‘Cuando me lo entreguen y lo sepulte terminará mi duelo’: el duro proceso de identificación de desaparecidos

Por Alberto Pradilla / Animal Político

Alfredo Ezequiel Santos Ayala tenía 25 años cuando desapareció. Dos hombres armados entraron en su casa el 26 de septiembre de 2019 en Tlajomulco, Jalisco. Meses después, en febrero de 2020, su madre, Guadalupe Ayala, recibió la peor noticia: los forenses habían descubierto que uno de los restos hallados en una fosa clandestina en El Mirador correspondía a su hijo. Ella, que había comenzado a buscar desde el primer momento en el que tuvo noticias del secuestro de su hijo, inició entonces una nueva lucha: recuperar todo su cuerpo y tener la certeza de que lo que le entregaban las autoridades correspondía a su hijo.

“Cuando me dijeron que habían encontrado un resto, era una mano. Pensé que a lo mejor se la habían mochado y estaba vivo. A los pasos de los días encontraron su torso”, explica Ayala, en entrevista con Animal Político. Fue entonces cuando supo con certeza que su hijo estaba muerto. Era marzo de 2020 y, desde entonces, todavía no ha podido darle sepultura. “Voy a seguir hasta que salga todo. Sé que está ahí porque faltan partes por procesar”, dice.

El 30 de agosto se conmemoró el Día Internacional contra la Desaparición Forzosa. En México se realizaron diversos actos de protesta organizados por familiares de víctimas. Según la Comisión Nacional de Búsqueda (CNB), 82 mil 567 personas están desaparecidas en el país, la mayoría desde 2006, cuando Felipe Calderón inició la denominada “guerra contra el narcotráfico” de la que ahora se cumplen 15 años. El lunes se hizo público el equipo coordinador del Mecanismo Extraordinario de Identificación Forense, una herramienta que deberá servir para que los más de 50 mil cuerpos que se guardan en fosas comunes y otros depósitos institucionales puedan ser identificados por sus familiares.

Guadalupe Ayala es de las personas que ha logrado saber qué ocurrió con su hijo. Según la CNB, solo 8 mil 862 personas fueron encontradas sin vida. El proceso para los familiares no es fácil, tampoco para Guadalupe Ayala. Quienes mataron a Ezequiel no se contentaron con arrebatarle la vida. También le cortaron las extremidades y lo enterraron desmembrado. Así que el proceso de identificación ha sido tortuoso para la mujer. Ahora, según explica, le falta un antebrazo para poder tener el cuerpo completo y darle sepultura. Habla con amargura sobre la fiscalía de la que apenas recibe información. Fue gracias al colectivo Familias Unidas por Nuestros Desaparecidos Jalisco (FUNDEJ) que logró conocer el proceso y presionar a las autoridades.

“Todo está en el Semefo, pero estas partes acaban de procesarse, tienen 4 meses. Ahorita ya van muchos cuerpos armados”, explica Ayala.

Ser madre de un desaparecido obliga a muchas mujeres a convertirse en detectives, forenses, investigadoras. Cuenta Ayala que ella estuvo cuando se descubrió el predio en el que luego encontrarían los restos de su hijo. Que tuvo una corazonada. Que en el interior del Semefo fue contando, uno a uno, los cráneos que habían encontrado: 104, una de las mayores fosas aparecidas en Jalisco, el estado con mayor número de desaparecidos, más de 13 mil.

“Es una situación muy difícil, pero ni siquiera psicólogo he necesitado. A lo mejor ya cuando lo sepulte y me lo entreguen… creo que ahí termina mi duelo”, dice. “Pero todas las noches pienso en cuál fue su muerte”, explica.

Las penurias sufridas por esta mujer valiente no son una excepción. De hecho, ni siquiera existe un protocolo sobre cómo informar a las familias y cómo acompañarlas durante el proceso de identificación. Fundar y otros colectivos que apoyan a víctimas presentaron en junio un documento en el que tratan de incluir recomendaciones para las autoridades.

Humberto Guerrero, integrante de Fundar, explica algunas de las malas prácticas que cometen las fiscalías: por ejemplo, entregar el cuerpo sin dar explicaciones ni atender a las preguntas que puedan tener las familias. “Esto puede generar dudas”, dice Guerrero. En segundo lugar, en casos en los que puede haber tejido vivo, no permitir que las familias vean el cuerpo “alegando que puede ser muy impactante”. Por último, “comúnmente las fiscalías entregan los restos en condiciones indignas, como en bolsas negras de basura”.

En los últimos meses, las organizaciones mantuvieron encuentros con la Fiscalía General de la República (FGR) y otras instituciones para proponerles incluir los pasos del protocolo. Por el momento no hay acuerdos aunque Guerrero confió en que la aplicación del mecanismo extraordinario de identificación sirva para mejorar las prácticas.

Margarita Michelle Quevedo Orozco conoce bien estas omisiones por parte de la fiscalía. Su hermano Gerson, de 19 años, fue secuestrado en Medellín, Veracruz, en 2014. En el mismo momento fue asesinado Allan, de 15, al intentar salvar a su hermano. Tres años después, las autoridades les dicen que habían encontrado unos restos pertenecientes a su hermano. Pero ellos no se fiaban. Así que su madre pidió una opinión independiente. No fue hasta que intervino el Equipo Argentino de Antropología Forense que se convenció.

“Pedimos unos peritos independientes por la desconfianza que hay hacia el Estado. Nos ha tocado hablar con personas que han recibido unos restos y más adelante no eran, les entregaron los equivocados. Otras que, al parecer, su cuerpo estaba en alguna fosa, luego van a exhumar no están. Son tantas historias de terror”, dice.

En su caso hubo tantas deficiencias que llegó un momento en el que el informe aseguraba que su hermano tenía dos cráneos.

El dictamen de los antropólogos argentinos sirvió para dar tranquilidad a la familia. Pero Quevedo Orozco sabe que no todos han tenido la fortuna de contar con ese apoyo. “DE mi hermano nos entregaron un cráneo, un pedazo de fémur y un pedacito del huesito del pie. Eso fue todo. No hubo más. Hay muchas familias que no aceptan estos restos y piden que se entregue a su familiar completo. Lo entendemos y lo respetamos”, afirma.

“A nosotros si nos los entregan en una cajita. Pero, ¿cuántas veces ocurre en Veracruz que te entregan los restos en una bolsa de basura? ¿En serio? Es tan denigrante que no entra en la cabeza”, lamenta.

Encontrar los restos son solo parte del proceso de luto para estas familias. Dice la joven que a ella le ayudó ayudar a otras víctimas y colaborar en las búsquedas, para sentirse cerca de otras persona que estaban sufriendo como ella. Ahora, aunque más alejada, asegura que espera que su reclamos sirvan para que otras familias no pasen por el calvario al que las instituciones le sometieron durante el proceso de identificación.

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