El tesoro: comunalidad

Foto: mediatecaguerrero.gob.mx

Tatyi savi

Por Kau Sirenio

En San Martín, municipio de Quechultenango, Guerrero, hombres y mujeres acompañados de músicos bailan alrededor de las ollas de pozoles. Unos llevan cubetas de acero inoxidables llenas de pozole, otros cargan con botellas de mezcal y un solitario pasea una alcancía que a la vez sirve de sonaja.

Esta fiesta se hace en febrero, aunque puede que se traslade al mes de mayo, pero la fiesta patronal es inamovible. Cuando termina el rito comunitario todos comen pozole, beben refresco, otros mezcal y tequila, mientras escuchan la música de viento.

La peculiar noche del Tesoro en San Martín se hace cuando hay cambio de la nueva mayordomía patronal de San Martín Obispo que se celebra cada 11 de noviembre. El tradicional recorrido por las principales calles de la comunidad no se sujeta a una sola fecha, hay veces que se cambia, aunque la costumbre era el segundo domingo del carnaval.

La fiesta tiene raíces indígenas a pesar que los pobladores buscan ligarlo al catolicismo para huir de sus pasados nahuas. En este lugar, los adultos mayores hablan el náhuatl.

Después de que todos bailaron al compás de la banda comunitaria de la comunidad, las diez vueltas en torno a los bidones de pozole el diputado primero toma el camino para recorrer San Martín.

La caravana la encabezan chavos y chavas que avanzan con el grito de e-a e-a e-a, le siguen los diputados con las cubetas de pozole, luego mujeres que alumbran las calles con sus velas y los músicos. Así zapatean hasta llegar a la iglesia, para depositar ahí el pozole y las morrallas de la alcancía; después retoman el mismo ritmo hasta llegar a la casa del mayordomo saliente donde dejan la otra cubeta de pozole.

Al amanecer se reúnen en la casa del mayordomo saliente para ir a la misa y de ahí llevar la imagen de San Martín Obispo al domicilio del nuevo mayordomo, acompañados de la danza de los Manueles, Moros, Los Diablos negros y rojos y la banda comunitaria.

Mientras que, en la cocina, los “Diputados” corren de un lado a otro con su charola en mano para llevar las cazuelitas de pozoles a los comensales; las mujeres pican cebollas, otras cortan limones y sirven condimentos a los platos que sus maridos llevan a las mesas de los invitados.

Antes, la mayordomía se apoyaba con 12 familias, ahora son 11 familias que se les conoce como “diputados”; hay diputado primero y diputado segundo.

De acuerdo con la organización comunitaria de San Martín, cuando había un nuevo interesado en ser mayordomo, éste acudía a la comisaría a ofrecer su servicio, después de que el comisario haya platicado con los concejales comunitarios él y el mayordomo solicitante acuden al domicilio del mayordomo que tiene la imagen de San Martín Obispo o saliente para comunicarle que se va renovar la mayordomía.

Ese mismo día se proponen a las personas que serán los nuevos diputados, para esto se nombran 12. El diputado primero será el coordinador general de los trabajos para la fiesta. El diputado segundo asumirá la coordinación cuando el primero esté indispuesto para hacer su trabajo. La indisponibilidad podría ser a causa de una enfermedad o asunto personal que se trate de urgencia, no se puede sustituir a causa de ingesta excesiva de alcohol.

Los diputados son electos por el mayordomo entrante, antes nombraban a 12 personas y su familia para organizar la fiesta. Acompañados de sus esposas e hijos, los diputados trabajan durante la noche de Tesoro y en la feria anual el 11 de noviembre.

La función de los diputados es ir por la leña para la cocina, matar puercos, reses, conseguir ollas o bidones para el pozole, las cazuelitas y apaxtli (cazuela con pata) y las cucharas. Además de atender a los invitados que llegan a San Martín.

A pesar de que ya no hablan la lengua materna, aún conservan su organización comunitaria expresada en la comunalidad de cada uno de los habitantes y que les permite mantener la unidad en el sistema de cargos.

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