Una añeja y áspera disputa

Crédito: Revolucióntrespuntocero

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Opinión por Héctor Garcés

Corría el mes de enero de hace diez años, 2012. El Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) todavía no existía como partido político.

La lucha por la candidatura del PRD y la alianza de las izquierdas a la Jefatura de Gobierno se encontraba en su momento climático.

Por esos días, Alejandro Rojas Díaz Durán, en calidad de secretario de Turismo de la administración capitalina que entonces encabezaba Marcelo Ebrard, se encontraba en Madrid, España, para asistir a la Feria Internacional de Turismo.

Iba a recoger un premio alcanzado por las políticas públicas aplicadas en materia turística en la Ciudad de México durante el mandato marcelista, pero… por andar de lengua suelta, problema que no ha podido controlar, volvió sin trabajo.

Al llegar a la capital española, ofreció una rueda de prensa. Habló, por supuesto, de los objetivos logrados en el ramo del turismo.

Sin embargo, protagónico como es, abordó un tema que tenía prohibido tocar, una prohibición impuesta por el propio Marcelo Ebrard: el proceso interno para elegir al candidato perredista a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México.

No sólo tocó el tema en un momento decisivo, sino que ‘destapó’ a Miguel Ángel Mancera como el futuro candidato de la alianza de las izquierdas a la capital del país.

El escándalo se desató: ¿Cómo era posible que un funcionario del gabinete de la Ciudad de México opinara de manera abierta sobre la selección del candidato y hasta diera el nombre de quien iba en primer lugar de las encuestas?

Marcelo Ebrard se comunicó vía telefónica y le exigió la renuncia. Alejandro Rojas Díaz Durán, quien seguramente ya tenía un acuerdo político con Miguel Ángel Mancera, reconoció su error y presentó su renuncia desde Madrid.

Dos aspirantes, con justa razón, pusieron ‘el grito en el cielo’: Alejandra Barrales, entonces diputada local y exnovia de Mancera, y… Mario Delgado, quien se desempeñaba como secretario de Educación en el gobierno capitalino y considerado como el consentido de la gestión marcelista.

Incluso, Alejandra Barrales, sumamente molesta, se levantó de la mesa de negociaciones que presidía Manuel Camacho Solís, padrino político de Ebrard.

Desde entonces, desde hace una década, viene el pleito político que sostienen Mario Delgado y Alejandro Rojas Díaz Durán. No se pueden ver ni en pintura. No se soportan.

La historia puso a cada quien en su lugar: tras el favor que le hizo desde España a Miguel Ángel Mancera, Rojas fue designado coordinador del proyecto de gobierno de quien finalmente fue el candidato y posteriormente mandatario de la Ciudad de México.

Tres años después, en 2015, Alejandro Rojas renunció al PRD tras ser invitado por Ricardo Monreal a incorporarse a Morena. Desde esa fecha, Rojas se ha vuelto un incondicional del político zacatecano, actual líder morenista de la Cámara de Senadores, aunque ya distanciado del primer círculo del presidente Andrés Manuel López Obrador.

Mario Delgado no pudo alcanzar la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México en 2012, pero fue recompensado con la senaduría que alcanzó en las urnas ese mismo año. Desde el senado, durante el sexenio de Enrique Peña Nieto, se mantuvo leal a Marcelo Ebrard, perseguido por el entonces presidente de la república y por… Miguel Ángel Mancera.

En aquella rueda de prensa que se escenificó en Madrid hace diez años, Alejandro Rojas Díaz Durán calificó a Mancera como un ‘marcelista leal y confiable’. Al final, se comprobó que Miguel Ángel Mancera no era lo uno, ni lo otro. Traicionó a Ebrard desde el momento en que se sentó en la silla del poder ejecutivo de la capital del país.

El odio entre Mario Delgado y Alejandro Rojas se intensificó cuando ambos buscaron la presidencia nacional de Morena en 2020.

En realidad, el suplente y consejero de Ricardo Monreal nunca tuvo oportunidad alguna de alcanzar la dirigencia del Movimiento de Regeneración Nacional. Eso se confirmó cuando ni siquiera apareció en la encuesta final para elegir al nuevo líder del partido.

Mario Delgado, por el contrario, siempre fue la carta de Palacio Nacional para llegar a la presidencia nacional de Morena. Cierto, fue una recomendación de Marcelo Ebrard, pero fue el presidente Andrés Manuel López Obrador el que lo cobijó y lo impulsó.

Ahora, después de conducir los procesos internos para elegir a 21 candidatos morenistas a gobernadores, entre ellos, el de Tamaulipas, Mario Delgado sabe a la perfección ante quien debe consultar y rendir cuentas.

Esas cuentas no se rinden en la Secretaría de Relaciones Exteriores, sino en Palacio Nacional, centro del poder de la Cuarta Transformación.

Esa es la historia de la añeja y áspera disputa que sostienen Mario Delgado y el caricaturesco Alejandro Rojas, un político que es usado por Ricardo Monreal para golpear a sus adversarios, como lo ha hecho de manera grotesca con Yeidckol Polevnsky y con el gobernador de Veracruz, Cuitláhuac García.

La confrontación con Mario Delgado es una disputa que se remonta a 10 años atrás, cuando Alejandro Rojas traicionó la confianza de Marcelo Ebrard y buscó sin freno los brazos de Miguel Ángel Mancera.

Esa es la historia.

Y para cerrar

Alejandro Rojas Díaz Durán siempre quiere dar la idea de que formó parte de la Corriente Democrática y que respaldó la candidatura presidencial de Cuauhtémoc Cárdenas en 1988, pero eso es falso.

Rojas renunció al PRI hasta 1996… cuando era diputado federal, en el sexenio de Ernesto Zedillo.

Y ojo: luego se acercó a Manuel Camacho Solís y a Marcelo Ebrard, quienes fundan el Partido del Centro Democrático en 1999.

Manuel Camacho fue el candidato presidencial en la elección de 2000 e hizo el ridículo al obtener el 0.55 por ciento de la votación; y Marcelo Ebrard aspiró, por primera vez, a ser Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, pero, finalmente, declinó a favor del entonces perredista Andrés Manuel López Obrador.

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