La ética de la 4T y sus limitaciones

El presidente López Obrador presentó el documento. Crédito: Gobierno de México

Disecciones

Opinión por Luis Sáenz

Se sabía desde su concepción que la Guía Ética para la Transformación de México sería polémica. Omitiendo las descalificaciones directas, la mayoría de los análisis críticos han sido sobre su legitimidad: ¿es legítimo que el gobierno federal publique un documento con este perfil?, preguntan. También ha habido análisis sobre su tinte teológico: ¿es el perdón –un valor aparentemente religioso y no ético–, pertinente en un documento gubernamental? Y finalmente, se ha analizado su carácter político: ¿podrá este texto ser usado para denunciar las fallas e incongruencias éticas de la 4T?

Sin embargo, siendo un texto sobre ética, sorprende la ausencia de análisis filosóficos. Esta sorpresa aumenta cuando se recuerda que sus autores llaman, a través de las diversas presentaciones de texto y sus columnas en diversos diarios, a la reflexión y al debate serio y respetuoso de las ideas planteadas en el texto.


A partir de una primera lectura del texto es claro que este se sustenta en las ideas del humanismo. No sólo el texto reflexiona reiteradamente sobre la humanidad y las obligaciones éticas que esta implica, sino que apela a lo que sus autores identifican como tres valores centrales del humanismo: la igualdad, la dignidad y el amor. Una vez esto se ha entendido, la Guía se convierte en un documento central para comprender las políticas y el proyecto nacional de la 4T, así como sus prioridades y aparentes olvidos.

El humanismo de la 4T

Es porque la igualdad es un valor central para la 4T que la actual administración ha puesto un acento tan importante en la política social. A diferencia de las administraciones neoliberales, para las cuales la desigualdad social no es un problema moral, para la 4T la desigualdad social es una preocupación central, y, por lo tanto, su combate es pieza central de su proyecto político.

Para la 4T, la dignidad es un valor central y es el sustento de los Derechos Humanos. Esto explica por qué la 4T es mucho más sensible a las violaciones de ellos que los gobiernos pasados y por qué realiza un esfuerzo para garantizar el cumplimiento de estos derechos.

Por último, el amor como valor explica la nueva política de seguridad y las tácticas de no confrontación violenta con los inconformes y críticos de este gobierno. Para la actual administración los problemas y desacuerdos se deben resolver con amor, “con abrazos, no balazos”.

Este análisis sugiere que los valores propios del humanismo delinean un proyecto nacional mejor que el de los gobiernos pasados. Sin embargo, el humanismo no ofrece el discurso apropiado para que la 4T pueda resolver los problemas del pasado. Para esto se necesita una tradición que vaya más allá de lo humano y recurra a un marco ético más amplio, veamos por qué.

Los límites del humanismo


El humanismo ha sido criticado por filósofos de la talla de Jean Paul Sartre y Michel Foucault; y. uUna de las críticas más importantes a este es que ofrece un marco conceptual muy acotado. El humanismo pone en el centro al humano, lo cual no es erróneo en sí, el problema es que al hacerlo, omite los problemas más importantes de nuestro tiempo.

El cambio climático, la deforestación y la invasión de hábitats son los más importantes problemas que nuestra generación deberá enfrentar. Si no los resolvemos en los próximos años la vida como la conocemos cambiará, para mal, radicalmente.

Sin embargo, para el humanismo estos problemas, al no ser problemas humanos sino “naturales”, son secundarios. Al humanismo estos problemas sólo le importan en tanto afectan a los humanos, lo cual no les concede la importancia que merecen y sólo permite considerarlos cuando ya es demasiado tarde: cuando son tan graves que hasta a los humanos nos afectan.

Para este discurso la destrucción de hábitats no es un problema en sí mismo, sólo lo es si reduce los recursos disponibles para los humanos o afecta desfavorablemente sus condiciones de vida. Análogamente, para el humanismo el cambio climático no es un problema porque provoca una extinción masiva de especies o porque obliga a miles de animales a migrar de sus hábitats o a morir; para el humanismo el cambio climático sólo es un problema cuando y porque afecta a individuos humanos.

Estas limitaciones del discurso humanista son entendibles. El humanismo llegó a su auge en la época moderna, varios siglos antes de que los problemas medioambientales recién mencionados adquirieran la importancia que hoy tienen.

