Un cabeza de huevo en la política tamaulipeca

Opinión por Guadalupe Correa-Cabrera

Los eventos más recientes acontecidos en el importante estado fronterizo de Tamaulipas han desencadenado una serie de acciones de alto impacto a nivel estatal, regional, federal, y hasta de política exterior, que no pueden pasar desapercibidas. Éstas se llevan a cabo en un momento crucial en el cual se define al mismo tiempo el rumbo de la política del Estado, la estabilidad del noreste mexicano y las relaciones bilaterales con Estados Unidos. Lo que sucede en Tamaulipas es de gran importancia para el gobierno de Andrés Manuel López Obrador y el futuro del partido Morena. Así lo debería estar considerando, pues si se pierde Tamaulipas en el proceso electoral de junio de este año para elegir nuevo gobernador, el gobierno federal estaría perdiendo todo el noreste mexicano—sin exagerar—y, por lo tanto, se ampliaría la dependencia de México ante Estados Unidos, y se continuaría perdiendo el control de una parte de sus recursos naturales estratégicos.

Recordemos que esta región—y principalmente las zonas donde se ubican los recursos naturales estratégico de Tamaulipas, Nuevo León y Coahuila—experimentó recientemente un conflicto armado de alta intensidad debido a la llegada de grupos paramilitares criminales y a la operación directa de las Fuerzas armadas en el marco de lo que el expresidente Felipe Calderón Hinojosa denominó la “Guerra contra el narco”. La militarización de lo que algunos llaman “narco”, así como de la lucha contra estos grupos criminales ha tenido consecuencias funestas para la población de esta región, que algún día vivió en paz y que es rica en hidrocarburos y otros recursos naturales clave para la producción de energías (tanto “verdes”, como las catalogadas como “sucias”).

Cabe destacar que Estados Unidos ha mantenido las alertas, el interés y la presencia en esta zona—con miras hacia una acción más directa. Esto último se puede constatar dando seguimiento a los dichos de algunos legisladores y políticos estadounidenses (entre ellos los del expresidente Trump cuando se refirió a los “bad hombres”) y al revisar los intentos de denominar a los que ellos llaman “carteles mexicanos” como organizaciones terroristas internacionales. Es casi imposible determinar el alcance de las acciones encubiertas de las agencias federales estadounidenses en el noreste mexicano, pero existen algunos testimonios que aseguran (ayer y hoy) una presencia de las mismas en territorio clave. Esto, según algunas fuentes (más ninguna verificable ni del todo confiable), tuvo que ver con los sucesos recientes.

En el marco de lo que el gobierno mexicano—en voz de su Canciller Marcelo Ebrard—denominó recientemente como “el gran golpe de la década”, Juan Gerardo Treviño Chávez, alias “Huevo”, fue deportado a Estados Unidos la semana pasada—bajo condiciones poco claras, e incluso cuestionadas por la familia del capo. Muchos piensan que la deportación responde a acuerdos entre los gobiernos de Estados Unidos y México que implican muchas otras cosas que no desean que sepamos.

La detención de quien fuera parte del clan de los Treviño [antes líderes de los Zetas, como el Z-40 y el Z-42, Miguel Ángel y Omar Treviño Morales] y hasta hace poco fungiera (según la versión “oficial”) como jefe de plaza y después como líder del Cártel del Noreste (CDN), provocó una violencia inusitada (aunque esperada) en la Ciudad de Nuevo Laredo. Alrededor de estos sucesos existe demasiado morbo e incertidumbre, lo cual se ha prestado a la especulación. Por ejemplo, se habla de traiciones entre el “Huevo” y sus tíos; también se habla de ataques del crimen organizado al consulado estadounidense por la supuesta presencia de fuerzas armadas extranjeras realizando operaciones encubiertas en territorio mexicano. [Nada de esto es verificable, pero reporto algunas informaciones contenidas en la prensa local, en blogs o en las redes sociales].

Nuevo Laredo es una ciudad fronteriza clave, donde se ubica el puerto terrestre más importante de toda la frontera. Por aquí se dice que también transita la mayor parte del comercio de lo ilícito entre Estados Unidos y México—siendo el tráfico de drogas un elemento fundamental de estos flujos comerciales ilegales. Por ello, esta plaza es estratégica para los grupos del narcotráfico y la delincuencia organizada en general. Cabe destacar que el control de la aduana en esta ciudad es clave para entender lo que sucede en la política local, estatal y a nivel nacional.

