La importancia del discurso político

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Opinión por Héctor Garcés

En el primer capítulo de su libro ‘La Política’, Giovanni Sartori señala que ‘la política es el ‘hacer’ del hombre que, más que ningún otro, afecta e involucra a todos’. 

El pensador italiano desmenuza: ‘El hacer del hombre está precedido de un discurso (sobre el hacer)’. Con agudeza intelectual, precisa: ‘Si queremos comenzar por el principio, el principio es éste: el discurso sobre la política’.

Ese primer capítulo de ‘La Política’ de Sartori se titula ‘El Instrumento Lingüïstico’. El punto de partida de la política es la palabra. El lenguaje, constituido por palabras y significados para describir y explicar la realidad, es parte central del quehacer político.

El discurso, la retórica, es esencial en una actividad que, entre otras de sus características, se rige por la praxis. Eso es la política.

En la historia de la política ha habido discursos memorables. Una obra maestra de la retórica es, sin duda, el discurso de Martin Luther King en agosto de 1963, ofrecido en el Monumento a Lincoln, en Washington, en un momento clave del Movimiento por los Derechos Civiles en Estados Unidos. Con el estilo de un vibrante sermón religioso, ‘Yo tengo un sueño’ es un discurso que definió el ideario de una lucha por la libertad y la igualdad de los seres humanos.

En enero de 2008, durante la elección primaria del partido Demócrata, Barack Obama rindió un brillante e inolvidable discurso en el escenario del Nashua High School South, en New Hampshire. ‘Yes, we can’ (Sí, podemos), una frase simple pero de efecto contundente, por el ritmo de la sintaxis discursiva en su mensaje completo, una sintaxis descrita, por algunos, como poética. ‘Sí, podemos’, se convirtió en el slogan de una campaña ganadora y exitosa que hizo historia con la llegada del primer afroamericano a la Casa Blanca.

En México, el discurso que Luis Donaldo Colosio dio el 6 de marzo de 1994 durante el evento conmemorativo del 65 aniversario del PRI en el Monumento a la Revolución es una pieza histórica por múltiples razones. ‘Yo veo un México con hambre y sed de justicia’, expresó elocuente el candidato presidencial priista diecisiete días antes de ser asesinado de manera artera, en Lomas Taurinas, en Tijuana.

La importancia, la relevancia, la trascendencia del discurso político está fuera de toda discusión. La política, aunque pragmática, ya que debe resolver distintas problemáticas sociales y económicas, tiene como eje la palabra. Desde hace siglos, las culturas griega y romana, bases de la cultura occidental, dejaron en claro el valor de la retórica.

En ese contexto, en su primer discurso de campaña en busca de la gubernatura de Tamaulipas, César Verástegui Ostos, cuestionó la política de ‘abrazos, no balazos’ aplicada por el gobierno federal que preside Andrés Manuel López Obrador.

Sin embargo, la cuestionó con una palabra o, mejor dicho, una frase que, aunque algunos la quieran interpretar como coloquial, su estricto significado es otro.

‘¡Es una mamada!’, exclamó en su crítica el candidato de la alianza ‘Va por Tamaulipas tras ser alentado por un grupo de simpatizantes provenientes de una colonia de Ciudad Madero, quienes, por cierto, en una de sus porras, también habían coreado otra frase cuyo significado es, por decir lo menos, ‘explícito’ y ofensivo.

Está claro que el diseño narrativo de la campaña del aspirante a gobernador de la coalición integrada por PAN, PRI y PRD es hacerlo ver como un hombre de campo, como un ciudadano que es ‘raza’, que viene de un pequeño municipio rural y que se abrió camino por la vida en base a la cultura del esfuerzo y el trabajo diario. Eso está muy bien. Es una narrativa estimulante, que inyecta ánimo.

Sin embargo, el uso de palabras y expresiones como las utilizadas en su primer discurso ofrecido a la orilla de la laguna del Carpintero en Tampico puede ser rechazado de forma tajante por otros sectores de la población que esperan, en una campaña electoral por una gubernatura, un nivel más elevado de ideas y propuestas.

La intención de una campaña política es sumar simpatías, captar adeptos que se reflejen, durante la jornada electoral, en miles de votos. Para lograr ese objetivo, el discurso debe estar estructurado para convencer a los ciudadanos.

Si quiere llegar a la meta electoral anhelada, el candidato de la alianza ‘Va por Tamaulipas’ deberá omitir esas palabras y expresiones que pueden ser consideradas o interpretadas como ofensivas e insultantes por ciertos sectores de la población.

Es la hora de las ideas y las propuestas. Es la hora de elevar el nivel del discurso por el bien del estado. Es la hora de rescatar el valor de la retórica, el valor de la palabra.

La campaña de panistas, priistas y perredistas todavía está a tiempo de corregir y evitar lo que es catalogado como violencia verbal.

Y para cerrar

En el segundo día de campañas electorales en Tamaulipas, los tres candidatos a la gubernatura gastaron la suela de los zapatos.

Américo Villarreal, de la coalición Morena, PT y Partido Verde, estuvo en Nuevo Laredo. Por supuesto, se reunió con los agentes aduanales y los transportistas. También pegó calcomanías en un crucero y se tomó muchas ‘selfies’ con la gente.

César Verástegui, de la alianza conformada por PAN, PRI y PRD, hizo campaña en Reynosa y luego se fue a Río Bravo donde encabezó una caminata para pedir el voto.

Arturo Diez, aspirante de Movimiento Ciudadano, continuó su gira por la zona metropolitana del sur de Tamaulipas. Inició el día con una rueda de prensa.

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