Defensoras y defensores de derechos humanos bajo ataque

Opinión por Michael W. Chamberlin

México es uno de los países más peligrosos para la defensa de los derechos humanos, de acuerdo con el Análisis Global 2020 de Front Line Defenders. Con 331 asesinatos de defensoras (44) y defensores (287) en el mundo en 2020 según el registro de esta organización, México obtuvo el tercer lugar junto con Honduras con 20 cada uno, después de Filipinas con 25 y Colombia con 177 (este caso se cuece aparte). El 86% de los asesinatos de personas defensoras registrados por esta organización (284) ocurrieron en el continente americano, la región con el mayor número de democracias. 

Las defensoras y defensores de derechos humanos son el termómetro más sensible de la democracia, decía Mary Robinson, ex presidenta de Irlanda y ex Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos. Esto es así porque su voz señala cuando los derechos humanos no se están cumpliendo, al mismo tiempo que miden el nivel de tolerancia y respuesta de las autoridades a la denuncia y a quien las hace.

A los asesinatos se suman ataques físicos, detenciones y arrestos, acoso de diferente índole, acciones legales y campañas de desprestigio, entre los más frecuentes. Un informe elaborado por el Espacio OSC, el Centro para la Justicia y el Derechos Internacional (CEJIL por sus siglas en inglés) y la Red Nacional de Derechos Humanos “Todos los derechos para todas y todos”, señala que plena pandemia, entre enero y junio de 2020 se registraron 266 agresiones a personas defensoras y 42 a colectivos, de las cuales 49% fueron contra defensoras y 37% contra mujeres periodistas y/o colectivas.

Las defensoras y los defensores de derechos humanos son definidos por Naciones Unidas como aquellas personas que, individualmente o junto con otras, se esfuerzan en promover o proteger esos derechos. No importa su profesión, su trabajo, edad o adscripción, las personas defensoras de derechos humanos se definen por lo que hacen y porque lo hacen de manera pacífica, es decir, defienden o promueven los derechos humanos, respetando a la vez los derechos humanos de todas y todos. El reconocimiento formal de Naciones Unidas a las personas defensoras de derechos humanos tiene apenas 22 años, pero han existido siempre. ¿Dónde estaban las defensoras y defensores antes de marzo de 1999? Se les llamaban luchadores sociales y hoy, en muchos lados, es un sinónimo.

El Mecanismo de Protección a Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas del gobierno federal contaba al 31 de diciembre de 2020 con 1,342 personas beneficiarias de medidas de protección, entre las cuales se encontraban 611 mujeres y 731 hombres, de las que 912 son personas defensoras de derechos humanos y 430 personas periodistas, y 93 colectivos.

Las personas defensoras de derechos humanos son constructoras de paz porque creen que sólo en un contexto de igualdad y respeto a la diversidad y de libertad, es posible construirla. Muchos de ellas contribuyen con propuestas para mejorar políticas públicas y la legislación para armonizar y hace posible el ejercicio de los derechos humanos.

Según un recuento de la ONU, en 2019 hubo 20 asesinatos en contra de defensores de derechos humanos en México, la mitad de ellos vinculados a la defensa del medio ambiente. La Red Nacional de Derechos Humanos “Todos los derechos para todas y todos”, por su parte, documentó 45 asesinatos de personas defensoras de derechos humanos entre 2019 y 2020 en México, de los cuales 19 estaban vinculados a la defensa del medio ambiente y 17 a derechos comunitarios, incluidos dos comunicadores comunitarios. Es decir, de los 45 asesinados entre 2019 y 2020, 36 de ellos estaban vinculados a la defensa del medio ambiente y de derechos comunitarios. Esta tendencia está en consonancia con los datos globales de Front Line Defenders arriba citados, que señalan que el 68% de los asesinatos ocurridos en el mundo en 2020, fueron en contra de personas defensoras de derechos indígenas, de derecho a la tierra y al medio ambiente.

Las personas defensoras de derechos humanos son ante todo contrapesos al poder, señalan cuando hay excesos o se pisa a los más débiles con la única arma que tienen en su voz y quizá su pluma. Es quizá por eso que les atacan.

Detrás de cada ataque a un defensor o una defensora hay un motivo político y personas que se ven favorecidas por el abuso y la opacidad. De allí que las personas defensoras estorben y sufran campañas de desprestigio o se les quiera infringir miedo para hacer su labor o de plano se les elimine. Pero, aunque se asesine a una defensora o a un defensor el abuso continúa, y mientras el poder sea desigual y el abuso persista, siempre habrá una nueva defensora o un nuevo defensor que alce la voz y tome la estafeta.

En tiempos de profundización de la militarización, de violencia e impunidad, de corrupción y de ataques a las instituciones democráticas, de feminicidios, ejecuciones y desapariciones, de proyectos a gran escala que afectan el medio ambiente y atropellan los derechos de comunidades, algunas de ellas desplazadas de manera forzada; en tiempos de ataques a periodistas, de la posverdad, del olvido y la desmemoria, las personas defensoras de derechos humanos son más que necesarias.



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