Una elección amenazada

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Opinión por Héctor Garcés

El principal objetivo de un partido político es alcanzar el poder. Una vez que lo obtiene, trata de mantenerlo.

Eso forma parte del juego central de la democracia. Para dirimir la lucha por el poder se diseñaron los procesos electorales. Los ciudadanos eligen a sus representantes populares en las urnas.

Sin embargo, la democracia mexicana, la que vivió una larga transición para llegar a la alternancia, es frágil, con frecuencia disfuncional.

Una de las problemáticas que no ha podido solventar el sistema democrático mexicano es el autoritarismo que ejercen los gobernadores en los estados. En las entidades, los Poderes Judicial y Legislativo están sometidos al Ejecutivo.

La prensa, en general, sufre lo mismo: no cuestiona ni con una leve crítica al gobernante en turno. En los estados, los gobernadores prácticamente reinan como en la Edad Media, amurallados en su feudo, dictando órdenes a la servidumbre.

A pesar de esa constante práctica autoritaria y, por tanto, de estar en permanente riesgo, la democracia mexicana, con la participación ciudadana en los comicios, ha permitido, aunque los gobernadores traten de impedirlo, la alternancia.

Hace seis años, Tamaulipas vivió una elección histórica: el sistema político construido por el PRI durante 86 años se vino abajo con la irrupción de los vientos del cambio. Tras una larguísima brega, la que parecía eterna, el PAN llegó al poder.

El panista Francisco García Cabeza de Vaca pasará a la historia como el primer gobernador de oposición en tierras tamaulipecas. Fue, sin duda, un gran logro.

No obstante, como suele suceder con regularidad en las democracias, una cosa es ser candidato en campaña y otra muy diferente es gobernar y tomar decisiones.

Con el altísimo bono democrático que recibió en las urnas en 2016, Cabeza de Vaca tuvo la oportunidad histórica de hacer un buen gobierno, cercano a la gente de todas las clases sociales, así como ejercer una administración transparente. De haberlo hecho, su sueño presidencial tendría sustento en la actualidad.

El problema es que el gobernador perdió la oportunidad histórica que recibió de los cientos de miles de tamaulipecos que votaron por él. Decepcionó a muchos.

Ahora, cuando Tamaulipas está a menos de un mes de ir a votar por el siguiente gobernador del estado, Francisco García Cabeza de Vaca sale a repartir advertencias o amenazas en contra de los morenistas, quienes quieren y tienen muchas posibilidades de alcanzar el poder en la elección del próximo y candente 5 de junio.

Tal como lo dicta la teoría política, el mandatario estatal no quiere que su partido pierda el poder que tanto tiempo, esfuerzo y trabajo le costó obtener. Eso es natural, pero su reacción está plagada de excesos.

Aunque algunos se lo festejen, la realidad es que ese comportamiento del gobernador es un error político de graves repercusiones en diversos ámbitos. El primer problema es evidente: como titular del Poder Ejecutivo estatal no debería judicializar el proceso electoral con múltiples denuncias en contra de varios personajes de Morena.

De entrada, al denunciar casi al mismo tiempo a distintos liderazgos de la oposición morenista se crea y se refuerza la percepción de que el partido en el poder estatal, Acción Nacional, está francamente desesperado. Es una mala estrategia porque victimiza a sus opositores.

Sí, aunque algunos se lo celebren con la intención de quedar bien, la idea de que el gobernador se convierta en el coordinador general de la campaña de la alianza integrada por PAN, PRI y PRD es mala, pésima por el lado que se vea.

Francisco García Cabeza de Vaca debería entender que en las democracias se gana y se pierde. Él ganó hace seis años. El arcaico y esclerótico priismo, pese a todo, le respetó el resultado. Ahora, en 2022, habría que ver la decisión que tomen los ciudadanos en las urnas.

El gobernador Cabeza de Vaca debería pensar con calma y serenidad el legado político que quiere dejar en Tamaulipas: ser un garante de la vida democrática constitucional o ser un militante rijoso y conflictivo que cause destrozos por doquier en el sistema político estatal.

Cierto, al reynosense le costó mucho alcanzar el poder y, por eso, ahora lo quiere mantener a toda costa. Sin embargo, debe cobrar conciencia que su esfuerzo y su lucha, cuando él era oposición, contribuyó en el avance democrático de la entidad hace seis años. Ese esfuerzo no lo puede tirar al basurero de la historia con actitudes dictatoriales.

Es decir, Cabeza de Vaca está a tiempo de frenar y evitar un choque que incendie la lucha electoral con efectos devastadores… incluso, para él.

Y para cerrar

Mario Delgado, presidente nacional de Morena, estará hoy en Tampico para dar un posicionamiento de la 4T sobre las tronantes declaraciones que hizo ayer el gobernador Francisco García Cabeza de Vaca en contra de sus opositores guindas.

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