Para vivir migramos

Foto: Kau Sirenio

Por Kau Sirenio

En los campos agrícolas de San Quintín trabajan campesinos provenientes de los estados de Guerrero, Oaxaca, Chiapas, Veracruz y Chiapas. Unos fueron desplazados por violencia en su lugar de origen, otros tuvieron que salir de su comunidad para sobrevivir.

La historia de desplazamiento que comparten los jornaleros es la misma. Los de Chilapa de Álvarez, Guerrero, migraron porque la zona de la Montaña baja es inhabitable, a parte de la pobreza extrema en ese municipio, también campea la violencia de civiles armados que se pasean a sus anchas sin que hasta ahora el Estado haya intervenido para sofocar la violencia.

Mientras que los jornaleros de los municipios de Cochoapa el Grande y Metlatonoc han vivido en condiciones paupérrimas casi toda la vida de esta región. Para ellos trabajar en los campos agrícolas es recobrar la vida porque en sus comunidades difícilmente podría tener un ingreso semanal.

Hasta ahora, sin embargo, no ha logrado ponerse a salvo, porque en sus comunidades no tienen tierra de cultivo, las pocas hectáreas que poseen no sirven para producir el maíz, al menos que cambien el tipo de siembra, pero esto requiere de más inversión para conseguirlo. Es por eso que deciden migrar para sobrevivir, aunque las empresas agrícolas los exploten.

Los problemas que enfrentan los campesinos no son de ahora, surgieron en los años setenta, cuando el gobierno de Luis Echeverría Álvarez militarizó la sierra de Guerrero para quitarle base social a los maestros normalistas Genaro Vázquez Rojas y Lucio Cabañas y así detener el movimiento guerrillero en esa zona.

El Ejército mexicano y la policía política de la Dirección Federal de Seguridad (DFS) desaparecieron a más de 500 personas que simpatizaban con la lucha armada de Genaro y Lucio. A partir de ahí empezó el desplazamiento forzado en las comunidades rurales.

La presión del Estado y la pobreza obligó a los campesinos migrar a las grandes urbes como Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey. Otros buscaron suerte en los campos agrícolas de Estados Unidos. Cuando se creía que se había acabado con el cacicazgo, surgió otra ola de violencia más sangrienta en los últimos 15 años.

Los campesinos de la Sierra y Montaña de Guerrero se fueron a los campos agrícolas de Baja California Sur, Baja California, Sonora, Sinaloa, Chihuahua, Jalisco, Nayarit y Michoacán, donde viven en peores condiciones de explotación.

El éxodo de la montaña a los campos agrícolas continúa y no hay política pública que ayude a contener esta movilidad social que se ha desbordado. La gobernadora electa, Evelyn Salgado Pineda, tendrá que generar condiciones para que los campesinos desplazados puedan regresar a sus comunidades.

Mientras que a las organizaciones de derechos humanos les corresponden visibilizar las condiciones de explotación en que trabajan los jornaleros agrícolas: como horas de trabajo extenuantes, bajo salario, acoso sexual en contra de las mujeres.

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