A 5 años del asesinato de Javier Valdez, nos falta mucho por aprender

Alejandro Ruiz / Pie de página

Durango.- El 15 de mayo de 2017 Javier Valdez fue asesinado en Culiacán, Sinaloa. Le dispararon en plena calle mientras salía de las oficinas de Ríodoce, el semanario donde trabaja. Su asesinato conmocionó a todo el gremio. Valdez no era cualquier reportero; había recibido numerosos premios por su trabajo, el cual se centraba, principalmente, en la cobertura de grupos del crimen organizado. 

Desde su muerte, sus familiares y excompañeros se volcaron a exigir justicia para el periodista. Una larga lucha contra la impunidad que se ha topado con la burocracia y corrupción en el sistema judicial. También han pugnado por el cese a la violencia contra el gremio periodístico; la cual es un reflejo de lo que se vive día con día en México. 

En entrevista con Pie de Página, Ismael Bojórquez, excompañero de Valdez y cofundador del semanario Ríodoce, reflexiona sobre los pendientes y aprendizajes que derivaron del asesinato. Para él, reportear en un país como el nuestro exige al gremio tender lazos con la sociedad. 

“Los periodistas estamos solos; y a veces pienso que solo nos tenemos a nosotros mismos. Por eso debemos incrementar nuestros lazos. Seguir exigiendo al gobierno garantías, pero sobre todo: mirarnos a nosotros mismos”.

“No dejaremos de exigir justicia”

En junio de 2021, un tribunal emitió una sentencia condenatoria en contra de  Juan Francisco Picos Barrueto, ‘El Quillo’, uno de los asesinos materiales de Javier Valdez. Previamente ya se había emitido otra sentencia en contra de Heriberto Picos Barraza, ‘El Koala’. Ambos hombres fueron identificados como sicarios del Cártel de Sinaloa. 

Pese a esto, y aunque las declaraciones de ambos vinculan como autor material a Dámaso López Serrano, ‘El mini lic’, uno de los líderes de dicho cartel. Pese a esto, Serrano no ha sido vinculado a proceso por el asesinato del periodista. 

El motivo estriba en que el narcotraficante actualmente está bajo proceso en un tribunal de los Estados Unidos, en la calidad de testigo protegido; por lo que su extradición se ha visto obstaculizada. 

“El asesino intelectual se llama Dámaso López Serrano; es hijo de Dámaso López Núñez. Está señalado por la Feadle (Fiscalía Especializada en Delitos cometidos en contra de la Libertad de Expresión) y ya se solicitó a los Estados Unidos su extradición; pero no  será sencillo, pues está bajo proceso en una corte federal de California”, refiere Ismael Bojórquez. 

No obstante, Bojórquez enfatiza en que familiares y excompañeros “seguiremos exigiendo que se le procese aquí por el crimen de Javier”.

Asimismo, señala que, aunque han pasado cinco años del asesinato de Valdez, “la violencia contra periodistas se ha incrementado y los niveles de impunidad se mantienen igual que hace cinco, diez años…”. 

La violencia no se ha ido

Para Bojórquez, la violencia generalizada en el país es un fenómeno que está lejos de erradicarse; aún pese al cambio de administración. 

“Lo dijimos desde que mataron a Javier: esto no va a parar. No es el primero y no será el último porque el contexto de violencia en el que se inscribe su muerte no va a cambiar de la noche a la mañana. Y resulta que ahora estamos peor”, señala. 

Para el reportero sinaloense, las estrategias gubernamentales para mitigar la violencia no han dado resultados. El crimen organizado sigue disputando territorios. La población civil sigue muriendo. Y aunque no es un fenómeno concentrado hacia las y los reporteros, se sigue asesinando a quienes comunican estos hechos. 

“El Estado está fracasando en su misión de brindar protección a sus ciudadanos; porque no somos solo los periodistas, son los médicos, los abogados, las amas de casa, los transeúntes que mueren por una bala perdida, los empresarios que se niegan a pagar la extorsión…”, dice. 

¿Qué hemos aprendido, entonces, a 5 años de la muerte de Javier? 

Bojórquez responde: 

“La conciencia de que estamos trabajando sobre un terreno que parece minado, que no sabemos cuándo vas a pisar la mina y vas a volar”

Ismael se muestra pesimista. Para él, no hay ninguna garantía de que la violencia en el país -y por ende contra las y los periodistas- se detenga. 