Hoy vivimos, en la pandemia de Covid-19, las consecuencias del menosprecio a la naturaleza. Esta pandemia ha sido consecuencia de la invasión de hábitats y del consumo de animales, ambos problemas menospreciados por el humanismo. Es decir, una política guiada por el humanismo no está interesada en resolver las causas de la pandemia y sólo puede responder ante la pandemia cuando ya es demasiado tarde: cuando ya hay miles de infectados.

El humanismo y sus contradicciones


La ceguera conceptual del humanismo no pasa desapercibida por los autores de la Guía, ellos afirman en su reflexión sobre el amor que hay amor “al medio ambiente y a los organismos con los que compartes el planeta”, pero también mencionan que “el amor al prójimo es la esencial del humanismo”.

Esto nos presenta una tensión en el planteamiento de la ética de la 4T. Si el amor es la esencia del humanismo, entonces el amor es el valor principal que exalta las virtudes propias del ser humano, es decir, sólo se puede amar a otro humano. Pero esto entra en conflicto con la importancia del medio ambiente, la relevancia de los organismo no humanos y el amor que muchos sentimos hacia ambos. Es decir, la Guía quiere hacer compatibles dos posturas incompatibles:

1) Ir más allá de lo humano para considerar y amar al medio ambiente y a los otros seres que nos acompañan en este planeta.

2) Aferrarse a la noción de ‘lo humano’ como el centro de su reflexión.

El resultado de esta tensión es que los animales, las plantas y las cosas no se consideran sino hasta el último apartado de la Guía. El humanismo no ofrece elementos éticos para considerar a los otros seres, por eso en este apéndice la Guía se remite únicamente a recomendar que preservemos la vida y a que procuremos no dañar a la naturaleza.

El texto incluso pone en el mismo nivel las obligaciones éticas que tenemos con los animales a las que tenemos con los objetos inanimados. Éticamente esto resulta inadmisible, las piedras no sufren o sienten, los animales sí; la atmósfera no florece o muere, la naturaleza sí. Este es un error que lamentablemente hereda la Guía de la Cartilla Moral de don Alfonso Reyes, su influencia más directa. Ninguno de los dos textos logra reconocer el papel central que deben tener los otros seres vivos en la ética.

Los límites del proyecto de la 4T


Esta reflexión sobre el humanismo nos permite explicar algunas de las políticas de la 4T más controvertidas. Es aquí donde el análisis filosófico se vuelca en crítica política. Durante sus presentaciones los autores de la Guía mencionan que la pandemia de covid-19 se les atravesó.

No podrían tener más razón, pero la tienen no sólo porque la pandemia se atravesó en la redacción de la Guía, sino porque también se atravesó en su contenido. El humanismo vuelve ciego al humano frente a la naturaleza, por esto las pandemias, el cambio climático y otros desastres ambientales, le resultan inexplicables y difíciles de resolver.

El énfasis en el humanismo de la 4T nos explica por qué este desdeña la importancia de las energías renovables en la reforma a la industria eléctrica, por qué da marcha atrás en sus compromisos ambientales en la termoeléctrica de Huexca, por qué se menosprecia el daño ambiental que ocasiona el Tren Maya o por qué el proyecto Sembrando Vida tiene serias limitaciones. No es un error que la agenda ambiental no sea una prioridad de este gobierno, sino una consecuencia directa de la ética de este.

Los problemas ambientales amenazan con pronto volverse más graves que los actuales problemas sociales del país. Si la 4T quiere corregir los errores del pasado y superar a las administraciones pasadas, necesita reconsiderar su humanismo y admitir que la naturaleza y los otros animales también merecen ser incluidos sustantivamente en su propuesta ética.

En la literatura filosófica existen diversas propuestas que superan la ceguera humanista, que abrevan de culturas no occidentales y son sensibles a movimientos sociales como el feminista, el antirracista y el ambientalista. Es momento de que quienes vemos en la 4T un proyecto superior al neoliberal, pero somos sensibles a sus limitaciones, comencemos a discutir e impulsar una nueva ética para la 4T.

Luis Sáenz. Filósofo y matemático. Maestro en bioética.

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