Después de la captura y posterior deportación [en vez de una extradición fast-track] de “El Huevo” Treviño, se dispara—como era de esperarse—la violencia en la ciudad. Sin embargo, ésta llega al consulado de Estados Unidos, lo que ocasiona que el gobierno de ese país cierre indefinidamente su consulado en Nuevo Laredo y emita una alerta para no viajar a Tamaulipas. Al mismo tiempo, el gobierno mexicano procede al envío de más soldados a Nuevo Laredo y a la instalación de dos unidades militares nuevas, cada una con un máximo de 600 soldados; dicho proyecto de militarización incluye al estado de Nuevo León. Lo anterior se da en el marco de la visita a México del Secretario Alejandro Mayorkas, jefe del Departamento de Seguridad Nacional (Department of Homeland Security). Esta visita sucede en un momento crucial, si atendemos al hecho de que Estados Unidos celebra elecciones intermedias este año en medio de la guerra en Ucrania y su potencial extensión a otras regiones de Eurasia—todo ello aunado a la llegada a la frontera México-Estados Unidos de refugiados provenientes de la zona de conflicto bélico.

El ambiente político en Tamaulipas se encuentra muy enrarecido y los pronósticos, en mi opinión, son inciertos. Es difícil vislumbrar lo que sucederá a unos pocos días antes de comenzar las campañas electorales para elegir un nuevo gobernador. El actual mandatario estatal se encuentra amparado para no enfrentar un proceso de desafuero (ya aprobado por el Congreso, a nivel federal) y ser juzgado por presuntos crímenes múltiples de altísima severidad. Parecería ser que una investigación oficial—que confirma lo que muchos aprendimos por diversos medios a lo largo de varios años—se desmorona y no hay quien la desee mantener. Aunque la libertad del gobernador de Tamaulipas se otorga en los términos que marca la ley, la situación, a decir de muchos, ocurre en condiciones que parecen sospechosas y que no se podían anticipar.

El acusado parece tranquilo, parece avanzar en sus objetivos como si nada hubiera sucedido, actúa de forma valentona y se apresura (en pleno proceso de decisión de su desafuero) a fotografiarse con sus aliados estadounidenses en Washington y Texas y hasta con su mayor rival político, el presidente de la República. Esto último se percibe lo hace a manera de desafío o, según muchos, con afán de humillación. Lo anterior, según algunos, sugiere una “tregua” entre Morena y el gobernador en desgracia a cambio del control político del estado. A otros los hace pensar en las jugadas maestras de esos tahúres embaucadores que enseñan su as bajo la manga como estrategia de juego, intuyendo o realmente conociendo (pues hicieron trampa) el lado “flaco” de su (también tramposo, pero menos hábil) rival.

Entretanto, los principales operadores de Morena en el estado y a nivel nacional parecen (o por lo menos dicen) estar tranquilos; presumen su honestidad y sus buenos oficios. Presumen una gran ventaja en las encuestas (que según algunos ya no parece tan clara) y dicen tenerlo todo bajo control. Y ojalá sea así, pues después de décadas de gobiernos priistas, de una confabulación siniestra entre la delincuencia organizada y la clase política tamaulipeca, y un sexenio panista que reforzó y amplificó los vicios del pasado, Tamaulipas se merece una verdadera transformación y eventualmente la paz. No obstante lo anterior, y en opinión del algunos escépticos, el camino hacia la Cuarta Transformación no será sencillo y tampoco es inminente.

Morena Tamaulipas parece ser hoy en día un partido bastante dividido (aunque fuentes confiables y confiadas señalen lo contrario). Entre impugnaciones de una candidata clave, renuncias a la bancada de Morena, pérdida de la mayoría en el congreso y guerra sucia, transcurre la víspera de las campañas para que los tamaulipecos elijan gobernador. El candidato de Morena, además de su falta de carisma y aparente falta de compromiso y de pericia política (a decir de algunos) parece no generar ni la suficiente confianza, ni las suficientes simpatías, ni al interior de Morena, ni fuera del partido. Algunos lo describen como “un expriísta, hijo de un exgobernador priísta de relativamente buena reputación que presume su herencia y su ascendencia, y que se cree el heredero de un puesto político.” Américo Villarreal no parece ser un hombre de ideas que sume o levante pasiones; si es un hombre cuyo apellido, según algunos, lo calificaría para el puesto.

