La falta de ‘cuadros’ del cabecismo

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Opinión por Héctor Garcés

Uno de los pecados que cometió el cabecismo al tomar el poder en Tamaulipas fue no impulsar ni consolidar ‘cuadros’ del panismo en el aparato gubernamental del estado.

En su intento, finalmente fallido, de dejar como sucesor a su hermano, Ismael, o alguno de sus familiares cercanos, el gobernador Francisco García Cabeza de Vaca no dejó crecer a la mayoría de los integrantes de su gabinete, ni tampoco dio ‘jugada’ a los liderazgos de otros grupos y corrientes de Acción Nacional.

El mandatario estatal operó a lo largo de su gobierno por medio de dos personajes que hoy son figuras centrales en esta muy activa primera semana del 2022 tamaulipeco: César Verástegui Ostos, virtual candidato del PAN a la gubernatura, y Gerardo Peña Flores, quien ayer tomó protesta como nuevo secretario general de gobierno.

Gerardo Peña Flores inició el sexenio de los vientos del cambio como integrante fundamental del primer equipo cabecista. Desde entonces, muchos lo veían en la lista final de aspirantes blanquiazules, pero su estrepitoso fracaso en las urnas del Distrito 9 de Reynosa en la elección del 6 de junio de 2021 terminó con su sueño.

Su primera encomienda fue el manejo de la estratégica Secretaría de Bienestar Social (Sebien), un área que, a lo largo de cinco años y tres meses, nunca alcanzó la eficacia que tuvo en los tiempos del sistema político priista (entonces Secretaría de Desarrollo Social), cuando era una auténtica maquinaria territorial.
En una ocasión, en el segundo año del mandato cabecista, Gerardo Peña estuvo a punto de ser destituido de la Sebien. Algo que hizo o no hizo desató la molestia del más alto mando y el oriundo de las tierras regias estuvo a un ‘tris’ de perder el cargo. Una reflexión profunda sobre las consecuencias de esa ‘salida’ provocó que se metiera reversa a una decisión prácticamente tomada.

Después, Gerardo Peña llegó al liderazgo del Congreso del Estado tras la rotunda victoria, virtual ‘carro completo’, del PAN en la elección de 2019, un proceso que se caracterizó por la escasa participación ciudadana, la que apenas llegó a 33 por ciento.

Contar con una mayoría absoluta, más el servilismo de los entonces diputados locales priistas y la cruenta división de los legisladores morenistas, facilitaron la chamba del entonces jefe de la Junta de Coordinación Política del Poder Legislativo estatal.

Ese liderazgo se derrumbó en las urnas del Noveno Distrito de Reynosa el año pasado: Gerardo Peña volvió a su realidad al sufrir un rechazo más en las urnas. Uno de los hombres ‘fuertes’ del cabecismo’ perdía la elección. Cierto, finalmente llegó a la Cámara de Diputados, pero lo hizo por la cómoda vía de la representación proporcional, un colchón que ya anticipaba un resultado adverso.

A diferencia de César Verástegui Ostos, quien siempre se mantuvo en la misma posición durante cinco años, tres meses y una semana, Gerardo Peña estuvo en diferentes cargos (incluyendo, una breve etapa, en un cargo especial en el partido blanquiazul). Ese fue el desarrollo de los dos hombres de mayor confianza -sin considerar a su hermano Ismael- del gobernador. Uno, es el virtual candidato del PAN a la gubernatura. El otro es, desde ayer, nuevo secretario general de gobierno.

Pero… ¿y el resto del gabinete? Muchos de ellos provienen de otras entidades del país y, por tanto, se relegó a los ‘cuadros’ locales. ¿Y el panismo tamaulipeco qué dijo al respecto? Nada. Enmudeció. Guardó silencio ante el poder de un solo hombre.

De hecho, la pregunta es oportuna: ¿Dónde está el panismo estatal? ¿Por qué no crecieron los panistas? ¿No pudieron o no los dejaron crecer? Ambas hipótesis tienen sustento.

Tres de las principales corrientes del panismo tamaulipeco, las tres con sede en la frontera, fueron mal tratadas por los vientos del cambio: los Canturosas, de Nuevo Laredo; la de Maki Ortiz, en Reynosa; y la de Lety Salazar, en Matamoros.
Después de cinco años, los Canturosas recuperaron el poder de Nuevo Laredo con la llegada de Carmen Lilia a través de la Cuarta Transformación. Maki, pese a las constantes embestidas del aparato estatal, mantuvo Reynosa durante esos cinco años y, de paso, con la bandera de Morena, dejó a su hijo Carlos Peña en la alcaldía. Esas rupturas, esas broncas que no se resolvieron con tacto político, tienen hoy al PAN contra las cuerdas y ofrecieron en 2021 un decisivo impulso al movimiento lopezobradorista en tierras tamaulipecas.

