Un debate entretenido

Crédito: Ietam

El Kiosko

Opinión por Héctor Garcés

El debate entre los tres candidatos a la gubernatura de Tamaulipas cumplió con el propósito de todo programa televisivo: fue entretenido. Frente a lo que podía esperarse, no fue aburrido.

La política como espectáculo en los tiempos de la comunicación digital: Américo Villarreal, César Verástegui y Arturo Diez llegaron bien peinados y portando corbatas con colores de los partidos que los postulan, guinda, azul y naranja, respectivamente. Los tres con trajes de buen corte.

Así es: la imagen por encima de todo. Así lo dicta el marketing. Así lo establece el guión sugerido por los asesores y los equipos de comunicación.

Lo mejor para el show político fue el intercambio de golpes. Hubo de todo: golpes de derecha y de izquierda, incluso, irrespetuosos e innecesarios golpes bajos hacia el final del encuentro.

Efectivamente, hubo pocas propuestas, pero eso no es culpa de los candidatos, sino del organizador del evento, el Instituto Electoral de Tamaulipas (Ietam). Es imposible articular ideas y propuestas en uno o dos minutos. Menos si existen ataques que se deben responder. Simple y sencillamente no se puede.

Para que hubiera una confrontación real de proyectos, el árbitro electoral debería organizar más debates con otro tipo de formato y con un solo tema a tratar. Además, el debate debería durar, por lo menos, media hora más.

Un ejemplo: En 60 días de campaña, podrían darse fácilmente cuatro debates teniendo como sedes distintas ciudades del estado. En cada uno de esos debates se abordarían los temas más relevantes previa consulta o encuesta con los ciudadanos.

Sin embargo, es evidente que no se le puede pedir demasiado al IETAM, autoridad francamente limitada y desgastada. Es lo que hay, una institución con múltiples defectos, siempre bajo presión política del gobernante en turno.

La toma televisiva inicial mostró a los 3 candidatos sobre el escenario: Américo, al centro. El ‘Truco’ y Arturo Diez a los lados. La conductora Ana María Lomelí, profesional a lo largo del programa, explicó a detalle los tiempos, virtuales segundos, que tenían los aspirantes para exponer sus propuestas sobre los temas de desarrollo económico y empleo; salud; y seguridad pública.

César Verástegui fue el primero en tener la palabra. El nerviosismo del candidato de la alianza PAN, PRI y PRD era notorio. Eso es normal: las cámaras y los reflectores imponen. Sus mejores momentos llegarían más tarde, cuando lanzara su ofensiva en contra de Américo Villarreal.

Arturo Diez tenía todo para ganar el debate, pero dejó ir la oportunidad prácticamente desde el inicio de la confrontación televisiva. ‘Soy empresario, sé lo que es pagar nómina’, presumió como si ser integrante de la iniciativa privada fuera la cúspide a la que pudiera aspirar un ser humano. Nada más falso. Con ese planteamiento, el aspirante ‘fosfo fosfo’ dejó en claro su ubicación en el espectro político: la derecha. Esa es su esencia capitalista.

Lo peor fue cuando, en cada intervención o réplica, el candidato de Movimiento Ciudadano repitió hasta el cansancio de los televidentes y los cibernautas que él sí había recorrido cada uno de los 43 municipios del estado. La frase se convirtió en una fastidiosa ‘muletilla’ y, al concluir el debate, también se convirtió en un divertido ‘meme’, en una ácida y jocosa crítica en las redes sociales.

Américo Villarreal, el ‘gallo’ de la coalición establecida por Morena, PT y Partido Verde, comenzó con tono firme y seguro el debate. Explicó que se van atraer inversiones y se van a generar empleos para todos, en especial para los jóvenes. Prometió que la economía tamaulipeca se transformará.

No obstante, pocos minutos después fue ‘el blanco’ de la ofensiva de César Verástegui, quien, con los temas del caso Carmona y la falta de medicamentos para los niños con cáncer como ejes, se lanzó con todo en contra del aspirante morenista.

Por algunos instantes, Américo Villarreal estuvo a dos fuegos: ‘Truco’ y Arturo Diez lo tupieron con críticas. Era lógico: es el puntero y los adversarios lo quieren alcanzar. El doctor, con la presión encima, resistió y, por momentos, contraatacó. Trató, ante todo, de mantener la compostura y evitar, en lo posible, caer en el juego. El candidato de Morena nos recordó a Ernesto Zedillo en campaña, cuando el excandidato presidencial priista aseguraba que él sí sabía cómo hacerlo.

En su ofensiva, César Verástegui conectó buenos golpes contra la 4T, pero, en su ímpetu de ir hacia adelante y noquear al morenista, también trastabilló y resbaló. Una expresión como ejemplo: ‘Él (Américo) trae otros datos, pero ni los de él, ni los míos, pueden ser correctos…’.

Así lo dijo el ‘Truco’ mientras mostraba sus datos o, mejor dicho, los porcentajes de una encuesta que lo ubica en el primer lugar de la competencia electoral estatal.

En su última participación, el candidato de la alianza ‘Va por Tamaulipas’ recetó un irrespetuoso adjetivo calificativo en contra de Arturo Diez. No había necesidad de expresar esa palabra. Fue un exceso. En un debate político debe prevalecer el respeto.

Al final, como se pronosticó en días pasados en esta columna, los 2 principales candidatos a la gubernatura tamaulipeca se declararon ganadores. Eso también es normal, es parte del debate que genera cada debate. Los aspirantes tratan de imponer sus narrativas.

La realidad es que no se puede dar un veredicto sobre un triunfador. Esa decisión la tiene cada ciudadano que observó con atención el debate y la reflejará con su voto a la hora de ir a las urnas el próximo 5 de junio. Así será.

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