AMLO y “los golpistas”

Al frente, el empresario Gustavo de Hoyos, el presidente del INE, Lorenzo Córdova; y el empresario Claudio X. González.

Explicador político

Opinión por Ernesto Núñez (@chamanesco)

Andrés Manuel López Obrador busca opositores.

A falta de partidos políticos articulados, con base social, discurso, programa y estrategias electorales exitosas, el presidente busca a sus antagonistas en el periodismo crítico, los medios de comunicación, la sociedad civil, la academia, la élite intelectual tradicional y los organismos constitucionales autónomos.

A lo largo de 791 conferencias de prensa mañaneras, el presidente ha ido reproduciendo la narrativa de sus tres campañas presidenciales: la del eterno opositor enfrentando a un régimen corrupto que benefició a unos cuantos.

López Obrador no habla como el titular del Poder Ejecutivo, sino como el líder de un movimiento en lucha contra los neoliberales “que saquearon al país”.

Su retórica actual -reproducida por sus simpatizantes y los ideólogos de su movimiento- apunta hacia una trama golpista en la que se habrían coludido todo tipo de intereses empresariales y mediáticos, nacionales y extranjeros.

En su épica de la cuarta transformación, a los partidos políticos los concibe como actores de reparto, y no como los principales protagonistas de la oposición.

En ese sentido, al presidente le preocupa más el “bloque conservador”, que la alianza Va por México. Le inquietan los “conservadores golpistas”, más que los senadores y diputados que tratarán de impedir sus reformas.

Le dedica más tiempo de sus mañaneras a los periódicos y medios que lo critican, que al PAN, el PRI, el PRD o MC.

Ha hecho decenas de menciones a Enrique Krauze, Héctor Aguilar Camín o Carlos Loret de Mola -y recientemente ha arremetido contra Carmen Aristegui-, pero ni siquiera ha pronunciado los nombres de Marko Cortés, Alejandro Moreno, Jesús Zambrano o Dante Delgado.

Habla con frecuencia de Claudio X. González, pero ni siquiera conoce el nombre de los coordinadores parlamentarios de la oposición.

En su lógica, quienes le están disputando el poder no son los actores políticos habilitados legalmente para ello, sino un conglomerado al que en agosto de 2020 llamó “Bloque Amplio Opositor”, que cada semana ensancha más, y que hoy es acusado de fraguar un “golpe blando”.

Nunca, en la historia reciente del país, un presidente había hablado abiertamente y con tanta crudeza de periodistas y medios de comunicación, acusándolos de conspirar en contra de su proyecto.

Nunca se había descalificado personalmente a periodistas, exhibido sus salarios o exigido que informen sobre sus ingresos a sus audiencias.

La reacción al reportaje sobre la casa que rentó en Houston su hijo, José Ramón López Beltrán, ha sido virulenta, y ha provocado una escalada de descalificaciones entre los simpatizantes y los detractores del gobierno.

Sobran las diatribas y escasean los puentes entre unos y otros.

Y lo cierto es que los partidos políticos a los que derrotó en 2018 parecen estar jugando un papel secundario en medio de esa confrontación.

PAN, PRI y PRD tuvieron que coaligarse en 2021 para enfrentar a Morena y sus aliados electorales y legislativos, PT y PVEM. Lograron arrebatarle a la 4T la mayoría calificada en la Cámara de Diputados, pero perdieron 13 de 15 gubernaturas en disputa.

Luego convirtieron la alianza Va por México en un bloque legislativo de 200 diputadas y diputados que, con más estridencia que eficacia, toma banderas como la defensa del periodismo y la libertad de expresión.

Pero no han logrado articular una agenda común, más allá de la crítica al gobierno y la intención de frenar o al menos complicar las reformas anunciadas por el lopezobradorismo.

Panistas, priistas y perredistas han unido fuerzas en cuatro de los seis estados que renovarán sus gubernaturas en este 2022 (Aguascalientes, Durango, Hidalgo y Tamaulipas), pero transitan con las mismas prácticas y personajes que provocaron el desprestigio por el que fueron echados del poder.

Los partidos han decidido hacer el vacío al ejercicio de Revocación de Mandato, y están llamando a sus militantes a no votar “para no hacerle el caldo gordo” a López Obrador.

Pero, frente a la revocación, no han sido capaces de construir nada que movilice a sus estructuras o entusiasme a sus votantes.

Los viejos partidos arremeten contra la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, a quien ya ven como segura candidata presidencial de Morena en 2024.

Ya lograron arrebatarle media ciudad en los comicios de 2021. Pero carecen de una figura medianamente posicionada para comenzar a construir una candidatura competitiva. Y sólo les quedan dos años para presentar a su presidenciable en sociedad.

Ante esos vacíos, la lucha del presidente ya no es contra aquellas fuerzas políticas que durante 18 años le cerraron el paso, sino contra “los golpistas” -muchos de ellos imaginarios-, a quienes ha decidido combatir abiertamente.

No es lo óptimo, un país en el que el presidente ve a un conspirador en cada periodista, en cada crítico o en cada personaje que no milite en su causa. Tampoco lo es un país con una oposición que brilla por su ausencia e ineficacia.

Ernesto Núñez Albarrán. Periodista desde 1993. Estudió Comunicación en la UNAM y Periodismo en el Máster de El País. Trabajó en Reforma 25 años como reportero y editor de Enfoque y Revista R. Es maestro en la UNAM y la Ibero. Iba a fundar una banda de rock progresivo, pero el periodismo y la política se interpusieron en el camino. Analista político, actualmente es asesor en el Instituto Nacional Electoral.

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