Manzanas podridas

Crédito: Pop Lab

Nunca más

Opinión por Jacobo Dayán (@dayan_jacobo)

La discusión pública solo se focaliza en casos de violencia que alcanzan notoriedad, pero rara vez se trasciende al fenómeno. En el caso de los feminicidios, gracias a las movilizaciones feministas, sí hemos logrado como sociedad exigir que se resuelvan los casos y visibilizar el fenómeno. Eso no ocurre con el resto de las violencias.

La semana pasada miembros de la Guardia Nacional atacaron a un par de estudiantes de la Universidad de Guanajuato. Asesinaron a Ángel Yael Ignacio Rangel e hirieron a Edith Alejandra Carrillo. De nuevo estamos ante ejecuciones extrajudiciales por parte de militares. Casos similares se contabilizan por cientos y cientos donde la impunidad alcanza niveles casi absolutos.

Al tiempo de exigir verdad, justicia y reparación para este caso, la mirada debe estar puesta sobre el fenómeno. Como lo han dicho instancias internacionales, colectivos de víctimas, academia y organizaciones nacionales, estos asesinatos continuarán mientras la política de seguridad esté en manos militares y la impunidad sea la norma.

El fortalecimiento de las policías civiles ha sido abandonado por todas las fuerzas políticas. La propuesta ha sido la militarización y ante la falta de pedagogía social buena parte de la ciudadanía no ve con malos ojos la presencia militar. Sobre la justicia se sigue pensando que la FGR solucionará el problema de la impunidad. Nada más falso. La justicia en México se lee en clave política por todos los partidos. Mecanismos extraordinarios de verdad y justicia son la alternativa, pero hasta ahora tampoco cuentan con respaldo, ni social ni político.

Desde que en el gobierno de Felipe Calderón se decidió sacar a los militares a las calles el fenómeno se detonó. La política de seguridad ha dado, de facto, permiso para matar a las fuerzas del Estado. Esto queda de manifiesto por la impunidad, las cifras de letalidad y los cientos de casos en que presentan a civiles como miembros de bandas criminales. El Estado, por tres sexenios, ha descargado la seguridad en los militares al tiempo que abandona la justicia.

Los pocos procesos legales se han construido bajo la lógica del caso aislado o de la “manzana podrida”, dejando los fenómenos y sistematicidad de la violencia a un lado. Solo un puñado de casos han logrado atención mediática y social importante. Una vez que se despresuriza el caso, se diluye la atención y posible articulación. Lo que está podrido es el cesto de las manzanas: las fuerzas de seguridad y las instituciones encargadas de garantizar verdad y justicia.

No hay más que dos alternativas. Apuesta decidida por un modelo de seguridad ciudadana en manos de civiles, fiscalías verdaderamente independientes y mecanismos extraordinarios de verdad y justicia. La otra, seguir leyendo ad nauseam casos similares, cada tanto reaccionar y luego no hacer nada.

La seguridad, la verdad, la justicia, la vigencia del Estado de Derecho y, con ello, la viabilidad democrática y la paz son la agenda fundamental, el resto es ruido.

Jacobo Dayán. Especialista en Derecho Penal Internacional, Justicia Transicional y Derechos Humanos. Se desarrolla como docente, investigador, conferencista, activista, analista, columnista y consultor tanto en México como en el extranjero.

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