¿Ejército de paz?

Ilustración: David Peón

Nexos. Prevención y castigo. Blog sobre la política de seguridad.

Opinión por Alejandro Juárez Ascencio

Un concepto flota entre la clase política mexicana desde hace cincuenta años en relación a las Fuerzas Armadas1: “Ejército de paz”. ¿Se relaciona su uso con la creencia de que emplear a los cuerpos militares es la solución a los problemas de criminalidad? Aunque la idea sea atractiva por la palabra “paz”, es engañosa y perjudicial.

Ilustración: David Peón

Los cuerpos militares no están hechos para generar paz, sino para actuar en conflictos bélicos. Su vínculo con la paz consiste en su capacidad de disuasión frente a otro Estado ante el potencial daño que podrían causarse en caso de guerra. Por tal motivo, el término “Ejército de paz” propicia la confusión de los objetivos y diseños que tienen las FF. AA.

México no ha estado en un escenario de guerra internacional durante décadas, entre otras cosas, por cómo se condujeron los gobiernos mexicanos durante la Guerra Fría —y después de ella— con el uso de la Doctrina Estrada. Para contrastar, la Guerra Fría en Latinoamérica fue brutal. Abundaron las inestabilidades políticas protagonizadas por militares que derrocaron gobiernos, o que perseguían y exterminaban guerrillas.

En ese contexto, México destacó por una mayor estabilidad política en la que sus cuerpos militares eran más institucionales. Sin embargo, aquí también hubo disidencias y guerrillas. Para enfrentarlas, los gobiernos mexicanos, principalmente en los años sesenta y setenta, recurrieron a los militares para perseguirlas y reprimirlas violentamente. Curiosamente, es Luis Echeverría (1970-1976) quien en esos años empieza a asociar la palabra “paz” con las FF. AA.: “Nuestras Fuerzas Armadas han surgido de la entraña de nuestro pueblo que les confía la defensa de nuestras instituciones, la paz interna y la salvaguarda de la soberanía nacional”.2

Su sucesor, José López Portillo (1976-1982), continuó esta narrativa: “Para responder [a] México, […], su Instituto Armado también se transforma. Sus miembros son soldados de la paz…”.3 Por su parte, Miguel de la Madrid (1982-1988) también aportó: “Las Fuerzas Armadas de México son un ejército de paz y de trabajo para el bienestar y tranquilidad de los mexicanos…”.4

Esta visión presidencial de los cuerpos militares también respondía a un escenario internacional en el que continuaba la Guerra Fría. El discurso de “Ejército de paz” embonaba con la Doctrina Estrada, con la que México mantenía un efectivo equilibrio en sus relaciones con Washington, La Habana y Moscú, porque marcaba distancia de conflictos militares y señalaba una diferencia entre los militares mexicanos y los latinoamericanos.

Con Carlos Salinas (1988-1994) el escenario empezó a cambiar. Hubo una pausa en asociar a las Fuerzas Armadas con la paz, y se reconoció su participación contra el narcotráfico: “El compromiso permanente de México en la lucha contra el narcotráfico encontró un eficaz brazo de combate en las Fuerzas Armadas”.5 También fue el primero en referirse a la intervención del Estado contra el narcotráfico como “guerra”: “México promueve la discusión de este problema [el narcotráfico] en foros mundiales para que, en la cooperación respetuosa, avancemos en esta guerra común”.6

Ernesto Zedillo (1994-2000) reincorporó la vinculación de la paz con los cuerpos militares en su Plan Nacional de Desarrollo, posiblemente por el movimiento zapatista en Chiapas: “La vocación por la paz y el servicio permanente que prestan las Fuerzas Armadas a la población han sido notas singulares que engrandecen a México”.7 Con Vicente Fox (2000-2006), resalta que en su Plan Nacional de Desarrollo se valoró expresamente “la opinión de la población civil”8 respecto de las FF. AA. como un factor a considerar en la evaluación de sus resultados. Esto influyó en el crecimiento de los aparatos de comunicación castrenses que continuaron por la línea del discurso creado desde el sexenio de Echeverría.