Leticia Salazar es la única que se mantiene en el partido blanquiazul… gracias a que César Verástegui Ostos, en una puntual y quirúrgica operación política, la invitó a participar en su proyecto ‘Todos por Tamaulipas’.

Pero… ¿Qué pasó con los panistas tamaulipecos que fueron invitados al gabinete y que, por evidentes limitaciones, no crecieron? ¿Qué sucedió con el paso del joven Héctor Escobar por la Secretaría de Educación? ¡¡¡Nada!!! Le quedó muy grande la responsabilidad. ¿Dónde está el actual secretario de Desarrollo Económico, Carlos García González? ¿Alguien lo ha visto dialogando con los empresarios del sur de la entidad? Si lo ven, notifiquen por redes sociales.

Otro ejemplo: Se sabe que en Tampico despacha un supuesto Secretario de Pesca y Acuacultura, un tal Antonio Garza De Yta, pero su actividad es prácticamente nula. Nada hace. Nada informa. Nada aporta a un gobierno que prometió el viento del cambio.

Pero, volvemos a lo mismo, ¿por qué el cabecismo no le dio oportunidad a los ‘cuadros’ del panismo de las distintas regiones para que un gobierno color azul intenso se consolidara durante el sexenio?

La respuesta se encuentra en ese mal que padecen ciertos liderazgos de la clase política mexicana: la concentración del poder (sí, casi igual que AMLO). Francisco García Cabeza de Vaca concentró el poder absoluto y no permitió que su gente se moviera (salvo en contadas ocasiones). Además, arremetió en contra de quienes, al interior del partido, lo podían desafiar o lo desafiaron. Eso hizo perder votos a Acción Nacional (tema que casi nadie quiere abordar).

Ahora, bajo la presión del reloj político que avanza con celeridad hacia la cita crucial e histórica del 5 de junio y ante la notoria escasez de operadores políticos efectivos, el cabecismo deja en la Secretaría General de Gobierno a uno de los dos únicos personajes en los que puede confiar (el otro será el candidato a la gubernatura), Gerardo Peña Flores, cuyo paso por el servicio público ha sido de constantes altibajos.

Así jugó el cabecismo durante cinco años y tres meses de gobierno. Así le puede ir en el esperado 2022.

Zorrilla finalmente no se amarró con MC

Así es: Andrés Zorrilla, exalcalde de Ciudad Madero, finalmente no llegó a un acuerdo concreto para ayudar a Movimiento Ciudadano en su intento por hacer un buen papel en la contienda electoral por la gubernatura tamaulipeca.

En inicio, todo parecía que pintaba bien para el partido naranja con la suma del ex presidente municipal de la urbe petrolera. Sin embargo, algunos ‘detalles’ impidieron la adhesión definitiva del empresario a favor de la causa de Arturo Diez Gutiérrez como virtual candidato de MC a gobernador del estado.

Se sabe que Andrés Zorrilla continúa su discreta labor política a través de una organización denominada ‘Bloque Madero’… la que está en la mira del PAN estatal… pero para desactivarla… Sí, todo indica que desde algunas oficinas de Ciudad Victoria ya están llamando a algunas lideresas que todavía simpatizan con el exalcalde panista maderense y, de esa forma, desarticular ese grupo. ¿Qué tal?

Y para cerrar

La que fuera la poderosa jefa de la Oficina de la Presidencia en un tramo del sexenio de Felipe Calderón, Patricia Flores Elizondo fue designada precandidata de Movimiento Ciudadano a la gubernatura de Durango.

Ella renunció al PAN justo hace dos días. Ayer recibió su virtual postulación para la competencia electoral del 5 de junio en esas tierras.

Patricia Flores Elizondo, sobrina de Rodolfo ‘El Negro’ Elizondo (secretario de Turismo en el mandato de Vicente Fox), fue tan influyente y poderosa durante el calderonismo hasta que Margarita Zavala le puso un ‘hasta aquí’ a su esposo, el entonces presidente de la república.

Tras el enojo de Margarita (dicen que abandonó la casa), Felipe Calderón relevó del cargo a Patricia Flores.

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