El derrumbe del PRI

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Opinión por Héctor Garcés

El PRI no fue creado para ser un partido político, sino para ser un apéndice del poder, una estructura burocrática desde la que se repartían cargos de elección popular por medio del ‘dedazo’, método utilizado por el gobernante en turno, auténtico tlatoani.

Tamaulipas es el más claro ejemplo de lo que nunca fue el Revolucionario Institucional: al perder la gubernatura del estado frente a los vientos del cambio en junio de 2016, el priismo colapsó, sufrió un estrepitoso derrumbe.

Sin un gobernador tricolor, los priistas pronto dieron muestras de no saber qué hacer. Acostumbrados a recibir dinero del aparato estatal para vivir y ‘operar’ como organización, la gran mayoría optó por abandonar el barco. Lo hicieron desde reconocidos liderazgos hasta los llamados coordinadores de área, los líderes de colonos.

La famosa estructura territorial priista, que se mantenía con recursos públicos, se vino abajo al registrar un acelerado proceso de fuga.

El priismo logró sobrevivir por un tiempo más en las ciudades donde ganó las alcaldías en 2016, como fueron los casos de Matamoros, Ciudad Victoria y Tampico.

Sin embargo, el PRI perdió dos años después esas presidencias municipales, las que ofrecían un tanque de oxígeno a la arcaica y esclerótica organización burocrática.

En 2018 irrumpió la ola ciudadana en busca de una esperanza transformadora que condujo a Andrés Manuel López Obrador a la presidencia de México y, una vez más, el escenario político tamaulipeco se cimbró con el impacto de un cambio en la correlación de fuerzas.

Ese cambio observado en la escena política de Tamaulipas con los resultados electorales de la elección presidencial derivó en el desplazamiento del disminuido PRI a una posición todavía menos relevante. El Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) se alzó, desde ese momento, en el gran adversario del PAN, partido en el poder del estado.

La irrelevancia del Revolucionario Institucional quedó de manifiesto en la elección de 2019 cuando se renovó el Congreso del Estado: el priismo no ganó una sola diputación local de las 22 que conforman el mapa político de la entidad.

El PRI estuvo a punto de convertirse en un ‘partido’ de un solo dígito: apenas alcanzó a rasguñar unas décimas para ubicarse por arribita de los 10 puntos porcentuales de la votación total de un proceso electoral que, cierto, fue frío, desangelado, de escasa participación ciudadana.

Rumbo a la elección 2021, con las 43 alcaldías en juego y una renovación más del Poder Legislativo, el comité estatal priista de plano se lanzó a la desesperada búsqueda de una alianza con el PAN-gobierno estatal. Lo que encontró fue una puerta cerrada, una persistente negativa a pactar una coalición. Desde la óptica de los vientos del cambio, el priismo era innecesario como aliado.

Lo que sí hizo Acción Nacional fue llevarse a los pocos liderazgos priistas que aparecían bien posicionados en las encuestas de algunos municipios: Yahleel Abdala, en Nuevo Laredo; Oscar Almaraz, en Ciudad Victoria; y Jaime Turrubiates, en Ciudad Madero.

Aquello fue un escándalo al interior de lo que quedaba del PRI. El PAN prácticamente se burlaba del priismo, pero también causó molestias entre la militancia blanquiazul, la que se quejó de falta de oportunidades.

Edgar Melhem, dirigente estatal del Revolucionario Institucional, trató de amortiguar las fugas como pudo. Con candidatos propios, el tricolor obtuvo una cosecha de votos que impidió que el PAN ganara las elecciones de Nuevo Laredo y Ciudad Victoria, hoy en manos de Morena.

Sin embargo, el PRI se quedó donde mismo: con 10 puntos porcentuales de la votación total en la entidad. Estancado o, mejor dicho, hundido, sin recursos para impulsar su recuperación territorial, el priismo tamaulipeco recibió la instrucción de su dirigencia nacional de establecer una alianza electoral con Acción Nacional en la contienda por la gubernatura del estado en 2022.

Esta singular coalición incluye a la desdibujada Revolución Democrática (PRD), partido que nada aporta, salvo el logo y el desprestigio.

Así llega el PRI a la elección del próximo 5 de junio, prácticamente desintegrado, en la última fase de su descomposición, con muy pocos votos que sumen a una extraña mezcolanza denominada ‘alianza’ que solo intensifica la pérdida de identidad de los partidos que la integran.

Y para cerrar

¿Qué tal?… Para dizque frenar la actual alza inflacionaria (producto de la guerra en Ucrania y de los últimos efectos de la pandemia), un método diseñado por los tecnócratas de la década de los ochentas: un Pacto de Solidaridad Económica. ¡No, bueno!

Carlos Salinas de Gortari, ‘El Maléfico’, debe sentirse muy orgulloso de sus ‘enseñanzas’.

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