Un partido dividido, con un candidato que se percibe gris—en medio de grandes intereses extranjeros y empresariales (que el hoy gobernador sí supo atender y defender como su dócil empleado)—parece tenerla difícil. Además, se enfrenta con un contrincante que se mueve con soltura y con toda la experiencia, y que va a defender a su amigo el gobernador con enjundia y sin reparos. Pero esto no es lo que más inquieta a los escépticos. Lo más preocupante de todo resulta el fuego amigo que lanzan al candidato de Morena desde un ala mezquina de su propio partido. Sin embargo, a nadie sorprende la traición del esbirro de quien es actualmente (y de facto) el principal aliado de la oposición [y que se encuentra ubicado irónicamente dentro de Morena]. Hablamos del traidor Monreal, quien opera en varias partes en contra de su propio partido. A nadie sorprenden su guerra sucia, ni lo obscuro de sus estrategias.

Lo que sorprende o más bien, lo que preocupa, son los dichos de quien parece ser un Caballo de Troya dentro de Morena [me refiero a Ricardo Monreal]. Algunos aseguran que, “sin querer queriendo”, opera indirectamente para el gobernador panista y para su candidato, quienes representarían a la coalición “Va Por México” y a los intereses de toda la oposición a nivel federal enarbolada por Claudio X, la plataforma LatinUS y las grandes empresas del sector energético transnacional. Sorprende también lo que dice su llamado “esbirro” enviado desde la Ciudad de México, Alejandro Rojas Díaz Durán, y las imputaciones que hace este último en relación a un caso que se antoja más que delicado: el caso de los hermanos Carmona Angulo.

No hay enemigo pequeño y menos cuando el enemigo está adentro, y mucho menos cuando se encuentra el futuro de la política nacional de por medio. Desde mediados del año pasado, el Departamento de Justicia de Estados Unidos informó que la Procuraduría estatal en Texas investiga una red de tráfico de combustibles (le llaman coloquialmente “huachicoleo”) en Tamaulipas liderada por personajes identificados como financistas del Partido Morena en México (https://mexicocodigorojo.com.mx/2021/06/investigan-en-texas-a-red-de-huachicoleo-que-financia-a-morena-en-tamaulipas/). Fuentes de inteligencia del vecino país revelaron que “las cuotas y el contrabando por la importación ilegal de hidrocarburos en pipas eran operadas directamente por parte de redes de contrabando en la Aduana de Reynosa, protegidas por los hermanos Carmona Ángulo.”

Para dar un poco de contexto, uno de los hermanos Carmona Angulo fue ejecutado en el municipio de San Pedro Garza García en Nuevo León y el otro hermano se acogió al Programa de Testigos Protegidos (Witness Security Program) del Departamento de Justicia de Estados Unidos. En el vecino país, los investigadores judiciales deben tener mucha información sobre la red de tráfico de combustibles. Los estadounidenses, fieles a su tradición, siempre tienen información que compromete a políticos mexicanos corruptos de todos los colores y de todas las ubicaciones en el espectro ideológico.

En toda esta trama, suenan los nombres de personajes allegados a Morena, por ejemplo, de quien fuera titular de la Administración General de Aduanas (AGA), Ricardo Peralta Saucedo; también se menciona el nombre del diputado federal Erasmo González Robledo; del alcalde de Ciudad Victoria, Eduardo Gattás; y del también morenista José Ramón Gomez Leal, (vaya ironía) cuñado del gobernador Cabeza de Vaca. El representante de Monreal en Tamaulipas, Alejandro Rojas Díaz Durán, vincula a estos personajes con los Carmona, y los relaciona a su vez con el mismísimo Mario Delgado y con el actual candidato de Morena a la gubernatura, Américo Villarreal—con todo lo que ello representa. Al hablar de la “carmonización” de Morena en Tamaulipas, Rojas Díaz Durán plantea vínculos del partido del cual es miembro a actos de corrupción y a actividades ilícitas o delincuencia organizada. Así, la voz de Monreal en el estado abona a la división interna de Morena, debilita a sus miembros y representantes, fortalece al gobernador y nos planta algunas dudas, que a la luz de los últimos sucesos, les parecen a algunos escépticos, algo así como “dudas razonables”.

