El sucio papel del PRD

El Kiosko

Opinión por Héctor Garcés

El Partido de la Revolución Democrática es una organización política carente de credibilidad, una agrupación devaluada y desprestigiada.

Para sobrevivir, para aspirar a un sueño guajiro, hoy tiene que hacer el trabajo sucio que ordene Acción Nacional, su patrón, su jefe. El PAN truena los dedos y el PRD obedece sumiso, sin chistar, en una humillante posición.

Ya nada queda de aquél partido que fundó Cuauhtémoc Cárdenas el 5 de mayo de 1989. El sol azteca es un membrete sin brillo, oscuridad absoluta, un logo que representa a unos cuantos que viven del recuerdo, de la nostalgia, de los tiempos de gloria izquierdista que nunca más volverán.

A nivel nacional, en la elección de 2021, el PRD perdió o no pudo recuperar sus prerrogativas o financiamiento público en 15 estados.

La Revolución dizque Democrática no pudo alcanzar siquiera el 3 por ciento de votación para tener derecho a recursos públicos en Baja California, Campeche, Chihuahua, Coahuila, Colima, Durango, Guanajuato, Jalisco, Morelos, Nuevo León, Querétaro, San Luis Potosí, Sinaloa y Tamaulipas.

¿Adivinen en qué estados les fue peor a los pocos perredistas que quedan? Sí, en Tamaulipas y en la vecina entidad de Nuevo León.

En la elección por el Congreso del Estado, el PRD cosechó una miseria en las urnas: solamente 15 mil 144 votos. Apenas el 1.09 por ciento de la votación total. Un porcentaje de vergüenza absoluta.

Hubo más votos nulos, 35 mil 410, que sufragios para el perredismo. Incluso, el Partido Verde y el ahora desaparecido Partido Encuentro Solidario (PES) obtuvieron más del doble de los votos que el devaluado sol azteca.

Dos años antes, en el proceso electoral de 2019 para renovar el Poder Legislativo de Tamaulipas, el PRD anduvo por las mismas, es decir, de manera lastimosa, por el suelo: sumó solamente 11 mil votos. Una cantidad que provoca risa.

Ahora, en la elección de 2022, cuando se disputa la gubernatura tamaulipeca, el PRD es el partido que hace el trabajo sucio que ordena el PAN-gobierno estatal.

Ni siquiera el PRI, el otro integrante que poco o nada aporta de la coalición ‘Va por Tamaulipas’, se ha rebajado a tanto, a un rol tan abyecto y ruin. 

Si alguien debe interponer una demanda por ese genial invento llamado ‘Caso Carmona’, para eso están los dirigentes del perredismo.

Si alguien tiene que presentar una denuncia ante el INE en contra del candidato de Morena y los alcaldes de la 4T, esa tarea corresponde a los perredistas.

Si alguien tiene que hacer una rueda de prensa exhibiendo como prueba un documento falso de una inexistente investigación en Texas en contra de quien será el próximo gobernador del estado, ya sabemos quiénes van a ensuciarse las manos sin importar el tamaño del dislate: los empleados del sol azteca.

Ese es el sucio y despreciable papel que desempeña el PRD en la alianza ‘Va por Tamaulipas’. Es un papel rastrero y servil, deshonroso desde cualquier ángulo de la escena política.

Al ser un partido que ni siquiera cuenta con prerrogativas a nivel estatal, la Revolución dizque Democrática es una organización compuesta por unos cuantos que están dispuestos a hacer cualquier cosa con tal de ser tomados en cuenta en el hipotético e iluso escenario de una victoria electoral de la coalición que forman parte.

Francamente desesperados, los perredistas llegaron a montar un ‘teatrito’ de escaso impacto la semana pasada y mintieron de manera cínica y descarada.

Ese es el vergonzoso y lamentable papel que toca realizar al PRD en la alianza ‘Va por Tamaulipas’, una coalición que se enfila, debido a una serie de gravísimas y costosas equivocaciones en su ‘cuarto de guerra’, hacia el despeñadero.

La reforma eléctrica que nunca fue ni será

La realidad política: el presidente Andrés Manuel López Obrador nunca quiso que se aprobara la reforma a la industria eléctrica.

Si lo hubiera deseado, la iniciativa la hubiera planteado en la Legislatura pasada, cuando tenía mayoría calificada en la Cámara de Diputados. ¿Por qué esperar hasta ahora cuando sabía perfectamente que la oposición integrada por PAN, PRI, PRD y MC, al contar con un mayor número de diputados federales, iba a batear su propuesta de fortalecer a la Comisión Federal de Electricidad (CFE)?

El señor de Palacio Nacional sabe que una reforma eléctrica nacionalista ya no es posible en una economía globalizada en la que intervienen múltiples intereses sumamente poderosos, tan poderosos que lo pueden derrocar de un día para otro. Basta recordar la presión en aumento del gobierno de Estados Unidos.

Frente a un escenario adverso, lo que seguramente hizo desde hace tiempo López Obrador ante los enviados de la administración norteamericana de Joe Biden fue establecer una negociación: no habrá reforma eléctrica, pero sí una reforma a la Ley Minera para proteger el litio. Eso está dentro de su margen de maniobra… y todavía no afecta tantos intereses extranjeros.

La oposición dirá que hicieron morder el polvo de la derrota al presidente de la república. AMLO tildará de traidores a los diputados opositores y, de paso, modificará la Ley Minera para verse victorioso, como un defensor de la patria muchas veces mancillada.

Mientras, quedará para la historia el circo, maroma y teatro que se escenificó ayer en la Cámara de San Lázaro. Puro show.

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