¿De qué hablamos cuando hablamos del Día del Libro?

Ilustración: Marco Patiño https://www.instagram.com/mappatino/

Elizabeth Pérez Trigo*

Desde 1926, por iniciativa del editor Vicente Clavel, en España se celebra el Día del Libro. Dicha celebración, en menos de 100 años, ha sufrido varias modificaciones. En un comienzo, Clavel eligió el 7 de octubre por ser, tentativamente, el día en que nació Cervantes; años después, cuando la propuesta se llevó a la Unesco para hacer de este día un acontecimiento internacional, se fijó el 23 de abril por coincidir en esta fecha el aniversario luctuoso de tres grandes escritores: Shakespeare, Cervantes e Inca Garcilaso de la Vega. Finalmente, en 1995, la Unesco proclamó el 23 de abril como el Día Mundial del Libro y (añadió) los Derechos de Autor.

En años consecutivos y con especial énfasis en los dos últimos (2020 y 2021), dicha institución ha resaltado la importancia de este día en torno a la lectura, su promoción y difusión con todo lo que ello implica. De esta forma, la fecha quedó consolidada como el Día Mundial de un conjunto de prácticas un tanto disímiles pero que, a falta de un mejor pretexto, se han reunido en la polivalente figura del libro.  Pero, entonces, ¿qué celebramos el Día Mundial del Libro? 

Desde su origen, este día ha estado estrechamente relacionado con la actividad editorial (desde la escritura hasta la venta), lo que establece un vínculo con el derecho de autor, de manera que la fecha sirve para recordar la necesidad (¿importancia?) de la propiedad intelectual; el reconocimiento de la figura del autor y el papel que juega tanto dentro del mundo creativo como del legal-editorial. Sin embargo, podemos objetar que el derecho de autor es una rama jurídica muy amplia, que va más allá de la literatura (toda creación artística o intelectual se ve protegida por estas normas), de manera que limitarlo a su relación con la escritura es ignorar buena parte de su propósito. 

Hablemos ahora de la lectura: misión impuesta por las instituciones en este día. La relación puede resultar obvia: todo libro debe leerse (aunque esto no sea necesariamente cierto). Promover el libro es promover la lectura; que la lectura es fundamental para la sociedad es una afirmación incuestionable. Pero, una vez más, las conclusiones son apresuradas. Hoy más que nunca leer no es una actividad exclusivamente relacionada con los libros ni con la literatura; hoy más que nunca un gran porcentaje de la población está leyendo todo el tiempo (qué lee y si esto vale la pena es otra cuestión). Por lo tanto, podemos decir que lo que se busca impulsar es la lectura de calidad (lo que quiera que esto signifique), de literatura o de interés social. 

Por otro lado, se habla también de la promoción de la lectura en la infancia, lo que, sin duda, busca crear un hábito que perdure a lo largo de la vida de aquellos niños; labor esta loable, considerando que con ello se forman, además de lectores, criterios. Mas, lo que también resulta incuestionable de todo este asunto es que formar una sociedad lectora es una tarea tan importante como compleja, de la cual el Día del Libro solo es una pequeña parte. 

Ahora bien, hablar del libro es tan amplio como hablar de cultura. Los hay de todo tipo, formas, temas, contenido; dirigidos a públicos diversos; libros hay muchos: de cocina, manualidades, de texto, legales, religiosos y un infinito etcétera. Aun así, cada vez que escuchamos sobre el Día del Libro, automáticamente pensamos en libros de literatura: los clásicos y los grandes éxitos. Lo cual no está del todo errado, a final de cuentas, el 23 de abril se recuerda a grandes figuras de la literatura.

Celebrar la literatura, el arte de la palabra y la expresión conjunta de pensamiento y emoción puede que sea el significado más amplio atribuido a esta o a cualquier fecha. ¿Por qué celebrar la literatura? Quizás porque, de entre todas las artes, esta sea la que nos acerca más a nuestra humanidad. Celebrar o conmemorar la literatura tal vez sea celebrarnos a nosotros mismos y lo que nos distingue en el mundo: el lenguaje. La palabra como la esencia del hombre capturada entre líneas; su historia impresa; su lucha con el exterior y, sobre todo, con el interior; la literatura y (por una extraña coincidencia) el libro como representación de nuestra especie. 

Así, celebrar la literatura, al autor, el libro (como producto del intelecto humano) y promover el acercamiento a esta esfera, todo en un mismo día, puede tener más sentido y dota de un significado mayor a la fecha. Cuando hablamos del Día Mundial del Libro, hablamos de distintos elementos,  todos ellos parte de un mismo mecanismo que, si bien forman un conjunto, también merecen y requieren, si no un Día Mundial propio, al menos, una mayor atención por parte de la sociedad.

Elizabeth Pérez Trigo. Estudió la Licenciatura en Lingüística y Literatura Hispánica en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, y la Maestría en Producción Editorial en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos. Actualmente se dedica a la edición, corrección de estilo y enseñanza de la literatura. Es miembro del grupo editorial Hoja suelta.

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