Autoridades sabían de secuestros de transportistas en carretera Monterrey-Nuevo Laredo desde hace dos años

Foto: Cuartoscuro

Por Alberto Pradilla / Animal Político

Alfredo Martínez Sánchez, de 34 años, desapareció en Nuevo Laredo, Tamaulipas, la noche del 17 de enero de 2020. Trabajaba como operador de tráiler en la empresa Transportes Brenda, había entregado la caja con la carga y al día siguiente debía dirigirse a Monterrey, Nuevo León. A las 8 llamó a su esposa, Greta Martínez, y habló con ella durante 20 minutos. Habitualmente, cuando viajaba a la ciudad fronteriza acudía a un bazar de productos de segunda mano llegados desde Estados Unidos. Así que le dijo que iba a sacar dinero y le mandaba fotos de la ropa que encontrase para que ella eligiese la que más le gustaba. Nunca llegaron aquellas imágenes.

“Esa es la última vez que hablé con él”, dice Martínez, en entrevista con Animal Político. Durante varios días trató de contactar con su esposo pero el teléfono estaba apagado. Su última conexión de WhatsApp fue a las 21.45 horas. No le dio importancia ya que Martínez Sánchez llevaba semanas con el celular estropeado y pensó que, simplemente, se habría descompuesto por completo. Todo era muy confuso. El sábado, apenas 12 horas después de la desaparición, le hablaron desde la empresa y le aseguraron que el transportista se había quedado dormido, pero que estaba localizado. Era mentira. Al día siguiente, después de mucho presionar, le reconocieron que el vehículo apareció abandonado en el segundo anillo periférico de Nuevo Laredo, que sus cosas estaban intactas, pero que no había rastro de su marido. Dos años y medio después de aquel fatídico viaje, Martínez Sánchez sigue desaparecido.

El caso de este operador de camión no es el único. La Comisión Nacional de Búsqueda reconoció a Animal Político que existen al menos 70 expedientes por desapariciones desde octubre de 2020 en la ruta de Monterrey a Nuevo Laredo y que el 80% son hombres que manejaban algún transporte. Sin embargo, colectivos de búsqueda aseguran que son más de 100 las personas no localizadas y que los casos se conocen desde hace más de dos años.

Familiares de las víctimas se coordinan desde hace un año a través de la página de Facebook “Operadores desaparecidos en Nuevo Laredo”, que reúne a los allegados de 30 transportistas desaparecidos. Animal Político habló con varias de sus integrantes para conocer su historia. No son un colectivo como tal, ya que cada familia es originaria de un estado, desde Chiapas hasta Tamaulipas. De hecho, muchas ni siquiera se conocen personalmente ya que su comunicación es a través de internet. Sin embargo, se han convertido en el apoyo a distancia de compañeras que sufren el mismo problema: la desaparición de sus seres queridos cuando transitaban por la ruta fronteriza.

La mayoría de los casos cuentan con un patrón similar: se trata de hombres que manejaban un tráiler cuando fueron secuestrados. Los vehículos fueron abandonados con su carga y las pertenencias del piloto. Las empresas no aportaron información a los familiares y tampoco les ofrecieron apoyo cuando se confirmó la desaparición. Simplemente, se desentendieron.

Ante la desidia de las autoridades y los escasos éxitos en las localizaciones, los afectados se unieron en esta plataforma, así como en otros colectivos como “Todos somos uno: desaparecidos en Nuevo Laredo”.

Desde mediados de mayo la presión de colectivos de Nuevo León sirvió para que las autoridades reconociesen que las desapariciones en la carretera fronteriza se habían multiplicado. A pesar de que los secuestros y las desapariciones se repiten en esta carretera, fue hasta junio que el gobierno de Nuevo León anunció que reforzaría la vigilancia por tierra y aire. Es decir, que pese a que se conocía que esta era una ruta peligrosa para los operadores no se puso ningún mecanismo de protección ni se desplegaron operativos policiales especiales para evitar los secuestros. De hecho ni siquiera se realizaron alertas especiales a la población, lo que contrasta, por ejemplo, con la posición del gobierno de Estados Unidos, que tiene catalogada la ruta como peligrosa y que incluso pone condiciones a sus funcionarios para transitarla.

Cuenta Martinez que tras la desaparición de su esposo se pusieron en marcha desde Toluca, Estado de México, hasta Nuevo Laredo. La víspera se dirigieron a la empresa pero no les dejaron entrar en la oficina. “Solo me decían que el carro se estuvo moviendo en la noche y que se había abandonado”, explica. La versión de la compañía empezaba a hacer aguas. “Dicen que los traileros se drogan, que toman, que llevan mujeres. Eso me dijeron a mí”, dice. “Salimos a las 11 de la noche y llegamos a las 11 de la mañana a Nuevo Laredo. Ni siquiera nos mostraron la bitácora. Se levantó la denuncia y nos tuvimos que quedar para dar las muestras de ADN. Se escucha que Laredo es un municipio peligroso por la cuestión de los cárteles. Diosito nos cuidó, porque corrimos el riesgo de que nos levantaran también”, añade.

