Infancias en confinamiento

Temas como la deserción escolar, el trabajo infantil y el incremento de la violencia contra niñas, niños y adolescentes han pasado casi inadvertidos en la agenda mediática durante la pandemia. Foto: Unicef

“El niño es un ser que nace libre, y poco a poco es domesticado a través del miedo. La palabra que más escucha, es el NO”.
Claudio Naranjo

Por María Teresa Juárez

Hace unos días, un niño que vive en el edificio contiguo gritó: “¡¡¡Hola!!! ¿Hay alguien ahí o todos están muertos? ¡¡No quiero hacer la tarea!!”. Esta frase me provocó una mezcla entre ternura y tristeza. Cuando salí a ver de dónde salía esa vocecilla punzante, ya no estaba.

Me habría gustado decirle que compartía su curiosidad por saber quiénes seguíamos vivos, gritar que yo también hacía esfuerzos por concentrarme para trabajar. Quería salir a tomar el sol, probar un delicioso helado de chocolate y echarme a descansar en el pasto del pequeño jardín donde vivo. De pronto viajé en el tiempo hace cuarenta años: inquieta, ansiosa, desconcentrada, con hartas ganas de salir a jugar y olvidarme de los deberes.

Recordé la niña que fui, y pensé en todas las niñas y niños en confinamiento: sentí tristeza y una gran necesidad de preguntarnos por la responsabilidad colectiva de sus cuidados durante este doloroso y prolongado confinamiento.

Niñas y niños: los más afectados durante la pandemia al igual que las personas de la tercera edad. Han sucedido muchos cambios, transformaciones radicales en el entorno social y familiar. En particular, la vida de menores de 17 años ha dado un vuelco.

De un día para otro fueron confinados dejando toda una vida de experiencias en su entorno escolar, con amigas, amigos… su mundo entero.

Confinados, lastimados, incomunicados… quienes han tenido suerte de no desertar de la educación básica sufren con las clases a distancia, sin amigos, sin un patio donde jugar, sin contacto físico, tan importante durante los primeros años.

Uno de los enormes desafíos de este año es la atención a la salud emocional de todas las personas. Temas de salud como la ansiedad, la depresión e incluso el suicidio se han agravado.

La educación virtual, las dificultades financieras, el teletrabajo y el lidiar con la enfermedad y la muerte pueden hacer que la vida se sienta como una pesada carga que no tiene fin. El aislamiento ha afectado a personas de todas las edades.

En este punto: niñas, niños y adolescentes han vivido momentos difíciles para sobrellevar el confinamiento. Temas como la deserción escolar, el trabajo infantil y el incremento de la violencia contra niñas, niños y adolescentes han pasado casi inadvertidos en la agenda mediática. Y para las infancias que de por sí vivían en situación de calle, esta situación se ha agravado en todo el mundo.

A puerta cerrada, en el entorno familiar, millones de niñas, niños y adolescentes conviven en entornos violentos.

UNICEF revela que: “Durante la crisis de la enfermedad por coronavirus (covid-19), factores como las limitaciones de la actividad económica, el cierre de las escuelas, el acceso reducido a los servicios de salud y el distanciamiento físico pueden incrementar la vulnerabilidad y exposición en la infancia y adolescencia a la violencia y otras vulneraciones a los derechos de niñas, niños y adolescentes”.

Aspectos tan importantes como la salud mental, la alimentación, la educación y los cuidados forman parte este mundo casi imperceptible para muchos. El Instituto de Investigaciones para el Desarrollo con Equidad de la Universidad Iberoamericana (EQUIDE) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) presentaron un informe sobre la situación de la infancia en México. La ENCOVID19 Infancia es una encuesta con representatividad nacional que mensualmente recaba datos a través de llamadas telefónicas a los hogares mexicanos.

El estudio reveló que el 35 por ciento de los hogares con niñas, niños o adolescentes reportan que uno o más de sus integrantes perdió su empleo o fuente de ingresos. Lo cual ha tenido un impacto en la vida de las familias y en particular de los menores en temas como acceso a salud, condiciones para el aprendizaje en casa y alimentación, entre los más importantes.

Ansiedad, depresión y tristeza en menores de 17 años
Durante el último año en 3 de cada diez hogares: niñas, niños y adolescentes presentaron casos severos de ansiedad y depresión.

Actualmente, los hogares con niñas, niños y adolescentes enfrentan mayores dificultades en comparación con otros tipos de hogares, lo cual tiene un fuerte impacto en su vida cotidiana como: acceso a la salud, educación, alimentación y condiciones generales de bienestar.

Uno de los datos más relevantes de este estudio es que esta inestabilidad económica ha tenido consecuencias colaterales en cuanto a nutrición, educación y violencia.

No tenemos que ser madres o padres para interesarnos en niñas, niños y adolescentes. Es un tema de responsabilidad colectiva y de políticas públicas…También de ternura y de cuidados.

Porque al final de cuentas, nos hemos sentido en orfandad durante esta pandemia, sabemos lo que es lidiar con decisiones que otros han tomado por nosotros, igualito que millones de infantes, esperando el día que vuelvan a liberarles para jugar, reír, aprender, caer y volverse a levantar. Hoy en su día, abrazos y ternura.

Entre mis recuerdos:

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