La decisión de Felipe Calderón (2006-2012) de enviar a los cuerpos militares a combatir a organizaciones delictivas traería consecuencias desastrosas, pero una parte de la población la aprobó debido a que la narrativa que las asociaba con la paz había funcionado por mucho tiempo; además, se explotó la desconfianza hacia las policías civiles. Enrique Peña Nieto (2012-2018) habló menos del combate al narcotráfico9 y acentuó los discursos sociales que siguieron reforzando la imagen pacificadora de las instituciones militares.

López Obrador retomó la frase “Ejército de paz” involucrando a las Fuerzas Armadas regulares y a la Guardia Nacional. Este longevo discurso alcanza niveles insospechados, al punto de que una parte de la población apoyaría un gobierno militar. El descrédito de las corporaciones de seguridad civiles y la premisa de la incorruptibilidad militar contribuyeron al éxito de esta narrativa.

Que la clase política continúe recurriendo a los cuerpos militares para responder a los problemas de criminalidad se vincula indudablemente a la presencia histórica de esta narrativa. Aquí se presentaron algunos fragmentos representativos de este ideario político que desvirtúa y confunde las funciones constitucionales de estas instituciones. Al parecer, el poder político no sabe qué son o para qué sirven nuestras Fuerzas Armadas, lo que ha provocado su desgaste.

La violencia y el deterioro institucional afectan a todo México y sólo se detendrán cuando se acepte que la estrategia de estos tres sexenios ha sido errónea. Para atenderla necesitamos policías civiles profesionales y equipadas, procuración de justicia efectiva, y que nuestras Fuerzas Armadas regresen progresivamente a sus tareas constitucionales. Esa es la verdadera ruta para conseguir la paz que anhelamos.

Alejandro Juárez Ascencio. Sirvió en la Secretaría de Marina-Armada de México como Teniente de Corbeta. Actualmente está en uso de licencia ilimitada y estudia el Doctorado en Historia Aplicada en el CIDE. El contenido de este artículo no representa la postura de las instituciones mencionadas.

1.- Fuerzas Armadas comprende a la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), conformada por el Ejército Mexicano y la Fuerza Aérea Mexicana, y la Secretaría de Marina-Armada de México (Semar). En México ha existido una confusión permanente entre Ejército (Sedena) y Marina (Semar). Ambas son secretarías de Estado separadas e independientes entre sí, pero a su vez dependientes del Ejecutivo Federal. No obstante, durante mucho tiempo comúnmente se le había llamado “Ejército” a la totalidad de las Fuerzas Armadas, sin distinción entre instituciones. En los últimos años se ha conseguido una diferenciación entre ambas; sin embargo este error aún persiste en varios sectores, incluso el académico.

2.- Secretaría de Marina, Ideario Marítimo del C. Presidente de la República Lic. Luis Echeverría Álvarez (Secretaría de Marina. Volumen I 1969-1970. México 1971), 9.

3.- Secretaría de Programación y Presupuesto, Filosofía Política de José López Portillo 1980 (Secretaría de Programación y Presupuesto. Dirección General de Documentación y Análisis. México. 1980), 107.

4.- Miguel De la Madrid, La política de la renovación (México, Editorial Diana. 1988), 101.

5.- Tercer Informe de Gobierno, Diario de los Debates de la Cámara de Diputados del Congreso de los Estados Unidos Mexicanos. Año I.- periodo ordinario LV Legislatura. Núm. 2 viernes 1° de noviembre de 1991.

6.- Quinto Informe de Gobierno, Diario de los Debates de la Cámara de Diputados del Congreso de los Estados Unidos Mexicanos. Año III.- periodo ordinario LV Legislatura, Núm. 2 lunes 1° de noviembre de 1993.

7.- Diario Oficial de la Federación, “Plan Nacional de Desarrollo 1995-2000,” Diario Oficial de la Federación, 15. Nótese que se retomó el discurso de adjudicarles el concepto “paz” que utilizaron Luis Echeverría, José López Portillo y Miguel de la Madrid, principalmente.

8.- Diario Oficial de la Federación, “Plan Nacional de Desarrollo 2001-2006,” Diario Oficial de la Federación, 131.

9.- Véase: Alejandro Hope, “Menos ruido, misma furia”, Nexos, 1 de julio de 2013
Peniley Ramírez, “Cambios para el silencio”, Reporte Índigo, 7 de marzo de 2013

Deja un comentario

Related Posts
A %d blogueros les gusta esto: