del 2024 (cuando acabe el sexenio obradorista) son poco alentadoras; pues, lamentablemente, la corrupción no se ha eliminado del partido/movimiento que llevó a López Obrador a la presidencia. 

Las interrogantes siguen abiertas, y de cara a un proceso de transformación, valdría la pena retomarlas; pero sobre todo, construir otra alternativa para la emancipación. 

Si quieres consultar la charla completa lo puedes hacer en este enlace

*Esta nota fue realizada por Pie de página, medio aliado de la Red de Periodistas de a Pie. Aquí puedes leer la original. 

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