“La única garantía es que los crímenes de periodistas van a seguir ocurriendo”.

Pero, ¿esto implica que debamos abandonarnos al miedo y la desesperanza? 

Bojórquez dice que no. Para él, casos como el de Javier, deben dotarnos de reflexiones y herramientas que permitan profesionalizar nuestra labor y “mirarnos a nosotros mismos”. 

“Debemos extremar las precauciones a la hora de reportear. No autocensurarnos más de lo que ya lo hacemos desde hace muchos años; pero sí definir para nosotros líneas de trabajo, seguir ciertos protocolos. Ser cada vez más profesionales. El profesionalismo puede librarnos de un ataque”, reflexiona el reportero. 

Asimismo, en tiempos donde la ética en el periodismo se ha visto cuestionada, tender lazos con la sociedad es urgente para sensibilizarnos, y sensibilizar a las audiencias. Empatizar. Construir. Acompañar…

“El buen periodismo debe gozar del acompañamiento de la sociedad, algo que en México no ocurre. Javier se quejaba mucho de eso, y es verdad”. 

Administrar el miedo, sensibilizar nuestra labor

“Yo creo que me ayuda mucho la indignación, el malestar, el coraje o la tristeza ante tanto hecho violento y tanta injusticia me ayuda a escribir mis historias. Espero no perderlo nunca. Creo que haría mal el no sentir y ser periodista”. 

La frase es de la última entrevista que Valdez dio ante medios de comunicación. Un periodista, como refirió, no puede dejar de sentir. Entre el mar de emociones, sin embargo, también está el miedo. 

Bojórquez le habla a las nuevas generaciones: 

“El miedo va a ser siempre un compañero muy fiel, pero hay que aprender a administrarlo. Si nos gana, dediquémonos a otra cosa… donde tampoco estaremos seguros”, dice. 

Para el reportero, una de las enseñanzas de Valdez radica en cómo contar historias sin comprometer la seguridad de quien las narra. 

Es una responsabilidad, precisa, no solo de quien está en campo; sino de los medios de comunicación y del Estado. 

“El medio y los periodistas deben trazar líneas editoriales para reducir los riesgos. Hasta la forma de cabecear es importante. Nunca envíes a un reportero nuevo a cubrir un tema riesgoso, eso es para los que tienes más experiencia. Hay que revisar la nota una y otra vez. Hay cosas que no se pueden reportear porque el riesgo es obvio. Y entender que somos periodistas, no policías. A veces no nos damos cuenta pero actuamos como policías y eso es muy peligroso”, señala. 

Respecto al análisis de la violencia, Bojórquez no titubea en responder que, debemos estudiarla “desde nuestra posición de periodistas, y desgraciadamente también de víctimas”.

Para él, ante la ausencia del Estado en atender los crímenes contra la libertad de expresión, las exigencias del gremio contra la impunidad y la violencia deben ser “desde todos los frentes posibles, haciendo alianzas, no desmayar en ello. El caso de Javier avanzó por el gran impacto que tuvo su muerte, pero también porque hubo una exigencia de justicia muy viril en Sinaloa y en México”. 

Han pasado cinco años desde que asesinaron a Javier Valdez. Las cosas, lamentablemente, han cambiado muy poco. Pese a esto, su legado debe comenzar a hacer eco en un tiempo donde, pareciera, ser periodista en México es navegar en soledad la violencia que vivimos. 

Poco menos de dos meses antes de ser asesinado, Valdez lamentaba el asesinato de su colega Miroslava Breach. Lo sintetizó en un tweet.

“A Miroslava la mataron por lengua larga. Que nos maten a todos, si esa es la condena de muerte por reportear este infierno. No al silencio”. 

Y así, en un país que pregona impunidad, decir no al silencio, con responsabilidad, ética y profesionalismo, es la labor hacia donde debemos volcarnos. 

*Esta nota fue realizada por Pie de Página, medio aliado de Elefante Blanco. Aquí puedes leer la original.

Deja un comentario

Related Posts
Leer más

Cuando la tierra sangra: minería y violencia en Sonora

El uso de grupos paramilitares para desarticular la oposición a la minería en Sonora ha sido una práctica constante por parte de las empresas extractivistas; de fondo, intereses empresariales y políticos han moldeado una realidad que tiene un único horizonte: la acumulación y la ganancia a costa de la vida.

Suscríbete a nuestro boletín

A %d blogueros les gusta esto: