La debacle del PRI

El Kiosko

Por Héctor Garcés

¿Quién fue el gran perdedor de la elección del pasado 6 de junio? No hay duda en la respuesta: el Partido Revolucionario Institucional.

De las 15 gubernaturas en disputa, 8 se encontraban en manos del PRI. Y perdió las 8, las perdió todas. Fue una derrota vergonzosa, humillante, estrepitosa. Una auténtica debacle.

Estos 8 gobiernos estatales los perdió en la jornada electoral: Colima, Campeche, Guerrero, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Tlaxcala y Zacatecas.

Tras esta tremenda caída en las urnas, ahora el priismo solo ejerce el poder en 4 entidades: Coahuila, Hidalgo, Oaxaca y Estado de México.

Para tener una idea de la dimensión de lo que representa la serie de derrotas que ha sufrido el partido tricolor en los últimos 6 años, basta una comparación: en 2015, el PRI gobernaba en 19 estados; ahora, después de los resultados del 6 de junio, los priistas solo gobiernan en 4 entidades.

Cierto, el Revolucionario Institucional contará con dos docenas más de diputados federales en el Congreso de San Lázaro tras su alianza con el PAN y el PRD, pero, para colmo, perdió más de 200 presidencias municipales. Eso duele.

En Tamaulipas, el PRI no obtuvo una sola victoria relevante, nunca estuvo en condiciones de pelear las principales ciudades del estado y, finalmente, solo pudo ganar 4 municipios pequeños: Abasolo, Jiménez, Guerrero y Guémez.

Tampoco pudo ganar una sola diputación local y menos una diputación federal. Nada, absolutamente nada se llevó el priismo tamaulipeco en el terreno legislativo.

En ciudades como Tampico y Ciudad Madero el priismo solo contará con un regidor, una cantidad que dibuja la penosa realidad del tricolor en el sur tamaulipeco, territorio que hace años gobernó a sus anchas.

Es evidente que el PRI se ha convertido en un partido pequeño, en un integrante de ‘La Chiquillada’, tal como se le conoce a las organizaciones partidistas que nunca rebasan la cifra de un dígito en los procesos electorales.

Otro dato que revela el empequeñecimiento del Revolucionario Institucional es la cantidad de militantes. La fuga de la militancia ha sido todo un fenómeno político tanto a nivel estatal, como en todo el país.

En 2019, cuando Alejandro Moreno, mejor conocido como ‘Alito’, llegó a la dirigencia nacional, el tricolor contaba con 6 millones 764 mil militantes. Dos años después, justo a la mitad de 2021, el priismo solo con un millón 398 mil militantes. Es notorio que la fuga de priistas sigue y, muy posiblemente, continuará.

En Tamaulipas fue muy visible la salida de priistas a partir de que el partido perdió la gubernatura ante el PAN en 2016. Luego, muchos militantes del priismo optaron por incorporarse a Morena cuando observaron la creciente posibilidad de que Andrés Manuel López Obrador ganara la presidencia de la república en 2018.

Después de que el Revolucionario Institucional fuera invencible en tierras tamaulipecas durante 86 años, ahora es un partido pequeño y a la deriva, ausente de liderazgos y carente de un discurso de oposición que cuestione con dureza las múltiples debilidades del gobierno estatal panista y los frecuentes desaciertos del gobierno federal morenista.

Los dirigentes del priismo, tanto los estatales como los nacionales, optaron por ser una oposición irrelevante, sin identidad propia. Cierto, el PRI optó por establecer una alianza con el PAN y el PRD en el contexto político nacional, pero ese bloque opositor lo ha desdibujado por completo como partido, como oferta ante el electorado.

A nivel estatal, parece que el PRI no tiene otra alternativa que establecer una alianza electoral con el PAN en la contienda por la gubernatura del estado el próximo año. No tiene otra opción para más o menos trascender en el escenario político tamaulipeco. Es la única salida: ser un apéndice, un pequeño órgano más de Acción Nacional.

Atrás, muy atrás quedaron los tiempos de gloria del Revolucionario Institucional, los años en que la maquinaria del ‘partidazo’ aplastaba a todos sus contrincantes, las elecciones en las que se llevaba ‘carro completo’.

Esos tiempos forman parte de la nostalgia priista, corresponden a la época jurásica de un partido que se negó a renovarse, que nunca quiso escuchar a los ciudadanos, que se alejó de las clases medias y que no entendió la llegada de una nueva época, en donde la pluralidad es el factor determinante y el cambio es la única constante.

La senadora Covarrubias pide la desaparición de poderes en Tamaulipas
Tal como se esperaba, la senadora Lupita Covarrubias Cervantes pidió un periodo extraordinario en la Cámara Alta para abordar la desaparición de poderes en Tamaulipas.

Esta es la reacción de los morenistas ante lo que consideran un exceso del Congreso del Estado al aprobar tres leyes con las que tratan de proteger a toda costa el fuero o inmunidad política del gobernador Francisco García Cabeza de Vaca ante una nueva y probable ofensiva jurídica de la Fiscalía General de la República y de la Cámara de Diputados.

La maestra Lupita Covarrubias comentó que sabe que la desaparición de poderes no es lo ideal, pero dijo que se vio obligada a proceder de esa forma una vez que el pleno de la Suprema Corte no se ha pronunciado sobre el desafuero del gobernador de Tamaulipas.

Y para cerrar…
Por cierto, Francisco García Cabeza de Vaca sostuvo una reunión con empresarios en Ciudad Madero y, como siempre, lo hizo acompañado de su primer círculo, sin invitar a nadie más.

A su lado, estuvieron el senador Ismael García Cabeza de Vaca y el secretario general de gobierno, César Verástegui Ostos. También anduvo por ahí un secretario, un integrante del gabinete.

Ese es parte del problema de fondo del estilo de gobernar del ‘cabecismo’: reuniones de unos cuantos, convocatorias cerradas, todo en un círculo pequeño.

Así fue y así les fue…

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