¿Será Morena Tamaulipas un partido “carmonizado” como lo plantea Rojas Diaz Durán? ¿Qué información (de ser el caso) podría tener Estados Unidos que vincule a algunos miembros del partido del Presidente—o a otros más—a actividades ilícitas, actos de corrupción o delincuencia organizada? ¿Qué sabe Cabeza de Vaca que se le ve tan tranquilo y jovial a pesar de que fue desaforado por supuestos delitos graves? ¿Qué más hay en ese expediente que aún no hemos conocido? ¿Por qué Américo Villarreal no se manifiesta abierta y explícitamente en contra de los supuestos actos delincuenciales del gobernador? ¿Por qué perdió Morena la mayoría en el Congreso y no parecen preocuparse por ello? ¿Por qué AMLO se tomó una foto incómoda con el gobernador, quien la circuló ampliamente, quizás como un símbolo de victoria?

Los operadores y simpatizantes de Morena tienen una respuesta para las últimas preguntas, pero no para las primeras. Tarde o temprano conoceremos directa o indirectamente lo que en realidad está pasando—incluyendo lo que está detrás de la deportación del “Huevo”. Esperemos que esto sea sólo un episodio de dos hermanos corruptos que se infiltraron en Morena sin mayores consecuencias. Esperemos que el esbirro de Monreal sólo esté haciendo el ridículo, exhibiendo su mezquindad. Esperemos que Morena gane la gubernatura de Tamaulipas; esto último sólo en caso ser un partido “distinto” formado por gente honesta. Ya ha sufrido mucho ese estado, por la violencia del narcotráfico, la delincuencia organizada, los paramilitares criminales, y el saqueo de sus recursos por políticos oportunistas, vendepatrias y corruptos.

La detención del “Huevo” Treviño, los sucesos alrededor de este caso, así como las consecuencias finales de lo que califica el gobierno federal como el “gran golpe de la década” impregnan de dudas a los escépticos. Por fin, los estadounidenses lograron que México retomara su estrategia de militarización clara en el noreste de México. ¿Qué sabrán los estadounidenses? ¿A qué acuerdos se llegaron después de la visita de Mayorkas? ¿Estará toda la trama que aquí planteo relacionada? Quizás no y quizás la especulación realizada a partir de lo dicho por los enemigos de Morena es totalmente equivocada. Ojalá así sea.

Estudio la política y el crimen organizado en Tamaulipas desde el año 2009 y nunca deja de sorprenderme lo que aquí sucede. Cuando pienso que ya por fin estoy entendiendo las dinámicas tamaulipecas, me decepciono, reculo, y me doy cuenta que casi no comprendo. Llego a la conclusión de que en Tamaulipas todo es siempre muy incierto. De lo que sí estoy segura es que Tamaulipas es un estado clave, tanto por su forma, como por localización geográfica (tiene costa y tiene frontera) y por sus recursos naturales estratégicos. La importancia de los recursos se extiende por todo el noreste. Pienso que lo que está en disputa ahora no es sólo Tamaulipas, sino todo el noreste mexicano—en materia económica y en materia política.

Si pierde Morena Tamaulipas, se pierde el noreste mexicano, y con esta pérdida se sabe lo que se viene. No entiendo cómo Morena Tamaulipas no da tanta importancia a que hayan perdido la mayoría en el Congreso local. Recordemos que para que se apruebe la propuesta de reforma al sector eléctrico se requiere, a su vez, su aprobación por parte de la mayoría de los congresos locales. Aunque gane el candidato de Morena las elecciones a Gobernador, un congreso de mayoría opositora augura un muy mal desempeño.

Se perdió Nuevo León en 2021 y, según me dicen, se puede perder Tamaulipas en el 2022. Yo no me confiaría. Detrás del bloque opositor se encuentran, según nos cuentan, además del fuego amigo, poderosos empresarios nacionales y extranjeros, muchos recursos y operadores mañosos y muy hábiles. Algunos también se refieren a LatinUS, las compañías de energía de Texas, al Grupo Monterrey y al mismísimo “Innombrable” (lo cual no es aún verificable). En este momento el ambiente se mantiene enrarecido y flota en el aire el fantasma de la traición, la corrupción, las posibles treguas, el quid pro quo, y la militarización impuesta a cambio de información que compromete. La carrera apenas comienza y ya están en Estados Unidos el “Huevo” y el Carmona sobreviviente.

Guadalupe Correa-Cabrera. Profesora Asociada en la Universidad de George Mason (Virginia, EEUU) y se encuentra afiliada al Woodrow Wilson Center en Washington, DC y al Centro México del Baker Institute en la Universidad de Rice. Es autora del libro Los Zetas Inc. (Editorial Planeta, 2018).

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