Las redes sociales se convirtieron en un altavoz para tratar de dar publicidad al caso. En México hay más de 89 mil desaparecidos, según datos de la Comisión Nacional de Búsqueda. De ellos, más de 10 mil son buscados en Tamaulipas, el segundo estado con mayor número de personas no localizadas tras Jalisco, que tiene más de 13 mil. Para muchas de estas familias los colectivos, hombres y mujeres en su misma situación, suponen casi el único apoyo. Para esta mujer la esperanza le llegó un día a través de un mensaje en el messenger. Se trataba de Nancy Aurora Hernández, pareja de Benjamín Mendoza, de 37 años y chofer de autobús. Estaba en la misma situación y quería unir fuerzas.

El 15 de diciembre de 2019, Mendoza fue capturado junto a su ayudante y la jefa de la empresa turística que había rentado el vehículo. Salieron un día antes de Tapachula, Chiapas, para trasladar a unos 60 migrantes procedentes de la República Democrática del Congo. Algunos iban a quedarse en Nuevo Laredo, otros en Ciudad Acuña, Coahuila, y el resto en Tijuana, Baja California. No pasaron de la primera parada. Un grupo de hombres armados secuestró a los tres mexicanos al frente del autobús y dejó abandonados a los migrantes. En aquel momento eran habituales estos viajes. Después de meses atrapados en Tapachula, la población originaria de diversos países africanos que querían llegar a Estados Unidos recibieron documentación mexicana que aprovecharon para viajar a la frontera de forma legal.

En un primer momento eran cuatro: Greta, Nancy, Perla y Brenda, también en búsqueda. Se dieron cuenta de que sus historias eran muy similares, que las penurias que sufrían las hermanaban y que juntas podían darse el apoyo que las autoridades no les brindaban. “No vuelves a dormir bien, no vuelves a comer, tienes altibajos y se ve afectada tu salud emocional”, explicó Martínez. Ella se acuerda todos los días de que Alfredo le acababa de dar su anillo de compromiso y se le escapan algunas lágrimas cuando piensa en los proyectos que tenían juntos. Le duele el pasado, el presente y un futuro que ya no comparten. “Es muy doloroso. Todo el mundo te dice que ya no busques, que lo superes, pero no se puede. Hay veces que quiero abandonar, pero no puedo”, explica.

Desde entonces la comunidad de buscadoras de operadores no ha dejado de crecer, porque los casos siguen repitiéndose. Ahí está, por ejemplo, Eduardo Vázquez, que está tras la pista de su padre, Eulalio Vázquez Rodríguez, de 52 años, y su hermano, Cesar Daniel Vázquez Rangel, de 29. La última comunicación que tuvo con ellos fue el pasado 30 de marzo. Los dos salieron hacia Nuevo Laredo en un trailer ya que el hijo quería aprender la profesión del padre. El 1 de abril era su cumpleaños pero ese día ya no se conectaron. Recibieron groserías por parte de la representante de Recursos Humanos de Raga Exprés, la empresa para la que trabajaban y sufrieron intentos de extorsión tras publicar su número de teléfono por si alguien tenía pistas.

A Felipe Otilio Robles, a punto de cumplir los 50 años, lo desaparecieron cuando acababa de entregar una carga de tubos de plástico en Nuevo Laredo. Apareció el camión intacto en un basurero, no habían robado nada. José Omar Villareal Sánchez tenía 25 años de experiencia como conductor y desapareció el 21 de mayo de 2019. El GPS lo ubica por última vez junto a un puente en la entrada de Nuevo Laredo. En la empresa aseguran que se paró para comprar un refresco, pero su familia no se lo cree: el lugar en el que se esfumó es una zona árida sin una sola tienda.

Epifanio Aguilar, que el 12 de mayo cumplió 63 años, pasó la noche con su esposa y se despidió, camino de Nuevo Laredo. El trailer que manejaba ya está en servicio de nuevo pero él nunca apareció y ni siquiera pudo ver qué grabaron las cámaras del vehículo ya que en la empresa le dijeron que no estaban funcionando.

Javier Mauricio Calva González, de 37 años, está sin localizar desde el 1 de abril de este mismo año. Tras una temporada trabajando en EU regresó a México y comenzó a realizar viajes a Nuevo Laredo. Lo desaparecieron en el patio de la empresa para la que trabajaba, TLC, Transporte Logístico de Carga. La empresa le hizo llegar a su esposa sus enseres personales pero nadie se hizo cargo del apoyo económico para sus dos hijos.

Lee más: Van al menos 70 personas desaparecidas en la carretera Monterrey-Nuevo Laredo

En las últimas semanas se han registrado casos de personas que fueron capturadas y posteriormente puestas en libertad. Sin embargo, no quieren dar detalles sobre qué ocurrió porque temen que las personas que los capturaron puedan tomar represalias contra ellos o sus familias. Quienes siguen buscando no escuchan más que hipótesis, pero nadie les ha dicho con certeza quién puede estar detrás de la captura de sus allegados. Nuevo Laredo es un municipio controlado por el Cartel del Noreste, escisión de los Zetas, por lo que se presupone que este grupo debería estar detrás de estos secuestros. Sin embargo nadie lo asegura de forma oficial. Tampoco se sabe por qué algunos son liberados y otros siguen desaparecidos años después.

Hay varias teorías sobre por qué se registran estos secuestros. Se habla de pugnas por el tráfico de migrantes y también de que el grupo criminal local estaría reforzando su control en los accesos a Nuevo Laredo ante el intento de penetración del Cártel Jalisco Nueva Generación. Son explicaciones de trazo grueso que no ayudan a estas familias a saber por qué sus seres queridos se fueron con un tráiler y se los tragó la tierra.

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