Concurso nacional de buenas prácticas en seguridad ciudadana

Crédito: Gobierno de México

Ruta crítica

Opinión por Ernesto López Portillo (@ErnestoLPV)

Llamo buena práctica en seguridad ciudadana a una experiencia documentada, sistematizada y evaluada con los métodos idóneos que logra reducir los temores, los riesgos y los daños contra las personas y su patrimonio, colocando al centro a las personas y sus derechos fundamentales. ¿Dónde están esas buenas prácticas en México? ¿Quién ha logrado pasar por esas experiencias y de esa manera puede contestar a la pregunta de qué funciona -y qué no- para construir la seguridad ciudadana?

Estamos en ruta para lanzar concursos nacionales de buenas prácticas en seguridad ciudadana; según nuestra experiencia, poner a competir iniciativas en la ruta deseada, con reglas iguales, públicas y transparentes, enfocando el ejercicio en estimular y reconocer las mejoras puede acelerar el aprendizaje para todxs.

Los concursos visibilizan esfuerzos y logros y estimulan las mejoras creando incentivos de sana competencia. Hace varios años desde el Instituto para la Seguridad y la Democracia (Insyde) participamos en la convocatoria global llamada Semana Mundial de Visitas a la Policía. Por años formamos parte de un movimiento de sociedad civil que, bajo idénticos y sencillos protocolos, visitaba una vez al año a las policías que así lo aceptaban para revisar su infraestructura y procesos de trabajo en algunas áreas, en especial relacionadas con la detención.

Las policías involucradas sabían que serían visitadas y eso hizo pensar a algunos que le quitaba fuerza a la iniciativa: van a simular las mejoras para impresionar en la semana de visita y luego volverán a sus mismas prácticas, nos decían. No puedo afirmar que eso no sucedió, pero confirmamos que en muchos lugares sucedió al revés: ahí donde había liderazgos reformistas, justo porque sabían que serían visitadas el esfuerzo de mejoras se aceleraba y continuaba a través de años. De hecho, cuando la iniciativa global paró por falta de recursos, recibimos reclamos desde instituciones policiales que ya traían un efecto inercial de mejora y esperaban la siguiente visita que ya desafortunadamente nunca más llegó.

Los concursos tienen otro posible impacto de orden estructural: pueden ayudar a orientar el rumbo de las mejoras ahí donde no hay recurso alguno de aprendizaje, lo cual sabemos que sucede en la mayoría del país. Justamente porque hay lugares donde las mejoras sí avanzan -así sea pocos-, los concursos crean un diálogo pedagógico constructivo entre quienes han evolucionado y quienes no. El concurso abre la información de las mejoras, ya sean emergentes, medias o consolidadas, a toda persona e institución que quiera aprender.

El Centro de Estudios en Seguridad Ciudadana de la Universidad de Chile, pionero en la región en este tipo de iniciativas, nos dejó orientaciones en el Compendio 1 del Primer Concurso de Buenas Prácticas en Prevención del Delito en América Latina y El Caribe (http://www.cesc.uchile.cl/docs/CESC_pub_buenas_practicas.pdf) y en el 2 (https://www.cesc.uchile.cl/buenas_practicas_02.pdf).

En el corazón de los concursos de buenas prácticas está la promoción de un componente que es la llave para saber qué funciona y qué no en seguridad ciudadana: la evaluación. El primero de los compendios explica muy bien la visión de impacto estratégico: “…la experiencia señala que los canales de comunicación entre los distintos niveles (de gobierno) no operan de manera satisfactoria, sobre todo desde lo local hacia el nivel central, éste muchas veces dicta políticas y desarrolla programas para ser implementados a nivel local, planifica y capacita a sus operadores, pero no considera como un componente indispensable la generación de espacios donde los operadores locales puedan retroalimentar, con los ajustes necesarios, los modelos de los programas. Como consecuencia de ello, muchas veces el conocimiento práctico de los operadores se pierde, no es analizado, ni mucho menos evaluado. Una de las alternativas de solución a este problema es avanzar en el desarrollo de algunas estrategias que permitan, al mismo tiempo, sistematizar resultados y entregar opciones de mejora. En este sentido la mejor estrategia es introducir elementos propios de la evaluación basada en evidencia (en este caso de quienes ejecutan iniciativas de prevención del delito y la violencia). La evaluación de políticas, planes, programas y proyectos de prevención del delito en América Latina y El Caribe es una práctica poco utilizada o bien subvalorada en todos sus beneficios, por esto resulta apremiante modificar esta realidad”.

El segundo componente clave en la visión estratégica de estos concursos es el enfoque local: son una herramienta idónea para promover el aprendizaje desde y para lo local, ayudando a romper la inercia destructiva que centraliza las políticas y así debilita a los municipios y las entidades federativas, en lugar de fortalecerlos.

No nos desgastemos más donde el liderazgo político no quiere cambiar el rumbo hacia la seguridad ciudadana. Visibilicemos, estimulemos, premiemos y multipliquemos ahí donde los liderazgos van o intentan ir por el rumbo correcto. Los concursos representan una herramienta estratégica para lograrlo. Más noticias pronto.

Ernesto López Portillo. Coordinador del Programa de Seguridad Ciudadana de la Universidad Iberoamericana. Fundó y dirigió el Instituto para la Seguridad y la Democracia -Insyde- (2003-2016). Ashoka Fellow.+Derechos+Seguridad+Derechos.

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