«La suave patria» en la tierra de López Velarde

Por José Ignacio De Alba / Pie de Página

Fotos: Gobierno de México y José Ignacio de Alba

Jerez, Zacatecas.- El día que se cumplieron 100 años de la muerte de Ramón López Velarde, llovió como pocas veces en este sitio semidesértico del país. Algunos coterráneos del escritor recordaron que un clima parecido fue el que enfermó mortalmente al poeta. Velarde asistió a una función de teatro y después de caminar bajo un chaparrón torrencial contrajo neumonía y pleuresía fatales. El 19 de junio de 1921 murió a los 33 años en su casa, en la calle Álvaro Obregón de la Ciudad de México.

En su último mes de vida el poeta se dedicó a trabajar, sin saberlo, en el que lo convertiría en el “poeta nacional”; «La suave patria», uno de los poemas más insignes de México, para muchos un segundo himno nacional. Cien años después López Velarde sigue causando un revuelo extraordinario. En Jerez, un poblado ranchero del norte de México, hubo varias festividades durante el mes de junio.

El momento que causó más expectativa en este sitio golpeado por la sequía extrema y por los enfrentamientos entre carteles del narcotráfico fue la visita del presidente Andrés Manuel López Obrador, junto con una serie de invitados especiales. El mandatario solo asistió a la escuela Primaria Ramón López Velarde, amparado bajo un toldo abombado por las cataratas de agua.

“Ramón López Velarde es un grande, no sólo por su poesía, sino también porque en su escasa vida pública se adhirió con convicción y fervor al movimiento democrático encabezado por Francisco I. Madero”.

Siempre se ha dicho que López Velarde participó en la redacción del Plan de San Luis (1910), la publicación que dio inicio a la Revolución Mexicana. El poeta participó en periódicos liberales, como el Diario de Zacatecas. Velarde fue un maderista devoto, en una carta escribió: “no estaremos viviendo en una república de ángeles, pero estamos viviendo como hombres, y esta es la deuda que nunca le pagaremos a Madero”.

Después de la muerte de Madero, en 1913, el poeta se mantuvo fiel a la causa liberal, hasta morir en la austeridad. Este domingo, el presidente López Obrador aprovechó la ocasión para azuzar a intelectuales adversarios a su gobierno:

“Muchos en el mundo de las letras sostienen que no debe vincularse a los quehaceres intelectual y artístico con la política. Aunque quienes así piensan casi siempre pertenecen al agrupamiento conservador, se refugian de esa manera en una pretendida objetividad, en la moderación del supuesto apartidismo o tratan de engañar, afirmando que son independientes y apolíticos, cuando en realidad dicha postura es una forma fingida de tomar partido”.

Al final de su discurso, el presidente exclamó: “¡Que viva Ramón López Velarde! ¡Que viva Jerez! ¡Que viva Zacatecas! ¡Que viva la poesía! ¡Viva México!”.

Para los presentes, que batallaron para mantenerse a salvo de la lluvia, ésta es la primera vez en varios sexenios que un mandatario de México celebra a un poeta. La secretaria de cultura, Alejandra Frausto, enfatizó que la lucha política —la llamada Cuarta Transformación— también es una batalla cultural:

“Ahora la cultura es un eje de transformación y no un elegante accesorio para unos cuantos, es uno de los caminos para encontrar la igualdad y la justicia, la paz y la armonía, es una fuerza poderosa para recuperar la diamantina y diversa patria”.

La pasión poética-política pareció no ser compartida por todo el estrado de somnolientos funcionarios que asistieron al evento. Los secretarios de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard; de la Defensa Nacional, Luis Crescencio Sandoval; Secretaría de Marina, José Rafel Ojeda; Secretaría de Gobernación, Olga Sánchez Cordero. Se mantuvieron imperturbables por la lectura de «La suave patria», el frío chaparrón los hizo acurrucarse en sus sillas.

Para este evento histórico el invitado especial fue el director del Instituto Cervantes, Luis García Montero. El también poeta se puso muy “4T”: “La cultura democrática invita a que las instituciones no se olviden de la vida cotidiana de la gente para que el orden oficial no quede separado de la realidad”.

Pero esta celebración oficial estuvo lejos de lo que pasaba en las calles de Jerez, donde se celebraba al hijo predilecto de estas tierras. El evento del presidente y los secretarios de Estado fue cerrado. Apenas a la prensa se le dejó entrar, la lluvia espantó a los curiosos y a la gente que traía peticiones para los funcionarios llegados desde la capital.


La religión fue una aspecto importante en la obra de Ramón López Velarde, aún muerto se le hacen homenajes en la Parroquia de la Inmaculada Concepción donde fue bautizado.

A primera hora del sábado un grupo en extremo reservado abrió los eventos conmemorativos por la muerte del poeta, nadie ha estudiado a profundidad la relación entre López Velarde y la masonería. ¿La razón? No existe… Pero para este grupo de masones es obvia. El número tres siempre está reservado para las cuestiones de ocultismo. Así que para los masones de Jerez hay una serie de destacadas coincidencias: López Velarde nació en la casa #33 de la Calle De la Parroquia; además «La suave patria» tiene 33 estrofas; además Velarde murió a los 33 años; la mamá del poeta se llamaba Trinidad; también el papá llevaba el nombre de Trinidad; además asistió al seminario tridentino de Zacatecas (el rector del semanario también se llamaba Trinidad). Todos estos treses y trinidadades provocaron que Velarde sea considerado un masón por los masones.

Este grupo de ocultistas de Jerez arribó a la casa-museo de López Velarde para rendir un breve homenaje, además regalaron un retrato del poeta. Horas después varios grupos culturales organizaron una lectura colectiva de «La suave patria», también hubo algunos aficionados que se conectaron por videollamada para seguir desde otros estados la declamación de este cuasi himno.

Lo que sí no es ningún secreto es la religiosidad provincial de López Velarde, sus paisanos le organizaron una misa a las once de la mañana, a la que llevaron un enorme busto para hacerlo presente. Para muchos el poema “El campanero” hasta fue pretexto: “y si vives aún cuando su mano me de la Muerte, campanero hermano, haz doblar por mi ánima tus bronces”. El presidente municipal de Jerez, Antonio Aceves, asistió a la misa. El obispo Sigifredo Noriega se tomó la libertad de decir que Velarde era un buen poeta pero que “la verdadera palabra es la de Dios”.

La misa estuvo abarrotada y congregó a todo tipo de jerezanos, sobre todo a políticos y funcionarios del gobierno municipal. ¿Por qué López Velarde es importante? Se le pregunta a un funcionario “porque genera las conversaciones más interesantes”.

Diversos grupos culturales rinden homenaje a Ramón López Velarde en el Jardín Principal de Jerez, Zacatecas. Durante cien años el poeta ha logrado congregar a sus seguidores.

Desde hace 33 años — y dale con los treses— el grupo llamado “las viudas de López Velarde” festeja en el jardín principal de Jerez un evento donde se dejan 33 rosas, mientras se leen los 33 versos de «La suave patria».

Por varias calles de Jerez hay versos velardeanos inscritos en placas metálicas, López Velarde es un asunto que le incumbe a toda la región. Incluso, una estación de radio del lugar se anuncia “transmitiendo desde la tierra de Ramón López Velarde”. Como decía el escritor Carlos Monsiváis pertenece a la educación sentimental mexicana.

Dolores Quiñones llegó a la casa del poeta a trabajar como encargada del museo por unos días, “pero no sé qué pasó que me cautivó”. Cuarenta años después la mujer sigue atendiendo a las visitas que llegan al lugar. Con los años, se cambió los apellidos a Dolores de López de Velarde. La gente que vive en Jerez la toma como la esposa del poeta, lo dicen en broma pero ella se lo toma en serio: “Yo siento que López Velarde me acompaña siempre”.

Dolores de López Velarde se sabe al derecho y al revés la vida del poeta, también todos los amores que trajinó el escritor. Ella misma se toma como una de sus musas, a la menor provocación la mujer recita su poema favorito:

“Fuensanta:

dame todas las lágrimas del mar.

Mis ojos están secos y yo sufro

unas inmensas ganas de llorar.

Yo no sé si estoy triste por el alma

de mis fieles difuntos

o porque nuestros mustios corazones

nunca estarán sobre la tierra juntos”.





Postal del homenaje.

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